Una tradición perdida
Cuando la Peregrina desafió al vértigo
En las fiestas de 1915, los «escalatorres» hicieron de las torres del santuario pontevedrés un escenario suspendido sobre la ciudad, una tradición de riesgo y espectáculo que años después repetirían personajes como José Puertollano y Manuel Escudero Torres «Barquerito»

Dos «escalatorres» en lo alto de la Peregrina en las fiestas de 1915. / Joaquín Pintos /Museo de Pontevedra
Cada segundo fin de semana de agosto, Pontevedra fija la mirada en el santuario de la Virgen Peregrina, pero en 1915 lo hizo con más atención de lo habitual. Y es que en plena celebración de las fiestas, unos hombres comenzaron a trepar por las torres del templo ante una multitud que seguía desde abajo cada movimiento. Eran los «escalatorres», personajes capaces de hacer de una cornisa, un campanario o una veleta un escenario suspendido sobre la ciudad. A medida que ascendían, sus cuerpos debían de empequeñecerse contra la piedra hasta convertirse casi en siluetas recortadas contra el cielo. Aquel verano, mientras Pontevedra celebraba a su patrona en las calles, parte del espectáculo estaba muchos metros por encima de las cabezas del público.
La de 1915 no fue, además, una imagen aislada en la historia de la Peregrina. El santuario atrajo en diferentes momentos a algunos de aquellos hombres acostumbrados a vivir en las alturas. José Puertollano, uno de los escalatorres más célebres de su tiempo, ascendió a una de sus torres ante un numeroso gentío. Años después, en 1922, fue el pontevedrés Manuel Escudero Torres «Barquerito» quien alcanzó las veletas para instalar el alumbrado eléctrico que debía estrenarse durante las fiestas. Se movía por las cornisas con una tranquilidad que asombraba a quienes lo contemplaban desde la calle, como si entre sus pies y el suelo no mediase el vacío. Y todavía a comienzos de 1931 otro nombre, el del alemán Hermann Becker, quedó unido a la fachada del templo después de escalarla durante su paso por Galicia. Durante unas décadas, la Peregrina fue algo más que uno de los grandes símbolos de Pontevedra, también fue una cima.
Una fotografía tomada por Joaquín Pintos y conservada en el archivo del Museo de Pontevedra protege precisamente ese mundo desaparecido. En ella se ve a los escalatorres encaramados a la iglesia a comienzos del siglo XX, pequeñas figuras humanas sobre una arquitectura que sigue resultando inmediatamente reconocible más de cien años después. La imagen ayuda a entender la fascinación que despertaban aquellas ascensiones en una época en la que el vértigo podía convertirse en entretenimiento. Porque aquellos hombres no eran únicamente acróbatas, muchos habían encontrado una forma de ganarse la vida realizando trabajos que pocos se atrevían a asumir, como colocar cruces, sustituir veletas, reparar pararrayos, arreglar campanarios o instalar luces sin necesidad de levantar costosos andamios. Lo práctico acabó mezclándose con el espectáculo. Una vez arriba podían saludar al público, bailar, cantar o realizar algún equilibrio. El trabajo terminaba, pero la función, en muchas ocasiones, no había hecho más que empezar.

Dos «escalatorres» en lo alto de la Peregrina en las fiestas de 1915. / Joaquín Pintos / Museo de Pontevedra
Barquerito, nacido en Pontevedra y hombre de biografía casi novelesca –fue torero, hojalatero, electricista, inventor y escalatorres–, tenía raíces familiares en Armenteira y estuvo estrechamente vinculado a Poio, donde acabaría siendo enterrado. En 1913 sufrió un accidente en Raxó. Años más tarde, en 1925, otro percance lo sorprendió cuando regresaba del santuario de los Milagros de Amil, en Moraña.
Puertollano, por su parte, alcanzó una fama especial. Recorrió Galicia trepando por torres y edificios y llegó a enfrentarse también a las alturas de la Catedral de Santiago, donde una de sus ascensiones coincidió con una visita de Alfonso XIII. Historias semejantes se repetían por otras ciudades gallegas y alimentaban la leyenda de aquellos «hombres araña» que parecían ignorar una de las reglas más elementales del cuerpo humano, la conveniencia de mantener los pies cerca del suelo.
Otra de sus hazañas tuvo lugar en Caldas de Reis, donde Puertollano protagonizó en 1909 una escena que durante días debió de ocupar las conversaciones de la villa. El encargo consistía en devolver a lo alto de la iglesia de Santo Tomás la pesada cruz que un temporal había derribado años antes. Puertollano acometió la operación sin andamios, mientras los vecinos contemplaban desde abajo cómo el hombre y la cruz avanzaban hacia lo alto de la torre.
Su relación con Caldas no terminó allí. En 1916 volvió a pasar por el municipio y realizó también trabajos en las iglesias de Bemil y Godos, prolongando por estas tierras una profesión que mezclaba destreza, riesgo y cierta capacidad para convertir cualquier reparación en acontecimiento.
Quizá por eso, 111 años después, la imagen de aquellos escalatorres continúa resultando tan extraña como fascinante. La Peregrina sigue ocupando el mismo lugar en el corazón de las fiestas y cada agosto Pontevedra vuelve a mirar hacia ella, aunque ya nadie espera encontrar una figura caminando por una cornisa o aferrada a una de sus torres. Han cambiado los espectáculos, las medidas de seguridad y la forma de trabajar en las alturas, pero quedan las fotografías y las historias, y especialmente aquella escena de 1915 con dos hombres avanzando sobre la piedra, cada vez más pequeños, mientras bajo sus pies Pontevedra celebraba sus fiestas.
Suscríbete para seguir leyendo
- «Acababa consumiendo para soportar el dolor tras las palizas»: una mujer relata en la Audiencia de Pontevedra meses de golpes y control de su expareja
- Defensa ratifica a los afectados la venta de las viviendas militares: «Estamos algo más tranquilos»
- Muere el pintor Celso Varela, una vida dedicada a retratar el paisaje y las gentes de Pontevedra
- La Policía Nacional desmantela una plantación de marihuana en Marín e interviene 45 kilos
- Evacuado en helicóptero tras ser rescatado del agua en Sanxenxo
- El «interés general» impide a Pontevedra cortar el envío de agua a otros municipios
- La hierba de la Pampa está retrocediendo en el Gafos y Vaipolorío llama a una jornada de erradicación voluntaria
- Familias afectadas por la falta de cuidadores en las aulas: «Que esto no le ocurra a ningún niño»