Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El gasto en servicios de belleza se dispara un 30% ante el regreso masivo de eventos sociales

Julio, uno de los meses centrales para los salones, donde se multiplican las reservas

Profesionales y clientas en el salón de Ana Barros.

Profesionales y clientas en el salón de Ana Barros. / Rafa Vázquez / FDV

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Las conversaciones y el sonido constante de los secadores marcan el ritmo, estas semanas más que nunca, en los salones de Pontevedra. Estamos en el epicentro de la temporada de bodas, bautizos, comuniones y graduaciones, esos meses donde los fines de semana se miden por el volumen de imágenes que inundan Instagram. Las agendas echan humo y los profesionales apenas tienen un respiro. Tras el espejo de esta actividad frenética, los datos confirman un fenómeno que se palpa en las calles: el sector de la belleza vive una edad de oro impulsado por el regreso masivo a los eventos sociales y una cultura del autocuidado que ya no entiende de edades.

Los números que maneja Booksy, la plataforma de gestión de citas aplicable al sector, son concluyentes a nivel estatal y se reflejan fielmente en el termómetro local. Durante estos meses de celebraciones, los salones de manicura registran un incremento del 22% en sus reservas, situando a julio como el mes de mayor actividad del año. Para hacernos una idea de la magnitud del movimiento, basta mirar el espejo del verano pasado, cuando solo en el mes de julio se rozaron los 3,1 millones de citas en toda España. Una marea humana en busca de su mejor versión que ha llevado al consumidor a incrementar su gasto medio en estos servicios entre un 20% y un 30% en el último año.

En la calle Riestra de Pontevedra, Joana Castro Collazo, al frente del estudio Mon Petit Atelier desde hace una década, vive en primera persona este torbellino. «A partir de ahora en adelante es como un boom y tengo ahora mismo la agenda completa hasta mediados de julio y personas esperando», relata mientras gestiona un goteo incesante de clientas.

El verano no solo trae bodas, sino una agenda social que se desborda en las terrazas y los arenales de las Rías Baixas. «Es época de bodas, de eventos y festivales y, bueno, pues es todo un poco. La gente sale más, se quiere arreglar más, los pies sobre todo aumentan una barbaridad», explica Joana, quien a contracorriente de la tendencia generalizada de la digitalización, prefiere mantener el calor del trato directo: «Todo es telefónico, vienen aquí presencialmente y tienen la cita. Prefiero el boca a boca».

PONTEVEDRA.Reportaje sobre incremento de la demanda en el sector dela belleza.Peluqueria Ana Barros y Mon Petit Atelier de uñas

Un servicio de uñas en el centro de estética Mon Petit Atelier. / Rafa Vázquez / FDV

A unos metros de allí, Ana Barros, toda una institución en la ciudad con décadas de experiencia en su gabinete de belleza, coincide en el diagnóstico de una campaña que asimila a otros motores de la economía gallega. «A partir de mayo a septiembre es la temporada más alta para nosotros para la peluquería, un poco como la hostelería», apunta. En sus tocadores, el servicio estrella sigue siendo el color, pero cuando el calendario aprieta con una fecha señalada, irrumpen con fuerza los recogidos y el maquillaje.

Este bum estival es solo la punta del iceberg de un cambio cultural más profundo. El cuidado personal ha dejado de ser una excepción para convertirse en una rutina diaria que empieza cada vez más temprano

Sin embargo, los gustos han cambiado de forma radical bajo el espejo de las tendencias actuales. Aquellos peinados rígidos y los maquillajes recargados de las novias de hace veinte años han dado paso a la frescura. «Cada vez la demanda es mayor de servicios muy personalizados. Las novias vienen a hacer pruebas antes y recalcan por algo mucho más natural, simple y sencillo. Ya no es tan clásico ni tan trabajado, o sea, tan laborioso», analiza Ana Barros con la perspectiva que dan los años en el oficio.

Este bum estival es solo la punta del iceberg de un cambio cultural más profundo. El cuidado personal ha dejado de ser una excepción para convertirse en una rutina diaria que empieza cada vez más temprano. «El incremento de la demanda de belleza se ha multiplicado esencialmente; nos queremos poner cada vez más guapos. Cuidarnos significa gasto en piel y en pelo. Antes teníamos un champú; ahora todo el mundo tiene un champú, un acondicionador, un tratamiento hidratante de puntas... y esto ya desde la adolescencia», observa la veterana estilista.

Es una fiebre por la imagen que se visualiza de forma nítida en los nuevos clientes que abarrotan los salones: «Ya incluso los niños jóvenes vienen a peinarse para las graduaciones que se dan a los 14 años, a los 16... son eventos que antes no venían a la peluquería. Cambió el chip de las costumbres».

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents