Incendios de 2006
Veinte años de aquel agosto en el que ardió la comarca de Pontevedra
Una oleada de incendios cercó viviendas, arrasó miles de hectáreas y causó dos muertes en agosto de 2006, antes de transformar para siempre el paisaje y la memoria de Pontevedra

Ponte Sampaio fue la parroquia pontevedresa más afectada por el fuego. | GUSTAVO SANTOS
El cielo perdió su color y el verano comenzó a oler a madera quemada. Durante los primeros días de agosto de 2006, una espesa humareda cubrió Pontevedra, las cenizas entraron en las viviendas y las llamas avanzaron por los montes hasta acercarse a carreteras, explotaciones y núcleos habitados. Aquel paisaje gris fue la primera imagen de una oleada de incendios que marcaría para siempre la memoria de la comarca.
La sucesión comenzó durante la noche del 3 al 4 de agosto, con fuegos en Tourón, en Ponte Caldelas, y Seixido, en A Lama. El viernes 4 se abrieron nuevos frentes en Vilaboa, Ponte Sampaio, Santa María de Sacos, O Campo Lameiro y otros puntos de la comarca. En Cerdedo Cotobade, el humo y las llamas obligaron a cortar cuatro kilómetros de la N-541.
Ese mismo día, el incendio dejó su consecuencia más trágica en Pedre. Una mujer de 75 años y su hija, de 50, circulaban por la N-541 cuando el humo les impidió ver la carretera y el coche cayó a una zanja. Ambas salieron del vehículo para tratar de escapar, pero quedaron atrapadas y murieron asfixiadas por el humo.
La emergencia se extendía ya mucho más allá de aquel punto. Una docena de grandes incendios cercaron la capital y pusieron en peligro viviendas de Ponte Sampaio, Ponte Caldelas, Vilaboa, Cotobade, Campo Lameiro y A Lama. En Cobo, Gadaval, Adecuita y Boa Vista, las llamas rodearon grupos de casas y llegaron a alcanzar una nave industrial antes de que vecinos y bomberos consiguieran contenerlas.
El sábado 5, el fuego continuó ganando terreno. En Cerdedo Cotobade avanzó por San Xurxo de Sacos, Parada y Fentáns, rodeó la carballeira de San Xusto y obligó a desalojar la fiesta que se celebraba allí. Mientras tanto, otros frentes seguían activos en Vilaboa, Lérez, Caldas de Reis y Barro, alimentados por el viento y por unas condiciones que dificultaban cualquier intento de control.
El domingo 6, las primeras estimaciones hablaban ya de unas 3.000 hectáreas calcinadas solo en Cerdedo Cotobade. La práctica totalidad de los montes de Santa María de Sacos, Carballedo y Fentáns había quedado arrasada, dos viviendas deshabitadas habían ardido y numerosos núcleos permanecían rodeados por el fuego. La N-541 volvió a cerrarse mientras las llamas reaparecían en zonas que parecían controladas.
La comarca se convirtió en un mapa de carreteras cortadas, viviendas desalojadas y columnas de humo. El fuego llegó hasta Lérez, Xeve y Verducido, amenazó la estación potabilizadora y una instalación eléctrica y avanzó por la ladera de Couso hasta el río. En Campelo, los vecinos talaron árboles para impedir que las llamas alcanzasen sus casas; en otros lugares, las familias sacaban sus enseres por temor a perderlo todo.
Frente a aquel avance, la defensa de las aldeas recayó muchas veces en sus propios habitantes. Las crónicas de esos días retratan a cientos de personas trabajando con cubos, mangueras, ramas y depósitos improvisados, transportando agua en camionetas o formando cadenas humanas. Vecinos que apenas se hablaban durante el resto del año combatían entonces las llamas codo con codo para impedir que llegasen a las casas.
Con el paso de las jornadas, el cansancio se convirtió en indignación. Vecinos y alcaldes denunciaron públicamente la falta de medios, las dificultades para contactar con los responsables de emergencias y la tardanza de algunos refuerzos. José Balseiros, entonces alcalde de Cerdedo, compareció entre lágrimas para relatar la impotencia vivida en Pedre y acusar a los servicios de extinción de falta de coordinación durante las primeras horas.
El fuego no se apagó con el final del fin de semana. El martes 8 todavía avanzaba por lugares como Viascón, donde los vecinos describían las llamas bajando y subiendo por el monte como un volcán. Según el balance, en Cotobade ardieron durante nueve días unas 7.000 de sus 9.000 hectáreas de monte, convirtiendo el territorio en la zona cero de una oleada sin precedentes en Galicia.
Durante la emergencia, las autoridades sostuvieron que la aparición de numerosos focos apuntaba a una actuación intencionada. Sin embargo, aquella sospecha nunca llegó a probarse. Un hombre de la zona fue el único acusado de causar el incendio de Cerdedo, pero terminó absuelto después de que el tribunal no encontrase pruebas ni indicios suficientes contra él. La autoría quedó, por tanto, sin esclarecer judicialmente.
Veinte años después, el paisaje es otro, aunque las fotografías de aquellos días conservan los montes negros y las siluetas de quienes lucharon contra el fuego. En las zonas quemadas se retiró madera en más de 140 hectáreas, se plantaron especies frondosas autóctonas y las comunidades de montes crearon alrededor de cincuenta hectáreas de pastizales. El verde regresó poco a poco, pero no borró aquel agosto en el que, durante días, la comarca vivió bajo un cielo de humo y ceniza.
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