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Entrevista | Marco Pérez Torero

«La carrera de los toreros implica esa dureza física y psicológica»

El joven torero reaparecerá el próximo domingo en Pontevedra tras la cornada sufrida en Santander, en un festejo del que solo resta el 5% de la entrada para ser vendida el mismo día de la corrida

Marco Pérez, ejerciendo el pasado mes de director de lidia en la becerrada de peñas.

Marco Pérez, ejerciendo el pasado mes de director de lidia en la becerrada de peñas. / Rafa Vázquez

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Apenas dos semanas después de recibir una severa cornada en el muslo derecho en Santander, Marco Pérez ya no piensa en la herida, sino en el viaje. El joven diestro salmantino, llamada ineludible de la tauromaquia contemporánea, apura sus sesiones de rehabilitación con un único objetivo grabado a fuego: vestirse de luces este domingo en el coso de San Roque. Lo hará en un festejo de máxima expectación junto a Alejandro Talavante y Roca Rey, y aunque la venta anticipada ha agotado todas las localidades disponibles, la empresa abrirá taquillas el mismo día 9 para adjudicar el 5% del aforo legalmente reservado para los más rezagados.

¿Cómo se encuentra a tan pocos días del compromiso de Pontevedra?

Bueno, pues bien dentro de lo que ha sido la cornada, que afectó bastante a la extensión muscular del cuádriceps y del aductor. Eso me ha retrasado en plazos, pero voy notando mejoría diaria. Hago rehabilitación en casa y trabajo con el fisio para llegar en las mejores condiciones físicas a reaparecer el 9 de agosto. Sobre todo me siento feliz, animado y con muchas ganas de volver a la plaza, que es donde mejor me encuentro.

¿Con qué sensaciones físicas y mentales sube de nuevo al furgón tras haber perdido compromisos?

Perder corridas en Estella u Olmedo le duele a uno más que la propia cornada, por no corresponder la ilusión de la gente. Tenía una ganas tremenda de estar en Pontevedra después del contacto que tuve con la afición y las peñas el pasado mes en la capea. Por eso he forzado todo: bicicleta estática y ejercicios de fuerza. En lo físico acudiré reduciendo algún movimiento porque los médicos recomendaban esperar más, pero mi ilusión era reaparecer en una feria de tanta categoría. Llegaré a Pontevedra al 100% mentalmente y tal vez al 80% físicamente, pero lo supliré con ganas y entrega.

En Santander la cogida vino al volcarse tras una faena de mucho compromiso. ¿Cómo lo recuerda?

Fue un riesgo que decidí asumir. El toro fue bastante violento durante toda la faena, soltaba mucho la cara por el pitón derecho y tenía poca fijeza. Sabía que me podía derrotar al entrar a matar, pero asumí el riesgo porque había hecho el esfuerzo y la gente de Santander lo merecía. Este tipo de percances no me quitan sitio; al contrario, me dan mayor motivación. La carrera de los toreros implica esa dureza física y psicológica, y estas situaciones te hacen crecer y madurar.

Mi ilusión era reaparecer en una feria de tanta categoría. Llegaré a Pontevedra al 100% mentalmente y tal vez al 80% físicamente, pero lo supliré con ganas y entrega

¿Cambia la forma de mirar al toro tras episodios tan duros?

Cada torero interioriza estos momentos de una forma. En Alicante la cogida me sorprendió en un pase de pecho y al volver notaba cierta inseguridad. Santander ha sido diferente: aunque he tenido que guardar reposo, he estado hiperconectado viendo vídeos y siguiendo la actualidad. Hasta que no te ves vestido de luces no sabes cómo reaccionará la cabeza, pero estos días están siendo bonitos por la evolución y confío en reencontrarme con el triunfo.

¿Pesa mucho tener que revalidar cada tarde la etiqueta de figura del futuro?

Soportar esas expectativas cuesta porque hay que salir a darlo todo independientemente de si es Las Ventas o una plaza de tercera. Pero lejos de asustarme, me motiva. La gente me exige porque sabe lo que puedo ofrecerles. Llevo poco tiempo como matador de toros, me queda todo el camino por recorrer y tengo miles de fallos por delante. Toda esa presión la suplo con entrega y mostrando siempre agradecimiento a una afición que se vuelca contigo.

¿Recuerda su primer capote: una toalla, una servilleta…?

(Sonríe). Cualquier toalla me valía, e incluso ahora lo sigo haciendo. Si veo una toalla en el jardín o la piscina es inevitable cogerla para pegar dos o tres lances. De niño en casa cogía hasta los trapos de la cocina o servilletas, como usted dice. Y me sigue gustando porque te saca de la seriedad del entrenamiento formal; al coger una toalla sueltas las muñecas, juegas con los vuelos y a veces hasta sale algún lance nuevo para llevarlo luego a la plaza.

Soportar esas expectativas cuesta porque hay que salir a darlo todo... Pero lejos de asustarme, me motiva. La gente me exige porque sabe lo que puedo ofrecerles... Toda esa presión la suplo con entrega

Su padre fue novillero. ¿Cómo vivió él su vocación?

Por haber vivido la dureza de la profesión él nunca quiso involucrarme. Pero cuando yo tenía seis años fuimos a un festival taurino y me impactó la figura del torero, aclamado como un héroe. Ahí le dije que quería apuntarme a la Escuela Taurina de Salamanca. Cuando vio que no era un pasatiempo sino afición real, se me entregó por completo y hoy sigue siendo uno de mis grandes pilares.

Cuando se mira al espejo antes de liarse el capote de paseo, ¿cuánto queda de aquel niño?

Creo que queda todo. Lo más bonito es conservar esa inocencia y la ilusión inicial. Al mirar atrás y recordar al niño que jugaba a ocupar este lugar junto a los primeros maestros del escalafón siento orgullo. Sigo teniendo las mismas ganas de superarme cada mañana. Lo fundamental es tener los pies en la tierra, acordarte de por qué luchas y sentirte un privilegiado por vivir el sueño con el que de pequeño soñabas.

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