Entrevista | Enrique Domínguez Lino Fundador y presidente de la agrupación folclórica Celme
«Es todo un reto y una responsabilidad desfilar en Nueva York»
La agrupación folclórica Celme, entre las entidades de más de 30 países invitadas a participar el próximo 11 de octubre en el Desfile de la Hispanidad en la Quinta Avenida

Enrique Domínguez Lino, fundador y presidente de la agrupación folclórica Celme. / FdV
Hay un abismo sonoro y físico entre la piedra húmeda de nuestras plazas y el asfalto de la Quinta Avenida. El eco de la gaita y el golpe seco de la pandereta nacieron para rebotar en los soportales y colarse entre la niebla, no para competir con el rugido de acero y cristal de Manhattan. Sin embargo, el grupo Celme está a punto de empaquetar esa esencia para cruzar el Atlántico y plantar la tradición gallega en pleno Desfile de la Hispanidad. Para Enrique Domínguez Lino, el reto trasciende el simple pasacalles. Es un ejercicio de afirmación cultural ante la ciudad que todo lo engulle.
Cambiarán las calles de piedra gallegas por el corazón de Manhattan, desfilando el domingo 11 de octubre ante miles de personas. ¿Cómo se gesta y se vive un desembarco de esta magnitud?
La verdad es que todos los componentes estamos muy ilusionados. El Día de la Hispanidad es el 12 de octubre, pero allí se celebra el domingo más próximo con un colorido y un despliegue especial. Hay una comisión nacional que organiza todo y que invita a agrupaciones de más de 30 países. Nosotros fuimos seleccionados para representar a nuestra tierra y desfilaremos por la Quinta Avenida, concretamente entre las calles 46 y 67. Después de 42 años de trayectoria, seguimos ahí, llevando el nombre de Pontevedra y de Galicia a rincones especiales. Además, el año que viene se celebra el Xacobeo y la Xunta aportará una carroza para hacer promoción del Año Santo 2027, así que nosotros estaremos arropando ese momento, mostrando nuestro buen hacer a todo el pueblo neoyorquino y, por supuesto, a la gran cantidad de gallegos que residen allí. A mayores, ofreceremos un espectáculo de hora y media en los centros gallegos.
Mover a 35 personas cruzando el Atlántico con un arsenal de instrumentos y ropajes que son, en muchos casos, piezas de museo, debe ser todo un desafío....
Es un reto, desde luego; fácil no es, es todo un reto y una responsabilidad desfilar en Nueva York. Pero a nivel de grupo estamos muy bien coordinados, nos repartimos las tareas y las responsabilidades. Volamos el día 9 con Iberia y la logística es compleja: tenemos que tratar las fundas de los instrumentos como equipaje frágil y asegurar un vestuario que tiene un coste muy elevado para que no haya ningún problema ni extravío. Son muchas gestiones de golpe, incluyendo sacar el documento ESTA para cada uno de los 35 integrantes para poder entrar en Estados Unidos. Pero lo hacemos con toda la visión y las ganas del mundo.
La Xunta aportará una carroza para hacer promoción del Año Santo 2027, así que nosotros estaremos arropando ese momento, mostrando nuestro buen hacer a todo el pueblo neoyorquino y, por supuesto, a la gran cantidad de gallegos que residen allí
¿Qué indumentarias mostrarán?
Celme tiene una colección impresionante. Llevamos trajes característicos de toda Galicia. Mostraremos el lino blanco de Vilagarcía y de As Mariñas, y piezas de Pontevedra, de Lugo y de Ourense. Destacan especialmente los trajes de faena, que sirven para mostrar el tejido grueso de oveja, confeccionados a mano en su día y con el asesoramiento de artesanos de referencia como Maruxa y Antero, de Ourense. Es una indumentaria que siempre llama la atención, igual que el despliegue musical. Llevamos a ocho cantareiras con panderetas y nuestro grupo instrumental, con seis gaitas, que probablemente dividiremos en dos bloques durante el desfile. Iremos haciendo movimientos tradicionales en marcha y, en ciertos puntos del recorrido, nos podremos detener para hacer algún baile en plena avenida.

Desfile del grupo Celme con sus vistosos trajes tradicionales. / Gustavo Santos
Llevamos trajes característicos de toda Galicia. Mostraremos el lino blanco de Vilagarcía y de As Mariñas, y piezas de Pontevedra, de Lugo y de Ourense. Destacan especialmente los trajes de faena, que sirven para mostrar el tejido grueso de oveja, confeccionados a mano con el asesoramiento de artesanos de referencia
Viendo hoy a familias enteras ensayando, a padres que comparten fila con sus propios hijos, resulta inevitable mirar por el retrovisor. Toda esta maquinaria nació de una forma muy humilde en 1984.
Sí, yo venía de bailar en la Sección Femenina, que era lo único que había antiguamente en Pontevedra. Empecé en la escuela de Cita Noval, con mis hermanos, y cuando cumplimos quince años, Loli Tamames nos llamó para bailar con los mayores. Tras cuatro años allí, la inquietud me pedía más. Decidí anunciar unas clases de baile tradicional los sábados por la mañana para niños de hasta 15 años. Empezaron a llegar niños, y más niños. Había tantas ganas por parte de la gente joven que tuvimos que formar la asociación. Hoy somos como una pequeña familia; muchos llevamos toda la vida juntos. Hay padres que llevan 40 años conmigo y ahora son sus hijos los que están bailando a nuestro lado.
Ese relevo generacional que Celme ha logrado blindar parece una excepción ¿cómo ve la salud del folclore?
Sinceramente, creo que se está olvidando un poquito. El baile y la música tradicional siguen vivos, pero cada vez vemos a más instituciones que retiran su apoyo a los festivales folclóricos y a los eventos de baile tradicional. A esto se suma que la juventud hoy vive otra realidad. Con los sistemas informáticos, las redes sociales o el peso absorbente del fútbol, a la gente le atrae un poco menos nuestro mundo. Es lo que más echo en falta respecto a hace años: el compromiso. Antes bailábamos, ensayábamos y trabajábamos con una entrega rotunda. Hoy, aunque el compromiso de los que están es real, hay menos volumen de jóvenes dispuestos a dedicarle su tiempo a esto. Por suerte, gracias a nuestra escuela y a que los niños de 15 o 16 años van subiendo al grupo titular, en Celme podemos decir que el relevo está garantizado. Pontevedra podrá seguir disfrutando de su cultura durante mucho tiempo.
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