«El coso de San Roque fue el modelo del que nacieron las cubiertas de otras plazas de España»
«Los toros son auténticos deportistas de élite que deben rendir al máximo nivel en 30 minutos»
«Donde se abandona el ganado y el sector primario, el monte se descontrola y los fuegos son devastadores»

El ganadero y constructor Pablo del Río. / C. Lozano
El coso de San Roque guarda bajo su cubierta un mar de historias donde la tauromaquia, el campo bravo y la misma edificación convergen de forma singular. Al otro lado del teléfono, Pablo del Río, representante de la célebre ganadería Victoriano del Río y de la constructora familiar, rememora cómo hace 30 años la familia Cortés terminó entrelazando su destino al de la Boa Vila.
– Es la primera vez que abordamos esta doble faceta de su familia, como constructores y como ganaderos. ¿Cómo nació exactamente la relación con la plaza de Pontevedra?
– Nuestra relación con la plaza de Pontevedra empezó cuando la familia Lozano nos llamó para realizar la reforma en los años 95 y 96. En la familia del Río Cortés convivimos con dos ramas: la constructora, con la que llevamos más de 40 años trabajando, y nuestra verdadera vocación, que es la ganadería de bravo que inició mi padre como primera generación. A partir de aquella obra tan bonita, comenzó nuestra vinculación lidiando corridas en esa maravillosa plaza.
– Aquella transformación de la plaza con la instalación de la cubierta fue todo un hito. ¿Cómo se gestó aquel desafío técnico?
– Fue un reto fascinante. Pensar que la plaza tiene 82 metros de punta a punta. La familia Lozano tenía la idea en la cabeza y nosotros, junto al ingeniero de caminos José Romo —una de las mayores autoridades mundiales en cálculo de estructuras—, procedimos a darle forma. Conseguimos hacer esa cubierta tan esbelta y leve, que se integra en la estética de la ría como si fueran las velas de un barco. De hecho, la estructura metálica la ejecutó en Galicia una empresa y las lonas las hizo una firma viguesa que a día de hoy sigue encargándose del mantenimiento anual.
– Tras aquella obra pionera en Pontevedra, ¿sirvió el coso de San Roque como modelo para otras plazas de España?
– Sin duda. La primitiva, de donde nació todo este concepto, fue la plaza de Pontevedra. A partir de ahí se fueron mejorando pequeñas ideas y se ejecutaron soluciones parecidas en otros cosos como León, Aranda de Duero o La Ribera en Logroño.
– Pasando a su vertiente ganadera, la casa Victoriano del Río atraviesa un momento excepcional. ¿Cómo se reseña y se elige una corrida de toros para Pontevedra?
– Con muchísimo cariño. Para Pontevedra se buscan las 'veintenas' de la camada, que es el toro propio de una plaza de segunda: animales armónicos, con su trapío, su longitud de pitón y bien rematados. Son, por así decirlo, los elegidos. Siempre que nos llama la familia Lozano para acudir a Pontevedra vamos como el que lleva a uno de sus hijos. Luego el juego dentro del ruedo dependerá de muchos factores, pero el encierro se embarca con la ilusión de que deje un gran sabor de boca.
– Desde que el toro sale de la dehesa hasta que desembarca en los corrales del coso pontevedrés hay un largo viaje. ¿Cómo se gestiona ese trayecto para que no pierda cualidades?
– Es un trabajo donde la máxima es la tranquilidad. Todo en el campo se hace despacio, sin prisas, para que el animal no sufra ni coja resabios. El objetivo es que llegue a la plaza intacto, sin ningún percance que pueda restarle facultades para el día del festejo.
En España hay más de 500.000 hectáreas dedicadas al ganado vacuno de brava. Son espacios naturales muy cuidados donde convive una biodiversidad inmensa de fauna silvestre porque no se permite la entrada de personas por la propia peligrosidad del toro
– Para Pablo del Río, ¿cuáles son las virtudes irrenunciables que debe tener un toro bravo para salir satisfecho de la plaza?
– Por encima de todo, la bravura. La bravura es un concepto muy particular de cada ganadero, pero es el hilo conductor que transmite emoción al espectador. Ese hilo es el que mantiene en tensión la plaza y conecta al público con el torero a través de la emoción o del arte.
– En las últimas décadas el espectáculo ha cambiado. ¿Cómo se prepara hoy al toro de lidia para responder a las exigencias de las figuras actuales sin perder casta?
– Hoy en día el seguimiento sanitario, de alimentación y de manejo es diario y exigente. Permítame la expresión, pero los toros son auténticos deportistas de élite que deben rendir al máximo nivel en apenas 30 minutos el día elegido. Para ello ejercitan en el campo dos o tres veces por semana. Tienen que estar impecables de salud, con fondo genético y en un estado físico óptimo para que los márgenes de error en la plaza sean mínimos.
– A menudo se desconoce la labor medioambiental de la ganadería de lidia. ¿Qué aporta el toro bravo a la conservación de la naturaleza?
– Es una labor fundamental. En España hay más de 500.000 hectáreas dedicadas al ganado vacuno de brava. Son espacios naturales muy cuidados donde convive una biodiversidad inmensa de fauna silvestre porque no se permite la entrada de personas por la propia peligrosidad del toro. Además, cumplen un papel clave contra los incendios. El pastoreo de las reses mantiene limpios los montes; donde se abandona el sector primario y el ganado, la naturaleza se descontrola y los fuegos se vuelven devastadores.
– ¿Cómo divisa el futuro de la tauromaquia a medio plazo?
– Lo veo con mucha fuerza. Tengo 50 años y observo que la fiesta goza de una gran salud. En los últimos tiempos ha habido un aumento exponencial de nuevos aficionados jóvenes. Paradójicamente, cuando intentas prohibir algo, despiertas la curiosidad de la gente. La juventud se acerca al toro porque descubre que es el único espectáculo donde todo es verdad, donde no hay trampa ni cartón y donde la diferencia entre el triunfo y el percance es real.
– Si al terminar la corrida en Pontevedra tuviera que quedarse con una sola sensación al ver salir al público, ¿cuál sería?
– Me gustaría que la gente saliera con ganas de volver. Con la sensación de haber visto un espectáculo emocionante que les ha llegado al corazón y que les compense regresar. Ese es el motor por el que luchamos todos los días en el campo.
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