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Campus de verano de ballet

Pontevedra, cantera internacional de danza

La escuela Vaganova celebra en el Pazo da Cultura un campus de verano internacional de ballet clásico con 68 alumnos de España y otros países

Durante tres semanas, los participantes reciben formación técnica, artística y física de siete profesores de prestigio en el «North Spain Ballet Summer Intensive»

Curso intensivo internacional de danza

Imagen: Rafa Vázquez / Edición: Eli Regueira

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Pontevedra

Desde hace unos días el Pazo da Cultura se ha convertido en un privilegiado punto de encuentro de danza. Durante tres semanas, un total de 68 alumnos participan en el primer curso intensivo internacional de ballet clásico organizado en la ciudad por la escuela de danza Vaganova, el «North Spain Ballet Summer Intensive», una iniciativa que reúne a jóvenes llegados de diferentes puntos de España y de varios países de Europa e incluso Estados Unidos. Reciben formación técnica, artística y física de siete profesores de prestigio.

La coordinadora del programa, Jessica Seys, explica que el proyecto nació de la necesidad de ofrecer una formación intensiva de calidad, con grupos reducidos y una atención cercana. «Hay macrointensivos en los que apenas se corrige al alumno y, al final, no progresa. Nuestra idea era trabajar con un número limitado de participantes y que en tres semanas aprendiesen de verdad», señala.

El albanés Marlon Dino, durante una de las clases en el auditorio del Pazo da Cultura.

El albanés Marlon Dino, durante una de las clases en el auditorio del Pazo da Cultura. / RAFA VAZQUEZ

El curso recibió alrededor de 200 solicitudes, de las que fueron seleccionadas 68. La organización pretende mantener este modelo y limitar futuras ediciones a un máximo de 80 bailarines para preservar la relación directa entre profesorado y alumnado. Los participantes, de entre 10 y 20 años, se distribuyen en niveles de iniciación, intermedio y avanzado.

El programa incluye danza clásica, neoclásica, preparación artística y formación para prevenir lesiones. También se imparten sesiones sobre conocimiento corporal y estiramientos. Para Seys, el ballet es «un arte físico de alto rendimiento» que exige una preparación comparable a la de un deportista, aunque su finalidad sea artística.

Uno de los aspectos más interesantes de esta edición exclusiva es que las clases se desarrollen en un auditorio real, el del Pazo da Cultura. La cesión del espacio por parte del Concello de Pontevedra permite que los alumnos trabajen sobre un escenario, real, una circunstancia poco habitual incluso en cursos internacionales, tal y como destaca Jessica Seys.

El grupo de alumnos pone en práctica lo aprendido sobre el escenario.

El grupo de alumnos pone en práctica lo aprendido sobre el escenario. / RAFA VAZQUEZ

Desde Viena y Múnich

Estos días los alumnos han contado con un profesor de alto nivel como es Marlon Dino, bailarín albanés que ha formado parte de compañías de primer nivel como la Ópera de Viena, el Bayerisches Staatsballett (Múnich) y la Ópera de Nápoles.

«Normalmente se trabaja en instalaciones de escuelas, pero tener un escenario para los alumnos es impresionante», destaca Dino, bailarín, que tiene una trayectoria de casi 30 años.

Es su primera visita a Pontevedra, por lo que elogia también la organización y la selección de los participantes de este campus de verano. Durante sus clases pone el foco en el uso de los brazos, el llamado «port de bras», que considera esencial para la expresividad del bailarín. «Es una forma de hablar sin palabras. El público debe poder entender una obra como si estuviese ante una película muda», explica.

El profesor subraya la disciplina que exige la danza en una época marcada por los teléfonos móviles y la dificultad para mantener la concentración. En sus clases no se permite entrar con dispositivos, comer ni conversar. Sin embargo, advierte de que enseñar no consiste en imponer dureza. «Un buen profesor tiene que ser también mentor, psicólogo y amigo. Cada alumno tiene una personalidad y un ritmo diferente», afirma.

Alumnas con los profesores Jean-François Seys y Jessica Seys.

Alumnas con los profesores Jean-François Seys y Jessica Seys. / RAFA VAZQUEZ

La relación de Dino con el ballet comenzó en Tirana, cuando su madre observó que solo bailaba al escuchar música clásica. Durante los primeros años, el joven odiaba las clases, hasta que un profesor aseguró que nunca llegaría a ser bailarín. Aquella frase se convirtió en un reto. «Pensé que tenía que demostrar lo contrario», recuerda.

Además de Dino, el curso cuenta con siete docentes, entre ellos antiguos primeros bailarines y profesionales vinculados al Ballet de Dortmund, el Teatro Mariinski, la Ópera de París y la Academia Vaganova.

Seys destaca el apoyo del Concello de Pontevedra, por la cesión del auditorio, pero también de la Diputación, que facilitó el suelo técnico del escenario, y de la Fundación Abanca, que ofreció alojamiento a precio reducido a los participantes. «Sin esta cooperación institucional no sería posible», reconoce.

La intención es repetir la experiencia el próximo año. Esta primera edición ya está demostrando que Pontevedra puede situarse en el mapa internacional de la enseñanza del ballet.

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