Festa Corsaria
Marín vuelve a navegar hacia 1800
La XV Festa Corsaria convirtió la villa en el escenario de la batalla de Aguete, con Juan Gago de Mendoza, los ingleses y miles de corsarios como protagonistas de una celebración que este año volvió a batir récords

Imagen: Rafa Vázquez / Edición: Eli Regueira
Durante dos días Marín cambió de siglo. Las banderas inglesas volvieron a aparecer entre las calles, los corsarios tomaron las plazas y mesas, tabernas y escaparates se llenaron de telas, madera, redes y viejos aparejos. La XV Festa Corsaria cerró ayer una nueva edición de ese particular viaje a 1800 con el que la villa recuerda uno de los capítulos más célebres de su historia marítima. La celebración había comenzado el viernes con la apertura del Mercado Corsario, la llegada simbólica de los ingleses y los conciertos de Ortiga y Mondra en la plaza de España, pero fue ayer cuando Marín desplegó por completo su ejército de corsarios.
Desde la mañana, el centro urbano se convirtió en un enorme escenario abierto. Las recreaciones de los barcos de Gago de Mendoza y de las tropas inglesas, el «Encontro de Vela Tradicional do 1800» y las demostraciones de antiguos oficios devolvieron a las calles estampas de otro tiempo. Herreros, cesteros, rederos o carpinteros de ribera compartieron espacio con talleres, juegos infantiles, tiro con arco y esgrima, hasta que, al mediodía, llegó uno de los momentos más esperados: el desfile de las embarcaciones y la invasión inglesa. El enemigo había vuelto a desembarcar en Marín, aunque esta vez lo esperaba una villa entera vestida para la ocasión.
La fiesta recupera un episodio ocurrido el 22 de agosto de 1800, cuando el corsario marinense Juan Gago de Mendoza se enfrentó en Aguete a las tropas británicas que pretendían hacerse con la fragata Alcudia y su cargamento de plata, destinado a Pontevedra. Gago de Mendoza, que contaba con autorización de la Corona española para combatir embarcaciones enemigas, logró frustrar el ataque. Más de dos siglos después, aquella batalla sigue encontrando eco cada agosto en las calles de Marín. Con las inevitables licencias de toda recreación popular, la historia ha terminado convertida también en una manera de reivindicar el vínculo de la villa con el mar y con un pasado en el que la ría podía ser, al mismo tiempo, camino, sustento y campo de batalla.

Festa Corsaria, este sábado en Marín. / Rafa Vázquez
Pero si algo explica el crecimiento de la Festa Corsaria no son solo los combates ni los espectáculos, sino la facilidad con la que los propios marinenses se apropian de ella. Ayer volvió a verse especialmente a la hora de comer, cuando las mesas ocuparon buena parte del centro y familias y pandillas hicieron de las calles su particular cubierta de barco.
Este año el Concello recibió 100 solicitudes para instalar mesas, la cifra más alta alcanzada hasta ahora, 68 de particulares y 32 de establecimientos de hostelería. También creció el Concurso de Decoración y Ambientación, con 36 participantes entre vecinos y negocios. El dato pone números a una sensación que se repite edición tras edición: en la Festa Corsaria el público hace tiempo que dejó de limitarse a mirar.
La tarde mantuvo esa mezcla de historia, música y teatro con A Banda de Balbina, exhibiciones de aves y esgrima y la entrega de los premios de ambientación, antes de que la noche devolviese el protagonismo a la vieja batalla. La representación de «O asalto á Alcudia» precedió al desfile corsario y al espectáculo «O Corsario de Marín: Juan Gago de Mendoza», concebido como uno de los actos centrales de esta decimoquinta edición. Los fuegos artificiales iluminaron después la plaza de España y la música de Pablo Grande DJ prolongó la celebración hasta la madrugada, poniendo el cierre a dos jornadas en las que la frontera entre el Marín de ahora y el de hace 226 años volvió a hacerse deliberadamente borrosa.
Los ingleses, como manda la historia, volvieron a encontrarse enfrente con Gago de Mendoza. El desenlace se sabía desde antes de empezar, pero quizá eso sea lo menos importante. Quince ediciones después, la verdadera victoria de la Festa Corsaria está en haber conseguido que una batalla ocurrida frente a Aguete en 1800 abandone por un fin de semana los archivos y vuelva a caminar por las calles.
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