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Mercado inmobiliario

La falta de pisos adelanta y encarece el curso universitario en Pontevedra

Las habitaciones pasan de 150 a 250 euros en una década, mientras las inmobiliarias apenas tienen oferta y muchos jóvenes firman todo el año para asegurar alojamiento durante el curso

Estudiantes saliendo de la facultad de Forestais.

Estudiantes saliendo de la facultad de Forestais. / Rafa Vázquez

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Pontevedra

Empezar a buscar antes para encontrar cada vez menos y peor. Esta es la odisea de los estudiantes que quieren alquilar un piso en Pontevedra, una carrera que cada año va incorporando obstáculos, fuertemente condicionada por la situación inmobiliaria general, y que hace que los jóvenes se tengan que conformar con las pocas opciones que hay y con precios cada vez más altos. La búsqueda, que antes podía esperar al verano, empieza ya en abril y se intensifica entre finales de mayo y principios de junio, cuando la oferta disponible para el curso siguiente es mínima. La escasez ha encarecido las habitaciones, ha reducido la capacidad de elegir zona y ha cambiado la forma de organizar el alojamiento universitario en la ciudad.

El salto de precios resume la transformación del mercado. Hace una década todavía era posible encontrar habitaciones para estudiantes por 150 o 180 euros al mes en zonas próximas al campus. Hoy en día, la referencia se sitúa en torno a los 250 euros sin gastos, con importes superiores cuando la vivienda está bien ubicada o en mejores condiciones. El encarecimiento no solo eleva el presupuesto familiar, también obliga a cerrar acuerdos con más rapidez para no quedarse sin opciones.

La oferta se ha estrechado hasta el punto de que algunas inmobiliarias apenas trabajan ya con este perfil. Pontehabitat, por ejemplo, tiene actualmente un único piso disponible para estudiantes. A veces puede ser un tipo de arrendamiento más complejo de gestionar, con varios inquilinos, reparto interno de habitaciones, posibles cambios de compañeros y más interlocutores que en un alquiler clásico.

Por eso también es cada vez más habitual que no se alquilen habitaciones sueltas, sino pisos completos; los estudiantes firman la vivienda entera y después se reparten los cuartos y los gastos. Los pisos de tres dormitorios se mueven entre 750 y 850 euros mensuales, mientras que los de cuatro habitaciones pueden llegar a los 1.000 euros. Dividido entre todos, el precio por persona se aproxima a esos 250 euros de referencia antes de sumar luz, agua, internet o calefacción.

El cambio más visible está en el calendario. «En abril ya empiezan a buscar piso y a finales de mayo o principios de junio hay muy poquita oferta», señalan desde Pontehabitat. Esa anticipación se ha convertido en una estrategia defensiva. Quien espera a tener todas las notas, la matrícula cerrada o el grupo definitivo de compañeros puede llegar tarde a un mercado en el que los pisos disponibles desaparecen rápido.

También ha cambiado el mapa. Durante años, muchos estudiantes priorizaban vivir cerca del campus, Bellas Artes, A Xunqueira, O Burgo, A Seca o el centro. Esa cercanía permitía ir caminando a clase y reducir gastos de transporte. Ahora, con menos viviendas en circulación, la ubicación ha perdido peso frente a una urgencia más elemental: encontrar un piso disponible, aunque esté más lejos o no sea la primera opción.

La presión del mercado residencial general se traslada directamente al alquiler estudiantil. El precio medio del alquiler en Pontevedra se situó en junio en 9,5 euros por metro cuadrado, un 8,9% más que un año antes. En abril llegó a alcanzar los 10 euros por metro cuadrado, con una subida interanual del 14%. Esa evolución afecta también a los pisos compartidos, que compiten por las mismas viviendas que familias, trabajadores y otros inquilinos.

El verano añade otro obstáculo. Parte de los propietarios prefiere reservar los meses de mayor demanda para el alquiler turístico, una opción más rentable en plena temporada. Eso reduce la oferta estable justo cuando muchos estudiantes intentan asegurar vivienda para septiembre. Desde el sector apuntan además un problema práctico, ya que hay pisos que no se pueden visitar porque están ocupados por turistas, lo que obliga a decidir con menos margen y menos información.

La falta de alternativas está empujando a algunos universitarios a mantener el alquiler durante todo el año. Profesionales inmobiliarios señalan que cada vez hay más estudiantes que conservan el piso en verano y aprovechan esos meses para trabajar en localidades turísticas próximas, especialmente Sanxenxo. Allí, en temporada alta, encontrar un alquiler convencional resulta casi imposible, de modo que pagar la vivienda en Pontevedra durante doce meses se convierte en una forma de garantizarse alojamiento para el curso siguiente.

La decisión encarece el coste anual, pero evita volver a empezar de cero. Renunciar al piso en junio implica competir otra vez en primavera o verano con una oferta todavía más reducida. Mantenerlo permite guardar pertenencias, conservar el grupo de convivencia y evitar una búsqueda cada vez más incierta. El calendario académico queda así subordinado al inmobiliario, ya que aunque las clases terminen, el contrato continúa.

La consecuencia es una pérdida clara de poder de elección. Los estudiantes comparan menos, negocian menos y aceptan antes. Un contacto de cursos anteriores, una recomendación o la renovación de un piso conocido pueden marcar la diferencia. La búsqueda se ha convertido en una carrera de anticipación en la que quien llama tarde no solo paga más, sino que muchas veces ni siquiera encuentra. Así, empezar el curso ya no significa volver a clase en septiembre, sino buscar piso varios meses antes.

La convocatoria extraordinaria de la PAU reúne a 352 alumnos

Un total de 352 estudiantes se examinan desde ayer en Pontevedra en la convocatoria extraordinaria de la PAU, que se prolongará hasta mañana, jueves. Las pruebas se celebran en la Escola de Enxeñaría Forestal, la sede pontevedresa con matrícula asignada en esta convocatoria, según los datos de la Comisión Interuniversitaria de Galicia.

En el conjunto de la Comunidad Autónoma, la convocatoria extraordinaria reúne a 2.916 alumnos repartidos en 15 sedes. La CIUG destaca que el dispositivo está preparado para que los exámenes se desarrollen con normalidad, equidad y máximas garantías, y agradece el trabajo del profesorado, personal de administración, comisiones delegadas y colaboradores implicados en el proceso.

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