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Búsqueda tras los terremotos

Los venezolanos de Marín residían en la segunda planta de un edificio que colapsó

El bloque en el que se alojaban cayó desde el tercer piso, lo que lleva a sus familiares allí desplazados a pensar que aún pueden estar con vida, atrapados en los escombros

Yhosvany Hernández junto a sus hijos, Lía y Ulises.

Yhosvany Hernández junto a sus hijos, Lía y Ulises. / Cedida

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Miguel Salgado Reboreda

Miguel Salgado Reboreda

Marín

Cada minuto cuenta para que los cuatro venezolanos afincados en Marín que se encuentran desaparecidos desde los terremotos que azotaron su país de origen, donde se encontraban de vacaciones, aparezcan con vida.

Ese primer viaje de familia a Venezuela desde que el más pequeño de la casa nació, hace más de seis años, resultó ser a una de las zonas más afectadas por la catástrofe.

Varios familiares de Yhosvany, Adela, Lía y Ulises residentes en Estados Unidos se desplazaron hasta Caraballeda, en el estado de La Guaira, para poder estar en primera línea de ayuda de los suyos. La familia, aseguran las fuentes a las que ha tenido acceso FARO DE VIGO, sigue aferrrándose a la esperanza de que sus parientes sigan con vida.

De acuerdo con los análisis de los desplazados, el matrimonio y los dos hijos, se encontraban en su residencia en la ciudad, ubicada en la avenida José María España, en el momento en que se produjeron los dos temblores sísmicos en Venezuela.

El complejo habitacional de construcción estatal en el que estaban hospedados los Hernández Taberneiro colapsó desde la tercera planta, y los cuatro desaparecidos marinenses, ubicados en la segunda planta, «no cayeron con el edificio y fueron sepultados por los pisos superiores, haciendo posible que permanezcan con vida entre los escombros de la primera y tercera planta», sostienen sus allegados.

«Según está explicando la hermana de ellos, el edificio colapsó solo hasta la tercera planta y se derrumbó hacia delante. La planta en la que estaban ellos no se derrumbó. Se cayeron los restos de la tercera encima y ellos cayeron sobre la primera. Y eso, en teoría, podría ser compatible con que no haya más problema, dependiendo de en qué parte del edificio estuvieran».

Lo que quieren decir es que «aunque las plantas se derrumben, hay paredes dentro». No es como una hoja de un libro que cierras y no hay nada en medio que impida que las hojas se peguen unas a otras», explican los consultados.

Toda esperanza de que el matrimonio y los dos menores aparezcan con vida pasa por la acción urgente de los cuerpos de emergencias y la maquinaria pesada.

Ese es el ruego de la familia, aunque se está tardando demasiado, a pesar de que amigos de los desaparecidos están agotando todas las vías posibles para ayudar en un momento tan delicado.

La ubicación del edificio familiar derrumbado, en la avenida José María España. | GOOGLE MAPS

La ubicación del edificio familiar derrumbado, en la avenida José María España. | GOOGLE MAPS

El hockey provincial, en vilo

En relación con esta desaparición, hay que decir que no son días nada sencillos para aquellos que compartieron pista con alguno de los integrantes de la familia Hernández Taberneiro. En el Hockey Hierba Vigo Stick, club en el que comenzó el matrimonio y en el que compite Yhosvany Hernández en la actualidad, y en el Marinense Hockey Club, entidad que fundó el matrimonio para llevar la pasión por el hockey a Marín, tienen el corazón en un puño y recuerdan de forma constante a los cuatro desaparecidos en La Guaira.

Borja Campos, fundador del Vigo Stick, conoce al matrimonio y a los niños desde que llegaron a Galicia y tiene una relación personal muy cercana con el padre. Al hablar de Yhosvany, lo primero que le sale es el hockey. Lo define como «un loco del hockey», alguien capaz de sacar tiempo de donde no lo había para ponerse los patines y acudir a jugar, incluso cuando los horarios de trabajo apenas le dejaban margen. Recuerda partidos en los que terminaba tarde y, aun así, Yhosvany enlazaba la pista con su jornada laboral. Pero en esos recuerdos no aparece solo. Campos subraya que la familia iba siempre junta y que allí donde jugaba alguno, estaban los cuatro.

De Adela habla con el mismo cariño. La recuerda como una persona «maravillosa» y «excelente», también completamente entregada a este deporte y al proyecto que ambos levantaron en Marín. Para quienes compartieron pista y club con ellos, Yhosvany y Adela no son solo dos aficionados al hockey, sino dos personas «implicadas, generosas y profundamente queridas».

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