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Patrimonio

Una puerta digital a la historia familiar

Juan José Esperón colocó este domingo un código QR en el panteón familiar en el cementerio de San Vicenzo de Cerponzóns, acompañado por familiares y amigos, para que la memoria de sus padres y abuelos siga viva más allá del mármol y pueda llegar, en gallego, a las generaciones venideras

Colocación de un código QR en el panteón familiar de Juan José Esperón, en el cementerio de Cerponzóns.

Colocación de un código QR en el panteón familiar de Juan José Esperón, en el cementerio de Cerponzóns. / Rafa Vázquez / FDV

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Pontevedra

La familia de Juan José Esperón Recarey abrió este domingo una puerta digital a su historia en el cementerio de San Vicenzo de Cerponzóns. Lo hizo con la colocación de un código QR en el panteón en el que descansan sus padres y abuelos, un gesto compartido con familiares y amigos que convierte el mármol en entrada a una memoria más amplia que la escrita en la lápida.

El pequeño código, adherido ya al panteón, funciona como una puerta digital a la historia familiar. Quien lo escanee podrá acceder al blog O Roque de Cerponzóns, donde Esperón ha reunido las vidas de Carmen Recarey Cochón, Juan Esperón Moldes, Jesús Recarey Lorenzo y Ramona Cochón Ramos, sus padres y abuelos.

La escena de este domingo aportó la imagen que faltaba a la iniciativa impulsada por la Asociación Veciñal O Chedeiro. La propuesta ya había sido presentada como una forma de unir memoria, patrimonio, lengua gallega y nuevas tecnologías, pero ahora quedó incorporada físicamente al cementerio, en el mismo lugar donde descansan las personas cuya historia quiere preservar.

Esperón explicó el sentido del gesto pensando en las generaciones que vendrán. En un tataranieto que, dentro de veinte años, pueda acercarse al panteón y descubrir de dónde procede. El QR no busca sustituir la visita al cementerio, sino darle más profundidad. Allí donde la piedra resume, la pantalla permite contar.

Detrás del código aparecen vidas atravesadas por la emigración, el trabajo y la parroquia. Un padre que marchó a Argentina y también estuvo en Venezuela. Un abuelo vinculado al tranvía. Una madre tabernera, conocida por la vecindad. Una abuela que llevaba productos del campo a la Praza da Leña con la cesta sobre la cabeza. Historias comunes solo en apariencia, porque en ellas se sostiene la memoria de muchas familias gallegas.

La familia ya había dado antes otro paso simbólico al trasladar las lápidas al gallego, la lengua en la que vivieron quienes reposan en el panteón. El código colocado este domingo prolonga ese homenaje. Añade relato al nombre, vida a la fecha y una forma nueva de regresar al origen. Basta acercar el móvil para que el recuerdo vuelva a hablar.

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