Entrevista | Lara Naveiro Maquilladora
«Tu piel está viviendo, tiene poros, suda; eso significa que está saludable»
«La simetría son los padres, es algo impuesto por unos cánones de belleza un poco absurdos», señala la experta, que impartirá un curso para maquilladores en la UNED

Lara Naveiro maquilla a una novia. / Mikel Aguiar
Lara Naveiro no encaja en el molde prefabricado que la industria de la belleza suele imponer. Su currículum habla de literatura, sintaxis y raíces hundidas en la música tradicional, pero este otoño vuelve a la UNED de Pontevedra tras el éxito de su anterior curso para enseñar a dominar el ahumado perfecto, la simetría de los labios y la teoría del color. Su programa no promete milagros envasados; exige pinceles limpios, maletines a medio llenar y una voluntad clara de desintoxicarse del dictado de las marcas.
Llega a la UNED para enseñar a construir volúmenes y delinear ojos, pero su equipaje vital está lleno de literatura y de acordes de la música tradicional. ¿En qué momento exacto se cruzan la sintaxis y la música con la precisión de los pinceles?
Todo esto fraguó durante mis años de estudiante en Santiago. Mientras cursaba Filología Hispánica me fui aficionando profundamente al maquillaje. La música tradicional, por su parte, ya estaba ahí; ha estado en mi vida desde que tenía tres años y es un legado que nunca dejé atrás. Al final, son mundos que se alimentan entre sí y es algo que a día de hoy compatibilizo al cien por cien.
¿Cómo influye su bagaje al abordar el rostro humano, que muchos consideran un lienzo en blanco?
La verdad es que interpretar el rostro humano como un lienzo en blanco es, para mí, un error de base. Un lienzo es blanco, está vacío, no tiene nada. Un rostro, por el contrario, tiene muchísima información. Pertenece a una persona que ya tiene una idea de sí misma, una imagen propia construida, y que generalmente sabe muy bien lo que quiere. La figura del maquillador, en mi opinión, debería centrarse en averiguar qué es lo que busca esa persona sobre su propio «lienzo» y, simplemente, ejecutarlo. Para mí, una maquilladora es la mano que ejecuta lo que esa persona ya tiene en mente.
Su curso arranca con una declaración de intenciones casi subversiva para la época de consumo feroz que vivimos: enseñar al alumno a desvincularse de las marcas comerciales.
Sí, y para mí esto es fundamental. Estamos constantemente bombardeados por la publicidad, lo cual es normal y lógico porque esa es la función de las marcas y detrás hay muchísima gente profesional haciendo muy bien su trabajo. Pero no podemos caer ciegamente en esto. Tenemos que ser capaces de hacer lo máximo con lo mínimo, y comprender que existen muchísimas alternativas. No necesitamos salir a comprar el último producto lanzado al mercado para poder hacer bien nuestro trabajo. Desvincularse de esa presión comercial es una parte vital de este curso.
No necesitamos salir a comprar el último producto lanzado al mercado para poder hacer bien nuestro trabajo. Desvincularse de esa presión comercial es una parte vital de este curso
Dedica horas de su temario a escarbar en la teoría del color y a buscar el tono exacto de la base de cada alumno. ¿Nos hemos olvidado de mirar nuestro punto de partida antes de abrir el neceser?
El curso está pensado para todos los niveles, desde quienes empiezan hasta quienes buscan reciclarse, y encontrar el tono exacto o dominar la teoría del color es el principio de todo. Ahí radican todas las herramientas que necesitamos para conseguir lo que buscamos. Mucha gente piensa que para maquillarse hacen falta miles de productos, cuando en realidad, dominando las mezclas con los colores primarios, podrías realizar un maquillaje completo. Si controlas esto, se te abre un abanico de posibilidades infinito. A veces, en el día a día, no tenemos el tiempo suficiente para pararnos a hacer mezclas desde cero, pero sí es imprescindible conocer la teoría para ser capaces de modificar o corregir el tono de una base.

Lara Naveiro realiza un maquillaje. / FdV
Hoy los filtros de las redes sociales nos planchan las facciones, borran los poros y nos devuelven una imagen de androides idénticos. ¿Hace falta una reconciliación urgente con la asimetría, con el matiz y con la textura de la piel humana?
Totalmente. Hay que reconciliarse urgentemente con la realidad: la asimetría, los poros... Yo siempre digo, bromeando, que la simetría son los padres. Es algo impuesto por unos cánones de belleza que son un poco absurdos, pero a los que estamos subyugados, intentando siempre ser perfectos, buscando no tener ni un solo poro visible. Fíjate, el otro día una novia me preguntaba muy preocupada: «¿Cómo puedo hacer para que mi piel no transpire, para que no sude?». Y yo le tuve que responder: «Es que solo puedes morirte para que eso pase». Tu piel está viviendo, tiene poros, tiene brillos, suda. Y eso significa que está saludable, que está sana y viva. Es una lucha constante, y los filtros de las redes no hacen más que acentuarla, generando expectativas irreales.
El primer paso innegociable para maquillar a alguien es preguntar, preguntar y preguntar. Saber qué busca y para qué lo busca. Una vez tienes esa información, puedes conseguir el resultado en un solo paso, o quizá necesites tres, cuatro u ocho
En las bases de matrícula pide a los asistentes que lleven su propio neceser, sin importar lo escaso que sea. Frente a los gurús que imponen rutinas de diez pasos innegociables, ¿urge democratizar el maquillaje y demostrar que es más fácil de lo que nos venden?
Hay que democratizarlo, sin duda. No hay una única forma de hacer las cosas. El primer paso innegociable para maquillar a alguien es preguntar, preguntar y preguntar. Saber qué busca y para qué lo busca. Una vez tienes esa información, puedes conseguir el resultado en un solo paso, o quizá necesites tres, cuatro u ocho. No hay una fórmula exacta y universal. Se trata de democratizar el maquillaje para que sea para todos, para que podamos disfrutarlo y no sentirlo como una pesada obligación impuesta cada mañana. Yo misma, como maquilladora profesional, no me maquillo en mi día a día; lo reservo para ocasiones especiales. En casa del herrero, cuchillo de palo.
Todo este trabajo estético empieza y termina sobre la piel. ¿Dónde traza la línea roja de su oficio y cuál es su consejo innegociable respecto al cuidado del rostro?
Es algo que también abarcamos en clase porque, a menudo, se confunde la figura del maquillador con la de una esteticista o, peor aún, con la de un dermatólogo. Mi consejo siempre es que nos cuidemos la piel —la protección solar diaria, la hidratación constante son vitales para la salud—, pero la línea roja es clara: ante cualquier duda, alteración o necesidad específica, hay que acudir a un especialista. Yo siempre derivo a mis novias y clientas a dermatólogos o a centros profesionales de estética porque ahí termina mi campo de conocimiento. La sinceridad con el cliente es la base de todo este proceso.
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