Rafa Domínguez apela al cuidado de los vulnerables y a la defensa del legado cultural en su ofrenda a la Virgen Peregrina
El arzobispo de Santiago preside la misa pontificial en honor a la patrona de la provincia
La conselleira de Vivenda e Planificación de Infraestruturas, María Martínez Allegue, y el presidente de la Diputación, Luis López, entre los asistentes

Rafa Domínguez, este mediodía durante la lectura de la ofrenda. / Gustavo Santos
El bronce de los instrumentos de la Banda de Música de Pontevedra vibrando anunció, al filo de este mediodía, que el reloj de la ciudad acababa de detenerse, para repetir ese instante físico en el que el bullicio festivo de la calle enmudece al cruzar las puertas del santuario de A Peregrina para dar paso a la misa pontifical. Fuera quedó la luz de agosto y el paso acompasado de la Policía Local en su formación de gala; dentro, mandó de nuevo el olor a cera, la penumbra balsámica de la nave con forma de vieira y el eco de los pasos sobre las losas. En esta atmósfera de recogimiento ocuparon sus asientos la conselleira de Vivenda e Planificación de Infraestruturas, María Martínez Allegue; el presidente de la Diputación, Luis López; la diputada Marica Adrio; el delegado territorial de la Xunta, Pablo Fernández; y los regidores de Marín y Cerdedo-Cotobade, María Ramallo y Jorge Cubela.
El arzobispo de Santiago, encargado de presidir el oficio, trazó el mapa espiritual de la jornada. Desde el altar, su voz buscó arrojar un cabo a quienes pelean contra la intemperie del día a día, recordando que, «por fuerte que sean los vientos», Cristo «no abandona ni deja de tender la mano». El maestro de ceremonias también pidió a los bancos repletos seguir la estela de la Virgen, una figura «que nos enseña a escuchar, como Elías, a confiar, como Pedro, y a amar, como san Pedro». Antes de ceder el turno de palabra, dejó en el aire una encomienda directa para la Boa Vila: que la patrona «bendiga a las familias, dé afouteza a las autoridades y ayude a los enfermos y peregrinos».

Saludo del presidente de la Diputación y el arzobispo. / Gustavo Santos
Por su parte, el vicepresidente de la Diputación, Rafa Domínguez, fue el encargado de leer la ofrenda de la provincia. «Un ano máis volvemos onda ti, coa emoción de quen regresa á casa e coa responsabilidade de quen sabe que fala en nome de moita máis xente da que cabe nesta igrexa», arrancó, antes de poner frente al altar el esfuerzo de los «mariñeiros que coñecen como ninguén a forza e a incerteza do mar», el tesón de los agricultores, la resistencia de los ganaderos y el madrugón de quienes levantan la persiana de su negocio a oscuras.
Luego dio un paso a un lado para dejar hablar al médico. Tirando del hilo de su propia memoria en los pasillos de un hospital, recordó que la vulnerabilidad es el único rasero real: «Como médico aprendín unha lección que non esquezo: ante a enfermidade desaparecen as diferenzas que ás veces cremos que nos separan». «A dor iguálanos, pero tamén nos recorda o mellor da condición humana: a xenerosidade, a entrega silenciosa, a capacidade de coidar uns dos outros».

Una escolta de gala de la Policía Local y la Banda de Música acompañaron a las autoridades hasta el santuario. / Gustavo Santos
El vicepresidente provincial recordó que «a grandeza dunha sociedade non depende do triunfo dunha soa persoa: depende de que ninguén quede atrás» y «de que cada persoa vulnerable saiba que non está soa»
En una época marcada por el ruido y la inmediatez vertiginosa, instó a detener el paso y reflexionar sobre la verdadera brújula de nuestro avance. «O progreso non se mide só en cifras, nin depende unicamente da economía ou da tecnoloxía: mídese na capacidade dunha comunidade para coidar das persoas, na atención aos máis vulnerables», advirtió. Su ruego a la patrona fue, en realidad, un toque de atención a las conciencias acomodadas, pidiendo ayuda para «non resignarnos diante da inxustiza nin acostumarnos á indiferenza», y recordando que «a grandeza dunha sociedade non depende do triunfo dunha soa persoa: depende de que ninguén quede atrás» y «de que cada persoa vulnerable saiba que non está soa».

El presidente de la Cofradía de La Peregrina, la conselleira de Vivenda, el presidente de la Diputación y la diputada Maria Adrio. / Gustavo Santos
Y si el cuidado a los más frágiles es el pulso de una sociedad, la cultura es su memoria. El vicepresidente dedicó un tramo de su intervención a reivindicar ese patrimonio inmaterial y físico que vertebra los concellos de la provincia. «Unha sociedade non se define só polo que produce, senón tamén polo que conserva e transmite», reflexionó ante los asistentes. Desde las piedras de «cada igrexa, cada ponte, cada pazo, cada castro» hasta el museo más vanguardista o la tradición popular, Domínguez defendió el legado cultural como «un ben esencial: porque nos ensina a pensar, a preguntarnos, a emocionarnos, a recoñecer a beleza e a comprender mellor a dor allea». Fue una advertencia clara de que «un pobo que esquece a súa memoria arrisca perder tamén parte da súa alma».
Esa misma entrega, la de cuidar a las personas y a su identidad, fue la que exigió a la clase política que lo escuchaba desde la primera fila, cerrando su intervención con una definición implacable del oficio público. «Servir nunca pode ser un privilexio: é unha responsabilidade, unha forma de entender a vida», sentenció. Un recordatorio de que gobernar, en el fondo, «é actuar con honestidade cando resultaría máis doado non facelo».
Suscríbete para seguir leyendo
- La Guardia Civil logra frenar una estafa de 46.300 euros con criptomonedas a un pontevedrés
- Pontevedra contabiliza 6.000 pisos vacíos, el triple de los demandantes de vivienda
- Lores celebra el éxito de la Feira Franca en sus «bodas de plata», que contaron con una asistencia masiva
- Cerveza llegada a través del Lérez
- Una pontevedresa vivió once meses de calvario con su novio hasta que lo denunció
- Así quiere transformar Pontevedra su entrada norte: vivienda, campus y una nueva Avenida de Compostela
- Kinder Bar, la cafetería donde los niños juegan y los padres desconectan
- Alfonso Rueda da la bienvenida al curso desde el colegio marinense en el que estudió: «Volver siempre tiene algo especial»