Judicial
El acusado de intentar matar a su ex con una lanza en Vigo niega el ataque: «Si la hubiese agredido, habría sido más radical»
La víctima declaró en la Audiencia que el hombre la apuñaló con una lanza artesanal y la golpeó en la cabeza hasta dejarla inconsciente
El juicio quedó suspendido hasta el 7 de julio por la ausencia de dos testigos

Juicio por intento de homicidio, este martes en la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Pontevedra. / Gustavo Santos
El hombre acusado de intentar matar a su expareja en una chabola de Vigo negó este martes ante la Audiencia Provincial de Pontevedra haberla agredido y dejó una de las frases más llamativas de la vista: «Si la hubiese agredido, habría sido más radical». El procesado, que se enfrenta a una petición de 14 años y seis meses de prisión, sostuvo que no buscaba verse implicado en una causa tan grave y aseguró que su intención aquel día era denunciar a la mujer por el supuesto robo de 700 euros.
La vista se celebró en la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial, aunque quedó suspendida hasta el próximo 7 de julio por la ausencia de dos testigos que se encontraban de baja y a los que las partes no quisieron renunciar.
Los hechos juzgados ocurrieron el 15 de junio de 2025, sobre las ocho de la tarde, en una chabola del barrio vigués de Castrelos. Según el escrito de la Fiscalía, el acusado se presentó en el domicilio de su expareja armado con una estaca con un objeto punzante en el extremo, a modo de lanza, además de una mochila en la que llevaba armas blancas de fabricación artesanal y un bote con gasolina. La acusación pública sostiene que acudió al lugar con intención de acabar con la vida de la mujer.
Durante su declaración, el procesado negó esa versión. Admitió que portaba una pata de cabra y un arma punzante dentro de una mochila, pero insistió en que no las utilizó contra la víctima. Afirmó que había acudido a la vivienda porque le faltaban 700 euros de su casa y sospechaba que se los había quitado ella, ya que conservaba llaves pese a que la relación sentimental había terminado años atrás.
El acusado reconoció que ese día había bebido «tres, cuatro o cinco cervezas» y explicó que discutió con la mujer, pero mantuvo que se limitó a amenazarla con denunciarla. Preguntado por las lesiones que presentaba la víctima, apuntó a una posible agresión previa por parte de un hermano de ella, con quien, según dijo, mantenía una mala relación.
Ante el tribunal, el hombre también hizo referencia a sus antecedentes penales. «Ya pagué dos homicidios con 27 años de cárcel», manifestó, para defender que en esta ocasión no pretendía cometer ningún hecho de semejante gravedad. El procesado se encuentra en prisión desde su detención y cuenta con antecedentes, entre ellos una condena anterior por homicidio por la que cumplió 11 años de cárcel.
La versión de la víctima fue totalmente distinta. La mujer relató que ambos habían mantenido una relación durante casi tres décadas, marcada, según dijo, por insultos y amenazas de muerte constantes. Aseguró que llevaban cuatro años separados porque él quería retomar una vida vinculada a las drogas que ella no deseaba repetir. «Él estaba obsesionado conmigo», declaró.
La mujer explicó que diez días antes de los hechos ya lo había denunciado por amenazas telefónicas, aunque no se le impuso entonces una orden de alejamiento. El día del ataque, según su testimonio, se percató de la llegada del acusado por el ladrido de los perros. Al verlo, trató de cerrar la puerta de la chabola, pero él habría conseguido abrirla utilizando una pata de cabra.
De acuerdo con su relato, la agresión se produjo en el exterior de la vivienda. La víctima declaró que el acusado llevaba un objeto afilado sujeto a un palo largo, similar a una lanza artesanal, y que con él la cortó. Después, siempre según su testimonio, la golpeó en la cabeza con la pata de cabra, momento en el que perdió la conciencia. Cuando despertó, estaba en el hospital.
La Fiscalía sostiene que el hombre forzó la entrada de la vivienda, empujó a la mujer hacia fuera y la atacó mientras le gritaba amenazas de muerte. Según el Ministerio Público, le clavó la lanza en el costado izquierdo y en el brazo izquierdo, y, tras golpearla en la cabeza con la pata de cabra y dejarla aturdida en el suelo, volvió a clavarle la estaca en la espalda. Las heridas le provocaron lesiones graves y llegaron a generar riesgo vital.
Durante la sesión también declararon familiares de la víctima que se encontraban en la vivienda aquel día. Sus hermanos describieron la mala relación previa que mantenían con el acusado y aseguraron haberlo visto intentar entrar en la casa. La nuera de la mujer señaló que también fue amenazada, aunque, al encontrarse con un bebé de un mes, el acusado la dejó marcharse.
Uno de los policías que acudió al lugar explicó que encontraron a la víctima en el suelo, sangrando de forma muy abundante. Según su testimonio, en un primer momento parecía muerta, aunque comprobaron que todavía tenía pulso. Los agentes trataron de taponar las heridas hasta la llegada de los servicios sanitarios.
La investigación, sin embargo, no arrojó restos de ADN concluyentes en las armas localizadas en una maleta en las inmediaciones de la chabola. Los profesionales encargados de analizarlas indicaron que no se encontraron perfiles genéticos que permitieran atribuir directamente su uso al acusado.
El Ministerio Público considera los hechos constitutivos de un delito de asesinato en grado de tentativa y aprecia las agravantes de género, reincidencia y parentesco. Además de la pena de 14 años y seis meses de prisión, solicita que se le prohíba aproximarse a menos de 500 metros de la víctima.
El juicio continuará el 7 de julio con la declaración de los testigos pendientes, una prueba que las partes consideran relevante para completar el relato de lo ocurrido aquella tarde en Castrelos.
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