Terremoto
Marín apoya al pueblo venezolano y ruega por la vida de sus cuatro vecinos desaparecidos
El minuto de silencio, celebrado en la casa consistorial marinense, congregó a la alcaldesa, cuerpos de seguridad municipales y más de un centenar de paisanos de la localidad

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Gustavo Santos

No son días nada sencillos para los vecinos de Marín ni los miles de venezolanos que viven en la provincia de Pontevedra. Cuatro de los suyos marcharon a un viaje de familia a La Guaira, de donde llegaron hace ocho años, y no se sabe si volverán con vida de allí. El doble seísmo que azotó Venezuela, en especial la comarca que visitaban Yhosvany, Adela, Lía y Ulises, lleva tiene a los habitantes de Marín con el corazón en un puño desde hace seis días, cuando se produjeron los terremotos encadenados.
Desde antes de conocerse que algunos vecinos de la localidad estaban en la zona cero, la Alcaldía de Marín anunció que se celebraría un minuto de silencio en memoria de las víctimas, que ya superan los 1.400 fallecidos, de acuerdo con las cifras proporcionadas por la Asamblea Nacional de Venezuela.
Con la desaparición de un matrimonio y dos hijos muy queridos por la gente de Marín, el sentido homenaje institucional se convirtió en un evento con más de un centenar de personas de todas las edades que se solidarizaban con el pueblo venezolano y anhelaban que la familia Hernández Taberneiro regrese sana y salva a su hogar en Galicia.
Al evento acudió la alcaldesa, María Ramallo; la directora del Colegio La Inmaculada, centro en que estudiaban los dos niños, Lucía Guede; agentes de la Policía Local y de la Guardia Civil, así como convecinos gallegos y venezolanos.

Más de un centenar de personas guardaron el minuto de silencio. / Gustavo Santos / FDV
Todos guardaron un silencio sepulcral durante el sentido homenaje y aplaudieron con especial orgullo, compasión y esperanza a su término. Ramallo aseguró que no dispone de ninguna novedad desde el sábado, aunque dejó claro que el Concello está volcado con colaborar en lo máximo posible.
«Nos consta que ahora mismo la situación es un poco caótica y difícil de gestionar también desde el punto de vista administrativo», argumentó.
Para añadir: «Hemos puesto en contacto a sus familiares directos con los números del consulado para que puedan aportar los detalles del viaje o las zonas de residencia, que pueden ayudar a aclarar un poco más la situación».
Por su parte, Guede explicó que la comunidad educativa está «hecha polvo». Recordó que el viernes coincidía con la entrega de boletines y el final de curso, por lo que muchas familias se acercaban al centro para preguntar si sabían algo, qué había ocurrido o cómo podían trasladar la situación a sus hijos.

Gustavo Santos
Añadió que ahora son las propias familias quienes deben contar a los niños lo sucedido y que, en septiembre, será el centro el que tendrá que trabajar este tema con los alumnos en las aulas.
La historia de Yhosvany y Adela no es la única que quita el sueño a los habitantes de Marín. Jennifer Peña, venezolana afincada en el municipio, contó entre lágrimas el drama que está viviendo con sus familiares.
«Desgraciadamente, gran parte de mi familia estaba en uno de los edificios que se derrumbó. Son once personas, de las cuales ya sacaron los cuerpos de tres; estamos a la espera de los otros ocho –dijo–. No sabemos nada».
Visiblemente emocionada indicó que «los venezolanos siempre hemos sido personas de fe y de esperanza, y ahora tenemos fe en que esas ocho personas, y todas las que estén debajo de esos escombros, puedan salir con vida».

La alcaldesa de Marín, María Ramallo, conversa con varios venezolanos presentes. / Gustavo Santos / FDV
«Estamos en todo ese proceso de dolor y hay que seguir ayudándolos, porque por más que yo quiera hacer tanto desde aquí, no puedo», confesó entre lágrimas y muy afectada por la catástrofe.
Joan Andrade explicó que lo ocurrido en Venezuela fue una «tragedia muy fea» y aseguró que tiene muchos compañeros afectados. Aunque su familia se encuentra bien, lamentó que entre los damnificados haya numerosos amigos suyos, incluidos los vecinos de Marín desaparecidos, a quienes definió como personas muy cercanas. Por eso, afirmó que mantiene la esperanza de que sigan con vida, aunque reconoció que no tiene palabras ante lo sucedido.
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