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Violencia machista

El primo del acusado por quemar a su expareja en Vigo declara que le confesó el ataque antes de entregarse

El procesado sostuvo que no recordaba lo ocurrido aquella mañana y que solo «creía» haber quemado a la víctima cuando llamó a su familiar

Juicio en la Audiencia Provincial contra un hombre acusado de plantar fuego a su expareja en Vigo.

Juicio en la Audiencia Provincial contra un hombre acusado de plantar fuego a su expareja en Vigo. / Rafa Vázquez

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Pontevedra

El primo del acusado de prender fuego presuntamente a su expareja en Vigo declaró este martes que el procesado lo llamó durante la mañana del ataque, le dijo que había quemado a la mujer y le pidió ayuda para entregarse a la Policía. Su testimonio contrastó con la versión ofrecida horas antes por el acusado, B. R. R., quien aseguró que no recordaba lo que había hecho después de levantarse y que, cuando telefoneó a su familiar, únicamente «creía» haber quemado a la víctima.

La declaración se produjo durante la primera jornada del juicio que se celebra en la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Pontevedra. El procesado se enfrenta a casi 22 años de prisión por los delitos de lesión psíquica, acoso y asesinato con alevosía y ensañamiento en grado de tentativa. La Fiscalía reclama también una indemnización superior a 672.000 euros por las lesiones y secuelas sufridas por la mujer.

El acusado únicamente respondió a las preguntas de su abogada y negó ser autor de los hechos. Relató que la noche anterior al ataque había consumido alcohol, cocaína, cannabis y pastillas y que había dormido unas tres horas en casa de una tía. Afirmó que, al despertarse, no recuerda qué hizo, si acudió al domicilio de su expareja o si llegó a estar con ella.

Sí recordó, en cambio, que más tarde se dirigió a una cafetería y llamó desde allí a su primo porque pensaba que había hecho «algo malo». Según su versión, le dijo que «creía» que había quemado a su expareja y le pidió que lo acompañase para entregarse. Preguntado por su defensa sobre si se arrepintió cuando tuvo conocimiento de lo sucedido, respondió afirmativamente.

El primo ofreció un relato más directo. Explicó que todavía estaba en la cama cuando recibió la llamada y que el acusado le comunicó que había quemado a la mujer y quería entregarse a la Policía. El testigo acudió a recogerlo y ambos iniciaron el trayecto. Según expuso el procesado, se encontraron por el camino con una patrulla policial, ante la que manifestó que creía haber quemado a su pareja, y fue detenido poco después.

Durante la declaración del primo surgieron además diferencias con el testimonio que había prestado en la fase de instrucción. Este martes afirmó que encontró al acusado drogado y borracho, mientras que las acusaciones señalaron que anteriormente había declarado que se encontraba tranquilo. El testigo manifestó que mantenía lo declarado durante la instrucción y explicó que había deducido que el acusado estaba bajo los efectos de sustancias porque lo había visto anteriormente en ese estado. También confirmó que su primo era consumidor habitual de drogas y alcohol y que había recibido tratamiento psiquiátrico. Añadió que la víctima lo había ayudado en sus intentos por llevar una vida más estable.

Tras la declaración de algo más de una hora de la víctima, que lo hizo a puerta cerrada, declararon varios familiares y una amiga de la mujer, que relataron tanto las circunstancias en las que fue encontrada después del ataque como los cambios que el suceso ha provocado en su vida.

Al inicio de la sesión, la Fiscalía solicitó que se prorrogase la prisión provisional del acusado para garantizar la protección de la víctima hasta que finalice el juicio. La presidenta del tribunal señaló que la medida se encuentra vigente hasta septiembre y que será entonces cuando deba resolverse sobre su continuidad. Hasta ese momento, indicó, la víctima permanece protegida por las medidas ya adoptadas.

La sesión quedó suspendida a las 14.30 horas y continuará el jueves a las 10.00 horas.

«Me mató»

El sobrino de la víctima explicó que se despertó al escuchar gritos de auxilio. Al salir de la vivienda la encontró agachada junto a una manguera, echándose agua por el cuerpo. El joven declaró que, al acercarse, comprobó que su tía estaba quemada y percibió un fuerte olor. Regresó entonces al interior de la vivienda para avisar a sus padres y buscar las llaves de un vehículo con el que poder trasladarla al hospital. Finalmente fue la hermana de la víctima quien la llevó en coche. El sobrino acudió después al centro hospitalario para entregarle algunas pertenencias y, cuando regresó al domicilio, encontró a una patrulla policial inspeccionando el lugar en el que había ocurrido el ataque. Según su testimonio, la zona de entrada a la vivienda había sido rociada con un líquido, y señaló también que posteriormente observó salpicaduras en la puerta del conductor del vehículo de la víctima.

La hermana de la víctima relató que la encontró agachada, tratando de apagar las quemaduras con el agua de una manguera. Según declaró, la mujer le dijo en ese momento: «Me mató». La testigo la subió al coche y la trasladó al hospital mientras intentaba tranquilizarla y mantenerla consciente. Durante el trayecto tuvo que preguntarle el nombre y los apellidos del acusado para poder facilitárselos a la Policía, ya que ni siquiera conocía su identidad completa.

La hermana explicó que la víctima no había contado a su familia lo que sucedía durante la relación hasta que decidió terminarla definitivamente, en mayo de 2024. Hasta entonces regresaba con frecuencia a casa de sus familiares después de discutir con el acusado, pero volvía con él cuando le pedía perdón. Recordó que una noche escucharon una explosión y, al salir de la vivienda, vieron el vehículo ardiendo de la víctima. Fue entonces cuando les contó que su expareja la había amenazado con matar a su perro o quemarle el coche.

La testigo declaró que, después de la ruptura, el acusado trató de contactar con la mujer por distintas vías, apareció en el establecimiento en el que trabajaba e intentó llegar hasta ella a través de terceras personas, entre ellas su propio padre. También aseguró que su hermana había perdido sus amistades durante la relación y que era quien trabajaba de manera estable y asumía los gastos del acusado.

Preguntada por las consecuencias del ataque, la hermana describió un cambio completo en la vida familiar. Explicó que antes eran «superfelices» y que ahora es muy raro que la víctima salga de casa. La familia procura que no permanezca sola y trata de animarla durante su recuperación.

El cuñado de la mujer declaró que, tras regresar del hospital, se encontraba nerviosa y asustada. La describió como una persona a la que el ataque le había cambiado la vida.

Por otra parte, una amiga de la víctima explicó que, cuando coincidía con la pareja, el comportamiento del acusado parecía normal. Sin embargo, aseguró que la mujer le había relatado a través de mensajes episodios de maltrato, amenazas y miedo.

La testigo recordó especialmente un viaje a Canarias durante el cual aconsejó a la víctima que llamase a la Policía después de que le contase un incidente violento. Según declaró, la mujer tenía miedo de que el acusado regresase a la habitación, pero no quiso denunciar porque pensaba que la situación acabaría calmándose. «Me arrepiento de no haber llamado yo a la Policía», manifestó ante el tribunal.

La amiga añadió que, pocos días antes del ataque, la víctima le había dicho que su expareja la esperaba escondido dentro de un coche. También le había hablado del incendio de su vehículo.

Una relación «tóxica» según el acusado

El procesado ofreció una versión opuesta a la descrita por los testigos y por la Fiscalía. Definió la relación como «tóxica» y sostuvo que era la víctima quien se comportaba de forma posesiva y celosa.

Aseguró que las discusiones eran frecuentes, pero negó haberla maltratado o insultado. También rechazó que la expulsase de la vivienda en la que convivían. Según su relato, era ella quien se marchaba voluntariamente a casa de su familia y quien posteriormente decidía regresar.

El acusado negó asimismo haber amenazado con quemar un colchón o el asiento de un vehículo con un mechero. También rechazó que se hubiese producido un altercado durante el viaje a Canarias o que la mujer hubiese pedido ayuda al personal de seguridad del hotel.

Sobre el periodo posterior a la ruptura, negó haberla llamado, enviado mensajes o buscado reiteradamente entre mayo y septiembre de 2024. Admitió que acudió una vez al establecimiento donde trabajaba para hablar con ella, pero afirmó que se marchó después de que la mujer se negase a mantener una conversación.

Relató que la noche anterior a los hechos coincidió con la víctima en una cafetería. El acusado sostuvo que no habló con ella ni se acercó. Después consumió alcohol y otras sustancias y se fue a dormir.

También relató que consumía drogas desde los 14 años, entre ellas cocaína, heroína y cannabis. Afirmó que había recibido tratamiento psiquiátrico durante dos o tres años, aunque reconoció que no acudía regularmente a las citas médicas. Explicó además que había permanecido durante un mes en un centro de desintoxicación y que había intentado suicidarse en varias ocasiones, lo que había motivado distintos ingresos.

Relato de los hechos

En su escrito, la Fiscalía expone que víctima y acusado comenzaron una relación sentimental cuando ella tenía 22 años y él 34, residiendo ambos en el mismo domicilio de Vincios, en Gondomar, al menos durante los fines de semana.

Durante la relación hubo discusiones, debido a que ella asumía tanto la carga económica del hogar como el cuidado de la casa, al contar con mayor estabilidad laboral que él. «Durante la convivencia, él la menospreciaba de forma habitual con expresiones del tipo 'eres retrasada, mongólica, cerda, vaga', y para resolver la discusión el procesado optaba por echarla de casa», indica la Fiscalía, que señala que, después de echarla, el acusado le pedía que volviera.

La relación terminó cuando ella decidió poner un final definitivo en mayo de 2024. No obstante, el procesado «buscó a partir de ese momento la atención, acercamiento y/o proximidad con ella con el propósito de recuperarla (como había hecho a lo largo de toda la relación en los momentos en los que se producían las rupturas temporales de la pareja)».

Para ello, solicitó su amistad a través de diversos perfiles en redes sociales, se presentó en el local en el que ella trabajaba o en cafeterías donde ella estaba, hasta que el 14 de septiembre acudió a la casa familiar en la que ella residía, en la parroquia viguesa de Valadares, e intentó quemarla viva.

Según el escrito de acusación, ese día la esperó a las 8 horas hasta que salió de la vivienda y la agarró por la coleta por la espalda y le dijo «ven aquí que ahora te vas a enterar».

La víctima comenzó a mover su cuerpo para deshacerse de él, mientras él la seguía agarrando por la coleta, le propinaba varios rodillazos en la cara y le decía «para quieta», para reducir de esta forma, más aún, sus posibilidades de defensa.

«A continuación, una vez que el procesado consiguió impregnarla de gasolina, la empujó, ella cayó al suelo, y él le dijo 'adiós', encendió un mechero y le prendió fuego, consciente de que, de esta forma, causaría a quien había sido su pareja sentimental un terrible sufrimiento, aumentando de forma deliberada e innecesaria los padecimientos tanto físicos como psíquicos que tendría y que tenían el claro y único propósito de acabar con la vida de ella», recoge Fiscalía.

La mujer rodó por el suelo para tratar de apagar las llamas y logró después correr hacia el patio de su vivienda. Allí utilizó una manguera para mojarse el cuerpo mientras pedía ayuda a gritos.

La víctima sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en aproximadamente el 28 % de la superficie corporal, principalmente en la cara, el cuello, el tórax, la espalda y las extremidades. Permaneció en coma inducido durante un mes y fue sometida a numerosas intervenciones quirúrgicas, desbridamientos e injertos.

El escrito fiscal recoge también que fue diagnosticada de un trastorno de estrés postraumático grave y que presenta importantes secuelas físicas, psicológicas y estéticas.

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