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Curro de A Escusa

Una multitud revive en el Castrove el ancestral rito de la «rapa das bestas»

Este proceder centenario permite desparasitar, curar y cortar las crines de los caballos, además de marcar a los potros nacidos este año

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Manuel Méndez

Manuel Méndez

Poio / Meis

El Curro de A Escusa o de San Ramón, en el Concello de Poio, lindante con el de Meis, es un recinto circular con suelo de tierra donde cada mes de agosto se celebra la Rapa das Bestas, inspirada en un rito ancestral mediante el que desparasitar, curar y cortar las crines de los caballos que se encuentran en régimen de semilibertad en el monte Castrove, además de aprovecharse el momento para marcar a los potros nacidos este mismo año.

Es un encuentro de tintes culturales y turísticos que comenzaba el viernes, que continuaba ayer, con un llamativo y emocionante concurso de «aloitadores», y que alcanzó esta tarde su momento álgido, con la rapa propiamente dicha.

Un acontecimiento social muy esperado, tanto en Poio como en Meis, en el que se dan cita familias enteras que aprovechan para pasar la jornada en el monte, disfrutando del contacto con la naturaleza, de las buenas vistas existentes sobre Pontevedra y de atractivos cercanos como en afamado bosque de secuoyas y el campo de golf.

Fue también, por qué no decirlo, una cita con la historia, de ahí que no quisieran perdérsela cientos de vecinos de las comarcas de Pontevedra y O Salnés que, junto a numerosos turistas, subieron al monte para ver de cerca la lucha de los animales y los «aloitadores» (una veintena) encargados de tumbarlos y marcarlos.

Lo hizo posible la Asociación de Gandeiros do Castrove, que como se avanzaba hace días diseñó un ambicioso programa de actividades en el que no podían faltar fases de la rapa como localizar al ganado que campa a sus anchas por el monte (un centenar de ejemplares), reunirlo en un mismo lugar y bajarlo al Curro de San Ramón, todo ello acompañado de sorteos, una cena de confraternidad, música y una misa solemne.

De este modo, tanto los organizadores como los vecinos y visitantes presentes y los propios «aloitadores», que se enfrentan a los caballos cuerpo a cuerpo, sin cuerdas ni palos, usando solo su fuerza y habilidad para inmovilizarlos, contribuyeron a preservar la tradición centenaria de la rapa.

«Para nosotros la Rapa das Bestas es algo tremendamente importante, y participar en el curro o colaborar para que se siga celebrando, un año tras otro, es algo que hemos heredado de nuestros padres y que queremos legar a nuestros hijos», explica uno de los organizadores.

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