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Patrimonio

Del esplendor termal a las ruinas: 120 años del Balneario del Lérez

Casimiro Gómez inauguró en 1906 un complejo que recibió a políticos y aristócratas, exportó sus aguas al extranjero y acabó desapareciendo bajo el crecimiento de Monte Porreiro

Antiguo Balneario del Lérez.

Antiguo Balneario del Lérez. / JOAQUÍN PINTOS / MUSEO DE PONTEVEDRA

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Pontevedra

Entre la vegetación que rodea la senda del Lérez, al pie de Monte Porreiro, todavía sobreviven algunos restos de piedra de un proyecto que aspiró a situar Pontevedra en el mapa del turismo termal internacional. Son las últimas huellas del Balneario del Lérez, un complejo inaugurado el 22 de agosto de 1906 que durante unos años reunió junto al río a políticos, aristócratas, empresarios y veraneantes.

Estado actual de lo que queda del antiguo Balneario del Lérez. | JOAQUÍN PINTOS / MUSEO DE PONTEVEDRA

Estado actual de lo que queda del antiguo Balneario del Lérez. | JOAQUÍN PINTOS / MUSEO DE PONTEVEDRA

El promotor de aquella iniciativa fue Casimiro Gómez Cobas, nacido en Viascón y emigrado de joven a Argentina, donde amasó una importante fortuna vinculada al negocio del cuero. A su regreso a Galicia compró en 1900 una extensa propiedad de Monte Porreiro, conocida hasta entonces como la alquería de San Antonio Abad, por la que pagó alrededor de 100.000 pesetas.

Llegada de visitantes ilustres a las instalaciones. | JOAQUÍN PINTOS / MUSEO DE PONTEVEDRA

Llegada de visitantes ilustres a las instalaciones. | JOAQUÍN PINTOS / MUSEO DE PONTEVEDRA

Gómez rebautizó la finca como Villa Buenos Aires, en recuerdo de la ciudad en la que había prosperado, y la transformó con jardines, caminos, avenidas, invernaderos, fuentes, grutas y miradores. Su intención era crear un gran espacio de descanso y recreo que ayudase a convertir Pontevedra en un destino para viajeros acomodados procedentes de España, Europa y América.

Del esplendor termal a las ruinas: 120 años del Balneario del Lérez | RAFA VÁZQUEZ

Del esplendor termal a las ruinas: 120 años del Balneario del Lérez | RAFA VÁZQUEZ

La oportunidad de levantar el balneario surgió de los manantiales existentes en la propiedad, conocidos como Monte Porreiro y Aceñas. Sus aguas fueron analizadas y promocionadas como mineromedicinales, especialmente beneficiosas, según los criterios de la época, para diferentes enfermedades digestivas, hepáticas y renales. En noviembre de 1904 obtuvieron la declaración de utilidad pública.

Dos años después abrió sus puertas el establecimiento, situado en la margen izquierda del Lérez, frente a la parroquia del mismo nombre. El conjunto estaba formado por varios edificios destinados a los tratamientos, el alojamiento de los visitantes y el embotellado del agua, además de jardines, terrazas, merenderos y un embarcadero propio al que se podía llegar en lancha.

Las fotografías antiguas muestran un complejo de construcciones claras y grandes ventanales, rodeado de vegetación y abierto hacia el río. La ubicación era una parte esencial de su atractivo, ya que los usuarios podían desplazarse por el Lérez hasta las instalaciones y desembarcar prácticamente delante del establecimiento. La conexión con el centro urbano mejoró en 1911 con la apertura de la avenida de Buenos Aires.

El Balneario del Lérez no era únicamente un lugar para recibir tratamientos. Como otros establecimientos termales de comienzos del siglo XX, se convirtió en un espacio de descanso, representación social y relaciones políticas. Por sus instalaciones pasaron personalidades como el marqués de Riestra, Eugenio Montero Ríos, Augusto González Besada, Eduardo Cobián Roffignac o José Canalejas.

La gran ambición empresarial de Casimiro Gómez se encontraba también en el embotellado y la comercialización del agua. Bajo la marca Aguas Lérez, el producto se vendió en España y se exportó a mercados como Argentina y Reino Unido, apoyado por campañas publicitarias que asociaban su consumo con la salud, la ciencia, la modernidad y el prestigio social.

En 1907, Aguas Lérez obtuvo el título de proveedor de la Casa Real Española. El Museo de Pontevedra conserva una botella del primer tercio del siglo XX en cuya etiqueta figura esa distinción. Es uno de los testimonios materiales más valiosos de la actividad desarrollada en Monte Porreiro, después de que la mayor parte de los edificios y las instalaciones industriales desapareciesen.

El periodo de esplendor del balneario fue, sin embargo, relativamente breve. El inicio de la Primera Guerra Mundial, en 1914, alteró las comunicaciones marítimas, los intercambios comerciales y la llegada de viajeros internacionales. Casimiro Gómez regresó durante aquellos años a Argentina y, cuando volvió a Pontevedra, el proyecto termal ya no recuperó el impulso de sus comienzos.

La decadencia no se produjo mediante un cierre repentino, sino a través de una transformación gradual. Los baños y la actividad social fueron perdiendo relevancia mientras la propiedad se orientaba hacia la agricultura y la ganadería. Villa Buenos Aires pasó a ser conocida como Granja Monte Porreiro, una explotación dedicada a la experimentación agrícola, la avicultura y la cría de ganado.

Tras la muerte de Casimiro Gómez en 1940, la finca fue fragmentándose y buena parte de sus construcciones se deterioraron o desaparecieron. El crecimiento urbano del barrio de Monte Porreiro modificó por completo el paisaje, aunque todavía permanecen algunos árboles, muros y estructuras junto al paseo fluvial. Ciento veinte años después de su inauguración, el balneario sobrevive principalmente en las fotografías, las botellas, los anuncios y las ruinas que recuerdan el sueño termal de uno de los grandes empresarios de la Pontevedra de comienzos del siglo XX.

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