Del tabú a la farmacia natural: el cannabis medicinal conquista Pontevedra
El CBD es un fenómeno en auge para aliviar dolencias y estrés

Gustavo Santos
El cristal del escaparate refleja el tránsito de vecinos y turistas por la rúa Sarmiento, en pleno corazón de piedra de Pontevedra. Al cruzar el umbral de uno de sus más recientes locales, el ambiente cambia de golpe con un arroma terroso y ligeramente dulce que emana de pequeños botes y extractos. Detrás del mostrador no se despachan recetas convencionales, sino una alternativa que ha pasado de ser un tabú esquivo a convertirse en un rotundo fenómeno comercial y social: el cannabis medicinal. Las tiendas de CBD florecen en las calles impulsadas por una sociedad que, sencillamente, está agotada de que le duela el cuerpo y de no lograr conciliar el sueño.
Xenxo observa este cambio de paradigma desde su local, HerbaMeiga. Fue el «pionero en la provincia» en el año 2020, recuerda. Casi seis años después, el boca a boca lo ha motivado a dejar su antiguo refugio de paredes estrechas en la calle Real para mudarse a un espacio mucho más amplio y luminoso. Las cifras de este negocio emergente tienen rostro, oficio y edad. «Al principio creíamos que íbamos a estar bastante limitados, pero el arco es muy amplio. Tenemos clientes de hasta 70 y 75 años», explica.
Quienes cruzan la puerta buscan escapar de los efectos secundarios de la farmacología tradicional. «Principalmente buscan flores y resinas para dolores inflamatorios, problemas musculares, lumbalgias de la edad, o fibromialgia, y también para la ansiedad y para dormir. Quieren quitarse esa parte de la medicina de hospital porque muchas pastillas son bastante agresivas y buscan remedios naturales», detalla Xenxo.
Las cifras de este negocio emergente tienen rostro, oficio y edad. «Al principio creíamos que íbamos a estar bastante limitados, pero el arco es muy amplio. Tenemos clientes de hasta 70 y 75 años», explica Xenxo desde Herba Meiga
A pocas calles de allí, el mostrador de Supermenta CBD recibe cada día el mismo paisaje humano. Sara atiende en este local de la calle Oliva a una clientela hastiada que llega buscando el cannabidiol, la vertiente estrictamente terapéutica y no psicoactiva de la planta. Las gotas sublinguales son el formato rey, pero la industria se ha adaptado a todos los paladares y rutinas. Hay parches, cremas, infusiones, vaporizadores, gominolas, galletas y, ahora también, chicles. «Hay veces que no puedes fumar en ese momento o no te gustan las gotas, y el chicle es una manera estupenda», señala Sara.
Detrás de cada compra suele esconderse una pequeña historia de desesperación clínica. «La demanda es cada vez mayor porque la gente toma tantísima medicación que, o tienen el estómago destrozado, o ya no les hace nada. O toman pastillas de dormir que provocan que no se puedan levantar por la mañana», resume.
No es raro que en época de exámenes la tienda Supermenta CBD reciba a estudiantes buscando gotas para rebajar la tensión
No es raro, cuenta, que en época de exámenes la tienda reciba a estudiantes buscando gotas para rebajar la tensión, o que todavía entre algún despistado creyendo pisar un herbolario tradicional y salga espantado al escuchar la palabra cannabis.

Antonio, responsable de la tienda Supermenta CBD, muestra algunos productos para mascotas. / Gustavo Santos / FDV
Pero el alivio no es exclusivo de los humanos. El negocio recibe un flujo constante de clientes que buscan calmar a los mejores amigos de la casa. Perros mayores con displasia de cadera, canes con ansiedad por separación, animales traumatizados o aquellos que tiemblan de pánico con los petardos de las fiestas. Para ellos, las gotas huelen a jamón o salmón para engañar al paladar. «A los días entran por la puerta y nos dan las gracias porque su perro, que hacía meses que no corría, ahora está corriendo; es una gozada», relata Sara.
El alivio no es exclusivo de los humanos. Estos negocios también reciben a numerosos propietarios de perros y gatos que buscan aliviar dolores o el estrés de sus mascotas
Sin embargo, el éxito de estos negocios, con locales cada vez más atractivos y con grandes cristaleras, ha atraído a un visitante menos deseado. Las tiendas de CBD se han convertido en un caramelo para los ladrones, al ser un producto de «fácil venta y movimiento», como apunta Xenxo. En Supermenta lo saben demasiado bien: han entrado a robar tres veces desde su apertura.
El último asalto dejó en su propietario, Antonio, un hartazgo que va más allá del valor económico de lo sustraído. La escena de aquella noche resume la vulnerabilidad del pequeño comerciante actual. «Acabo de tener un bebé recientemente y estaba con el teléfono en la mano viendo cómo me estaban robando en directo porque me saltó la alarma, teniendo al bebé en brazos», relata el dueño. El instinto superó a la tecnología. Antonio llamó al 091 y se plantó en la tienda antes incluso de que la central de alarmas le notificara la intrusión. Al día siguiente, la persiana bajada, los cristales rotos y el laberinto burocrático con los seguros paralizaron la actividad de un negocio que nació, paradójicamente, para aliviar tensiones.
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