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Sanidad y nuevas tecnologías | Julio Mayol Doctor experto en inteligencia artificial

«No vamos a eliminar la enfermedad con la IA, pero sí a mejorar la asistencia sanitaria»

«Hace falta una estrategia nacional para incluirla en las facultades de Medicina», afirma el experto en Pontevedra

El doctor Julio Mayol, en Pontevedra.

El doctor Julio Mayol, en Pontevedra. / Gustavo Santos

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Pontevedra

El catedrático de Cirugía Julio Mayol, experto en inteligencia artificial aplicada a la sanidad, estuvo en Pontevedra invitado por el servicio de Digestivo del área sanitaria de Pontevedra y su grupo de investigación IDARA para analizar el impacto de una tecnología que, en su opinión, no solo transformará la medicina, sino también la forma en que los seres humanos pensamos, aprendemos y nos relacionamos con el conocimiento. Con él se cerró el ciclo de conferencias «Pontevedra, quen pasa? Seis expertos en saúde, seis meses».

¿Qué supone la inteligencia artificial para nuestra especie?

Supone un reto enorme porque hemos creado una tecnología que simula nuestras habilidades cognitivas. Durante mucho tiempo nos hemos considerado el pico de la evolución por nuestra capacidad de pensar, hablar y crear cultura. La revolución cognitiva se produjo hace unos 75.000 años, cuando empezamos a utilizar el lenguaje para construir conocimiento compartido. Ahora hemos desarrollado una herramienta que usa ese lenguaje con una eficacia extraordinaria. Eso cambia el contexto evolutivo y nos obliga a preguntarnos qué papel vamos a ocupar.

Pero esto también nos lleva a plantearnos que no se puede decir que las máquinas, en este caso la IA, piensen...

Depende de qué entendamos por pensar. En un sentido práctico, sí, porque son capaces de resolver problemas o responder preguntas. Pero no piensan como nosotros. No tienen conciencia, valores ni comprensión. Están diseñadas para procesar patrones y ofrecer respuestas probabilísticas a partir de datos con los que han sido entrenadas. Eso no es entender, aunque se parezca mucho a lo que hacemos los humanos.

Hace años que existe la IA, ¿qué ha marcado el punto de inflexión?

Porque a partir del 30 de noviembre de 2022 la inteligencia artificial, en concreto ChatGP empezó a utilizar el lenguaje tan bien como nosotros o incluso mejor. Y el lenguaje nos fascina. Es la herramienta más importante que tenemos para intercambiar información y la que nos ha traído hasta aquí como especie. Cuando una máquina nos habla de forma fluida, tendemos a atribuirle intenciones o capacidades humanas. Ese es uno de los grandes cambios.

La inteligencia artificial debe potenciar nuestras capacidades, no anularlas

¿Dónde puede ser más útil la inteligencia artificial en sanidad?

El sistema sanitario tiene cuatro grandes funciones: investigar, educar, prestar asistencia clínica y gestionar. Donde va a impactar antes y con menos riesgo es en la gestión. Hay demasiados procesos administrativos de bajo valor que consumen muchísimo tiempo a los profesionales. Si la inteligencia artificial libera ese tiempo, los médicos podrán dedicarlo a tareas más humanas.

¿Y mejorar la profesión?

Hoy un médico puede pasar entre el 50% y el 60% de una consulta mirando una pantalla. Con herramientas de procesamiento de lenguaje natural, la conversación entre médico y paciente podría convertirse automáticamente en un informe clínico. Eso mejoraría la relación, la calidad de los datos recogidos y permitiría identificar, por ejemplo, pacientes que pueden participar en ensayos clínicos. Habría que cambiar procesos y reentrenar a los profesionales. Con la digitalización hemos perdido habilidades de entrevista clínica. Y la inteligencia artificial solo puede capturar lo que oye. Si no hacemos bien las preguntas o no escuchamos adecuadamente, la herramienta no servirá. Por eso la comunicación es clave. Las personas que dominen el lenguaje y sepan traducir sus ideas a instrucciones útiles para las máquinas tendrán más éxito.

¿Puede ayudar en el diagnóstico?

Sí, porque puede analizar muchos datos e identificar patrones que los humanos no vemos por nuestra limitada capacidad de procesamiento. Puede sugerir diagnósticos al relacionar datos que quizá se nos escapan. Pero hay que recordar que los datos dependen del contexto. Si están mal recogidos, sesgados o no son fiables, la inteligencia artificial puede llevar a errores.

Está claro que es el médico quien debe decidir...

La inteligencia artificial debe formar equipo con pacientes y profesionales. El médico aporta experiencia, intuición clínica y elementos subjetivos que la máquina no capta. A veces un paciente dice que se encuentra mal aunque los datos objetivos sean normales, y eso puede tener valor clínico. La IA trabaja bien con datos objetivos, pero no entiende a la persona en su totalidad.

La máquina no se cansa, pero el humano comete errores por fatiga

¿Qué aplicaciones prácticas ya están más avanzadas en sanidad?

Sobre todo las relacionadas con imagen médica, como radiología o anatomía patológica. Los modelos de aprendizaje automático pueden ayudar a detectar fracturas, lesiones o patrones en cribados. La máquina no se cansa, mientras que los humanos cometemos errores por fatiga. Un radiólogo ayudado por inteligencia artificial puede mejorar la fiabilidad del diagnóstico. Pero estas herramientas deben estar muy tasadas y auditadas.

¿Está preparada la formación médica?

No suficientemente. Hay estudios que muestran que solo una parte de las facultades de Medicina tienen asignaturas específicas sobre inteligencia artificial. Hace falta una estrategia nacional, no iniciativas aisladas. Esta tecnología cambia flujos de poder y puede generar inequidad. Quienes tengan más recursos cognitivos o económicos accederán antes a mejores herramientas. Es un riesgo social. Si no alfabetizamos a toda la población, podemos crear sociedades muy desiguales. Una parte tendrá acceso a herramientas potentes y otra quedará excluida. Eso es especialmente grave porque afecta a nuestras capacidades cognitivas y a nuestra posibilidad de desenvolvernos en una vida rodeada de inteligencia artificial.

¿Cómo aceptan los profesionales sanitarios esta tecnología?

Hay resistencias porque cuestiona parte de nuestra biografía profesional. Uno se ha formado en un modelo y de repente parece que todo cambia. Pero la experiencia sigue siendo muy valiosa. Quienes tienen criterio pueden sacar más provecho de estas herramientas. El riesgo mayor está en quienes no tienen experiencia previa y pueden delegar demasiado.

¿Cuál sería la conclusión sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito de la sanidad?

No vamos a eliminar la enfermedad, el sufrimiento ni la muerte con la inteligencia artificial. Lo importante es usarla para vivir mejores vidas, ayudar a más personas y mejorar la asistencia sanitaria. Quizá no somos el último eslabón de la evolución, sino solo un paso. Pero, en cualquier caso, debemos intentar mejorar la vida de las personas.

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