Entrevista | María Luisa Núñez Autora de «Mi momento Eureka con el cáncer»
«Frente al cáncer no se trata de elegir, sino de combinarlo todo»
Desde Londres a Pontevedra y Alemania: María Luisa Núñez plasma en un libro su lucha contra el cáncer de ovario en estadio IV
Una campaña de micromecenazgo busca recaudar fondos para la inmunoterapia personalizada que recibe en Alemania

María Luisa Núñez firma con el apellido de su marido, McGuire, su obra sobre el cáncer. / Rafa Vázquez
María Luisa Núñez Crespo (Ourense, pero con la vida a cuestas entre Madrid, Londres y ahora Pontevedra) conoce bien el ambiente denso de los hospitales. En 2022, su rutina inglesa entre clases de español y unos gemelos de tres años saltó por los aires. Un cáncer de ovario en estadio IV, agazapado tras meses de diagnósticos telefónicos y antibióticos inútiles, le puso un reloj de arena sobre la mesa. No se rindió. Metió su vida, sus gatos y a su familia en un coche, cruzó Europa hasta Galicia buscando el amparo de los suyos y emprendió una odisea médica que ahora relata en el libro Mi momento Eureka con el cáncer. Un viaje en estadio IV por el Reino Unido, España y Alemania, firmado bajo el apellido de su marido, McGuire.
Es fácil imaginar que llegar a las urgencias de un hospital en Bath después de meses tragando antibióticos y escuchar «fase cuatro» es asomarse a un abismo sin red…
Fue un shock absoluto en el que la vida y la muerte se hacen presentes todos los días. Yo no tenía ni idea de lo que era el cáncer; de hecho, pensaba que había veinte fases y no cuatro. Es una ignorancia total en la que vives hasta que te toca. Se diagnostica tardísimo porque no notas nada hasta que ya casi no hay margen. En Inglaterra te tratan por teléfono, te dan antibióticos sin derivarte a un especialista, hasta que no puedes más, te vas a urgencias hinchada, sin encontrarte bien, suplicando un TAC. Y cuando por fin lo ven, es casi demasiado tarde. Todo eso me pilló por sorpresa, con mis gemelos nacidos hacía tres años. Ahí fue cuando convencí a mi marido para vender el piso, meter los trastos en el coche y venirnos a Pontevedra para estar cerca de mi familia.
En el libro habla de un «momento Eureka». Resulta casi provocador asociar un hallazgo luminoso a una enfermedad tan devastadora. ¿Cuál fue exactamente esa epifanía que te hizo cambiar el rumbo de tu tratamiento?
El momento Eureka llegó cuando tuve metástasis en octubre del año pasado. Me di cuenta de que para alargar mi vida y convertir esto en una enfermedad crónica, necesitaba sumarlo todo. La gente a veces le echa piedras a la medicina convencional diciendo que la quimio te mata. Y no. Hay que utilizar la quimioterapia y la inmunoterapia que te ofrecen aquí, en la sanidad pública, y sumarle lo que no tienen, que es lo que yo estoy buscando en Alemania de forma privada. Y a todo eso, añadirle los suplementos y cambios que ayudan a que tu cuerpo acepte esos tratamientos tan duros. Mi momento Eureka fue entender que ante el cáncer no se trata de elegir, sino de combinarlo todo.
Me pilló por sorpresa, con mis gemelos nacidos hacía tres años. Ahí fue cuando convencí a mi marido para vender el piso, meter los trastos en el coche y venirnos a Pontevedra para estar cerca de mi familia
Ese puente aéreo médico entre el Hospital Provincial de Pontevedra y la clínica en Alemania es tu seguro de vida, pero también una sangría económica implacable. ¿Qué encuentras en esas consultas alemanas que justifica gastar los ahorros de toda una vida?
Tras seis meses en Galicia sin tratamiento por una relación tensa inicial con el Provincial —que cuento en el libro sin dar nombres—, me dediqué a investigar cómo parar los marcadores para no morirme. Probé cámaras hiperbáricas, dietas cetogénicas... pero eso no te cura un cáncer avanzado. Busqué en internet y encontré esta clínica en Alemania. Utilizan vacunas personalizadas a partir de tu propia biopsia y un tipo de inmunoterapia que ahora también están empezando a aplicar aquí en Galicia. A día de hoy, combino ambos mundos: en el Provincial me dan quimio y defensas, y en Alemania la inmunoterapia personalizada. Es todo muy agresivo. He tenido trombosis, alergias, infecciones... Pero mis marcadores han bajado de 8.000 el año pasado a 60 la semana pasada. Eso es esperanza. Es ganar tiempo para mi familia.
Exponer el dolor propio en un libro y abrir una campaña para pedir dinero exige tragarse mucho orgullo. Vivimos en una sociedad a la que le incomoda hablar de dinero y de enfermedad a partes iguales.
Es que cada visita a Alemania me costaba al principio entre 20.000 y 30.000 euros. Ahora son unos 10.000 u 11.000 cada tres semanas. Hemos gastado todos los ahorros de mi marido, las pensiones del futuro, todo. He tenido que hacer lo que nunca en la vida pensé que haría: pedir ayuda públicamente. Me daba muchísima vergüenza. Pero cuando piensas que necesitas ese tratamiento para seguir viviendo, la vergüenza salta por la ventana. Ya te da igual todo.
Un «crowdfunding» contra el reloj para comprar tiempo
La cuenta atrás de María Luisa no se mide solo en ciclos de quimioterapia, sino en los euros necesarios para costear el siguiente billete a la esperanza. Tras vaciar las cuentas familiares y comprometer los ahorros de toda una vida, ha puesto en marcha una campaña de micromecenazgo a través de la plataforma GoFundMe. El objetivo es recaudar entre 15.000 y 20.000 euros urgentes que le permitan garantizar la continuidad de la inmunoterapia personalizada que recibe en Alemania y que ha logrado acorralar la enfermedad.
La publicación de su libro en Amazon, disponible tanto en inglés como en español, es otra de las vías con las que intenta financiar este carísimo peaje médico. A través de su perfil de Instagram, actualiza cada paso de su viaje, compartiendo analíticas, recaídas y victorias minúsculas. «A veces la gente piensa que para ayudar en un crowdfunding tiene que poner cien o mil euros, y si no, no lo hacen», explica con pragmatismo. «Pero lo más importante es que, si alguien dona cinco o diez euros y lo comparte, la red crece. Hay gente que no conozco de nada que ha donado, y es una maravilla. Mientras tenga opciones médicas, que las tengo, mi única llamada es pedir ayuda para seguir siendo».
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