Concierto de Juan Luis Guerra en Sanxenxo: el artista salda su deuda con Galicia en una fiesta de ritmos latinos ante 15.000 seguidores
El «rey de la bachata» repasó sus grandes éxitos ante un auditorio heterogéneo entregado a su música

A. Chao
Cuenta saldada con Sanxenxo. Y de qué manera. Juan Luis Guerra demostró en su concierto de este domingo ante 15.000 personas por qué todavía no hay quien le dispute el título de «rey de la bachata» y el merengue. Sin embargo, su espectáculo trascendió estos géneros para convertirse en una fiesta homenaje a la música latina en estado puro.
El encargado de calentar motores fue Grupo Manía, que encendió la mecha de una noche cargada de ritmo.
Ataviado con su icónica boina y pañuelo al cuello, Juan Luis Guerra salió al escenario a las 22:45 con una exquisita puntualidad sobre el horario previsto. Comenzaba así el deleite de sus seguidores, como Laura y Lorena que llegaban a las 9:00 de la mañana desde Muros a Sanxenxo para sacarse la espina clavada por la cancelación de 2025 a causa de una fuerte tormenta. Igualmente, Sole y Bea, madre e hija, fueron de las primeras en llegar a los accesos del campo de fútbol de Baltar. La misión de la hija, que su madre disfrutase de su ídolo en directo por primera vez, así que las horas de fila se dieron por bien empleadas desde que sonó «Rosalía», tema que abrió la actuación.
Le siguió «La travesía» o «Vale la pena» para desatar otra gran ovación de un auditorio heterogéneo. Precisamente, la actuación del dominicano demostró que esto de la buena música no entiende de edades, géneros ni nacionalidades, sino que se convierte en un verdadero lenguaje universal. Que se lo digan a la familia de Sanxenxo de nueve miembros que acudía a ver «al número uno»: la benjamina, tres años; el más veterano del grupo, 74.
El repertorio supo encontrar el equilibrio entre clásicos y temas más recientes. El medley que incluyó «Burbujas de amor» o «Bachata en Fukuoka» terminó por meter al público en ese viaje atemporal por los grandes éxitos del artista.
Los otros grandes aliados de Juan Luis Guerra sobre el escenario fueron la más de media docena de músicos que forman la orquesta 4.40. Tan afinados como esa nota «la» que evocan con su nombre, hicieron de la percusión un idioma propio en gran sintonía con los instrumentos de viento y los teclados. También se lanzaron con las castañuelas y la bandera de España en un guiño cariñoso a los anfitriones tras repasar el crisol de nacionalidades que reinaba en el público.
Pero la verdadera subida de bilirrubina llegó en la segunda mitad del concierto. Y es que, aunque hace casi cuatro décadas que «Ojalá que llueva café» sonaba por primera vez, se mantiene inmortal. También lo hacen «Visa para un sueño», «Bachata rosa» o «Las avispas», que no faltaron en la setlist.
Tras hora y media de actuación y con la misión cumplida de poner a bailar en algún momento a todo el auditorio, Juan Luis Guerra se despedía de Galicia sin que el cielo dejase caer ni una sola gota. Los 90 minutos de deleite de la mano del rey, precedidos por Grupo Manía y con el broche de Gente de Zona, hicieron olvidar casi por completo los contratiempos y retrasos que los asistentes vivieron para poder acceder al recinto.
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