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El calor desocupa las terrazas de los bares de Pontevedra: «Hay un éxodo a la playa y este lugar durante unas horas se vacía»

Los hosteleros coinciden en que la actividad en las terrazas se desplaza hacia las horas mas frescas, tanto por la mañana como a ultimas horas de la tarde

Clientes en la terraza del Bar La Pipa

Clientes en la terraza del Bar La Pipa / Rafa Vázquez

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Pontevedra

Las terrazas de Pontevedra añaden una nueva tarea a su día a día, que no es otro que mirar al cielo. Durante buena parte del otoño y el invierno, la lluvia y el frío condicionan la actividad de la hostelería, con días pasados por agua que ahuyentan a muchos clientes, y los confinan en el interior de los locales. Este verano, sin embargo, el enemigo ha cambiado de rostro. Las altas temperaturas registradas en las últimas semanas están provocando un efecto muy parecido: las mesas permanecen vacías durante las horas centrales del día y la clientela adelanta o retrasa su actividad, huyendo, en este caso, del calor.

Aunque la mayoría de los establecimientos consultados coinciden en que el inicio del verano está siendo positivo y que el balance de ventas no difiere demasiado del de otros años, todos admiten que la ola de calor ha modificado los hábitos de consumo.

En la Vinoteca Mesón Restaurante, Manuel Moldes resume la situación con una frase: «El calor perjudica y beneficia a partes iguales».

Explica que durante las horas de máxima temperatura la afluencia desciende notablemente, aunque esa caída se compensa cuando cae la tarde y las terrazas vuelven a llenarse.

Una percepción similar comparten en El Pasaje Cafetería. Su responsable, Pilar González, reconoce que el ritmo de estos primeros días de verano está siendo «algo más flojo» y que, cuando aprieta el calor, los clientes optan por buscar lugares más frescos antes que permanecer en una terraza a pleno sol.

Para Jonathan Silvoso, del Bar Cafetería La Pipa, el cambio de hábitos resulta todavía más evidente. Aunque asegura que el volumen general de trabajo es normal, observa que la actividad se concentra prácticamente en las últimas horas del día. «La gente se reúne en una o dos horas, ya casi por la noche», explica.

No todos los locales viven la misma realidad. La ubicación juega un papel determinante. En el Dulce de Leche Alameda, el constante paso de peregrinos, turistas y trabajadores permite mantener una buena actividad durante el verano. Sin embargo, Valeria Giráldez, su responsable, reconoce que las horas de más calor provocan un auténtico «éxodo hacia la playa», dejando la zona prácticamente vacía hasta las ocho de la tarde. Pese a ello, el establecimiento mantiene su horario habitual. «Económicamente quizá compensaría abrir hasta más tarde, pero como trabajadores no nos compensa, no somos ese tipo de bar «, afirma, asumiendo con normalidad que en los momentos donde las temperaturas más aprietan, las personas buscan alternativas más frescas que no siempre se encuentran en un bar o en una terraza.

En la cafetería Blanco y Negro también han tenido que adaptarse al nuevo ritmo de la ciudad. Pilar Amoedo asegura que este verano está siendo «raro» por las temperaturas y que muchos clientes no salen hasta las nueve de la noche. Aunque el horario apenas cambia, el cierre suele alargarse unos minutos para aprovechar esa mayor afluencia nocturna.

Frente a estas situaciones, algunos establecimientos incluso encuentran una oportunidad. Es el caso de la cafetería-bocatería Audiencia 2, cuya terraza, resguardada por la sombra de los edificios y los toldos, se ha convertido en un refugio para quienes buscan escapar del calor. «En nuestro caso casi nos beneficia», explica María Rey.

Los hosteleros consultados coinciden en que los fenómenos meteorológicos extremos, ya sean las lluvias persistentes del invierno o las olas de calor del verano, terminan afectando de forma muy similar al negocio. En ambos casos disminuye la ocupación de las terrazas y se alteran los horarios habituales de consumo. La diferencia es que, mientras el mal tiempo invita a quedarse en casa, el calor no elimina la clientela, sino que desplaza su presencia hacia las últimas horas del día.

Ese cambio obliga a la hostelería a adaptarse a una nueva realidad en la que el tiempo condiciona cada vez más la actividad. Si antes bastaba con consultar la previsión para saber cómo iría la jornada, ahora los extremos meteorológicos, ya sea por exceso de lluvia o de calor, se han convertido en un factor determinante para el pulso diario de bares y cafeterías de la ciudad.

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