Descubren en Santa Clara un convento permeable a rutas comerciales, desmontando el mito de la clausura
Más de mil piezas arqueológicas, estructuras medievales o pavimentos históricos emergen en la excavación
Las previsiones más optimistas apuntan a que a finales de 2027 podrían empezar las obras de rehabilitación

Pedro Mina
El sigilo religioso durante más de siete siglos ha dejado paso en el convento de Santa Clara a la tierra removida, la humedad de piedra expuesta tras décadas de penumbra y al trajín pausado de quienes manejan el bisturí sobre la historia. En una de las salas de procesado de material, donde la luz cae sobre decenas de lajas e inventarios, el estudio de las cerámicas marca el ritmo de la mayor intervención arqueológica que afronta Galicia en la actualidad.
Allí, entre piletas de lavado y estantes de secado donde cada fragmento recién extraído recibe su sigla —el número de carné que lo rescata del olvido—, la restauradora jefa Aldara Rico y la especialista en cerámica María Luisa Castro clasifican el pulso cotidiano de un convento que se creía hermético. Lo que está saliendo a la superficie es, en palabras de las expertas, «un libro abierto». Por la mesa pasan lozas de maiolica italiana, producciones portuguesas e inglesas, cerámicas que abarcan desde finales del siglo XV hasta el XIX y hasta porcelanas traídas de China. Se trata de un conjunto heterogéneo que desmonta el mito de la clausura infranqueable: el convento de las clarisas era, en realidad, un nodo permeable, conectado con las rutas comerciales del mundo y por el que pasaba la vida exterior mucho más de lo que la historiografía tradicional presuponía.
Este martes el suelo del cenobio ha vuelto a sentir las pisadas de la gestión pública. El presidente de la Diputación, Luis López, y el vicepresidente y responsable político del Museo, Rafa Domínguez, han recorrido el yacimiento acompañados por los arqueólogos Israel Picón —de la empresa A Citania Arqueoloxía, al frente de las catas— y Rafa Rodríguez, técnico de la institución provincial. La visita ha sido la constatación sobre el terreno de que la prometida transformación del inmueble en la séptima sede del Museo supera definitivamente la fase de los despachos.

En la zona conocida como el Bosque la excavación es enorme, de más de 1.700 metros cuadrados. / Pedro Mina / FDV
Desde el pasado 1 de junio, un equipo multidisciplinar de veinte profesionales —entre arqueólogos, restauradores, auxiliares y especialistas de diversas universidades— trabaja a pie de campo en una intervención de enorme complejidad. La campaña no busca únicamente desenterrar piezas, sino aportar los datos arquitectónicos e históricos definitivos que condicionarán el proyecto arquitectónico de rehabilitación. Rafa Domínguez señaló en este punto que se han identificado «más de mil piezas arqueológicas, estructuras medievales o pavimentos históricos».
Se han identificado lozas de maiolica italiana, producciones portuguesas e inglesas, cerámicas que abarcan desde finales del siglo XV hasta el XIX y hasta porcelanas traídas de China. Un conjunto heterogéneo que desmonta el mito de la clausura infranqueable: el convento de las clarisas era, en realidad, un nodo permeable
Las decisiones sobre el futuro edificio del museo se tomarán en función de lo que se vaya documentando bajo el suelo. Sin poder dar fechas definitivas, Domínguez destacó que «hoy damos un paso crucial en el avance de Santa Clara». Tras el informe arqueológico que volverá al Patrimonio para su visto bueno se solicitará la licencia municipal. Ésta a su vez dará paso a la adjudicación y licitación, según la hoja de ruta que expuso esta mañana el vicepresidente provincial. «Si los tiempos fuesen muy buenos esperaría que a finales del año que viene empezasen las obras», confirmó.
Por su parte, el presidente provincial mostró su satisfacción porque Santa Clara «se está preparando para brillar, el compromiso es real y los avances están ahí».

Enterramientos, muros, pavimentos o cerámicas figuran entre los hallazgos. / Pedro Mina
El recorrido por las obras permite estructurar el trabajo técnico en cuatro sectores clave. En primer lugar, en la zona más occidental —donde se alza el edificio barroco—, las excavaciones han sacado a la luz restos de edificaciones medievales con una rampa de acceso y una portada que sugieren espacios destinados al almacenaje. Se trata de un hallazgo que amplía lo que se intuía en intervenciones previas.
La segunda área abarca la iglesia y el coro bajo. Tras la retirada de las tarimas de madera y el solado lítico que cubría las laudas sepulcrales —ya puestas a resguardo por el equipo de restauración—, se prepara la fase de excavación bajo un espacio donde se sospecha una importante densidad de enterramientos, al menos diez localizados hasta el momento.
Es en el área del bosque —una franja colosal de unos 1.750 metros cuadrados—, donde la arqueología está deparando las mayores sorpresas. En la zona más próxima a la calle Santa Clara han aparecido tres nuevos enterramientos que se suman a los exhumados en 2022
El tercer punto de actuación se sitúa en el ala lateral del claustro, donde también se ha retirado el pavimento de piedra para abordar una docena de enterramientos ya localizados.
Sin embargo, es en el cuarto sector, el área del bosque —una franja colosal de unos 1.750 metros cuadrados—, donde la arqueología está deparando las mayores sorpresas. En la zona más próxima a la calle Santa Clara han aparecido tres nuevos enterramientos que se suman a los exhumados en 2022. Pero el verdadero impacto del trabajo en el bosque radica en el hallazgo de un potente muro medieval de porte muy superior al previsto. Esta estructura perpendicular a la calle Perfecto Feijoo, que choca o se traba con los alzados ya conocidos, insinúa la existencia de un gran patio de época medieval que modifica la concepción espacial que se tenía del convento primitivo.
Se ha localizado un potente muro medieval de porte muy superior al previsto. Esta estructura perpendicular a la calle Perfecto Feijoo, que choca o se traba con los alzados ya conocidos, insinúa la existencia de un gran patio de época medieval que modifica la concepción espacial que se tenía del cenobio primitivo

Trabajos en el claustro. / Pedro Mina
El trabajo actual recoge el testigo de las catas iniciales promovidas en 2022, cuando la excavación confirmó que la iglesia no respondía a una única fase constructiva, sino a dos momentos cronológicos diferenciados, y que el claustro carecía de la típica planta cuadrangular de cuatro crujías, disponiendo únicamente de tres.
A la espera de los informes finales que determinen los ajustes definitivos en el proyecto de ejecución —entre los que ya se contempló modificar la idea inicial de crear un depósito de piezas arqueológicas—, los responsables provinciales confían en que las excavaciones concluyan permitiendo encajar el proyecto definitivo de rehabilitación. Santa Clara ha dejado de ser un plano mudo para convertirse en un yacimiento vivo, un espacio donde la historia medieval aflora a paladas para definir la fisonomía del centro cultural que reabrirá sus puertas a la ciudadanía.
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