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Tarde de puntadas y pícnic

«Vés bordar?», unidas por el hilo

Las amantes del bordado vivieron este jueves una tarde de hilo y aguja acogidas por Maritza Bertolini en la Alameda. Esta experta en la labor imparte talleres y decidió organizar uan reunión libre para que se acercase todo aquel que quisiera o bien iniciarse en el bordado en compañía y compartir un momento social con el hilo en común

Participantes en la ‘quedada’ de bordado

Rafa Vázquez

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Marta Abal

Pontevedra

Más de treinta personas se reunieron bajo el magnolio de los jardines de la Diputación para bordar en compañía. Desde recién iniciadas hasta expertas, las aficionadas al bordado se enseñaron puntadas unas a otras y compartieron sus telas, manteles y prendas decoradas con coloridos hilos.

Dos jóvenes, en plena faena. | RAFA VÁZQUEZ

Dos jóvenes, en plena faena. | RAFA VÁZQUEZ

La ‘quedada’ fue organizada por Maritza Bertolini, una veterana de esta técnica que lleva años impartiendo talleres. Conocedora de la parte terapéutica y social del bordado, decidió crear el evento «Vés bordar?» para que todos los interesados pasaran una tarde entre labores y conversaciones espontáneas.

La actividad se desarrolló en los jardines próximos a la Alameda. | RAFA VÁZQUEZ

La actividad se desarrolló en los jardines próximos a la Alameda. | RAFA VÁZQUEZ

Aunque la mayor parte de las asistentes pasaban de la mediana edad, algunas con una larga trayectoria en bordado, punto de cruz y otras técnicas, también se animaron a pasarse por allí jóvenes alumnas de Bertolini con sus amigas. Iria fue una de ellas. Estudiante de Belas Artes, aprendió a coser a máquina para hacerse arreglos en la ropa y también se lanzó a bordar hace unos meses. Sus amigas, Noa y Laura, vienen también de las artes y de la comunicación audiovisual, respectivamente, y dieron sus primeros pasos: «Llevamos cero días haciendo bordado, aquí la que sabe es Iria. Pero nosotras hacíamoscrochet de antes». Esta otra labor que mencionan se ha puesto muy de moda.

Una verdadera veterana era Laura, otra joven alumna de Maritza que lleva cuatro años refinando su técnica. En el jardín se la vio creando la imagen de tres paisajes celestes sobre un gorro de pescador: «Estoy haciendo aquí un cielo del atardecer, aquí un amanecer... Son para tapar estos logos tan feos».

A su lado estaban siguiendo sus pasos otras dos alumnas, aunque de edad más avanzada. Nieves venía del punto de cruz y, en medio de una conversación incansable con sus compañeras, aprendía puntadas de Laura. Comentaba con Asun, que llevaba desde los nueve años sin hacer bordado, los nombres de sus perros. Por allí se paseaba Merengue,un can anciano que parecía estar esperando a que le cayese algún aperitivo del pícnic que montaron entre todas.

Sus dueñas eran Mónica, pupila de Maritza, y su hija Elena, que aunque no se lanzó a la tela practicó su propio bordado sobre una réplica de silicona de piel humana: «Estudio medicina, entonces por acompañar a mi madre me traje hilo de sutura para practicar las costuras de puntos».

No eran las únicas parejas de madre e hija; otra mujer se llevó a su pequeña, que estuvo encantada de salir en un reportaje para la televisión. A su lado, también fue grabado el mantel lleno de dibujos de diferentes personajes bordados en un original mantel. Gatos de colores, Shin Chan y otras caricaturas quedaron tejidas con mimo en una tela blanca.

Todo esto propició la multitudinaria reunión del «Vés bordar?», una actividad al aire libre que gozó de una tregua del calor y sirvió para conectar intereses, conversaciones, experiencias y recuerdos. Maritza agradeció a todas su presencia y animó a aquellas que contasen con mayor habilidad a ayudar a las que estaban empezando. Comentó que le gustaría volver a repetir este junte y que probablemente sea posible dentro de poco, pues la primera sesión ha demostrado muy buena acogida.

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