Celestino García Braña recibe el Premio a la Excelencia y Compromiso Profesional 2026
El arquitecto, afincado en Pontevedra desde 1972, recibe el máximo galardón de la Unión Profesional de Galicia por su trayectoria en la conservación del patrimonio

Intervención de Celestino García Braña durante en la entrega de premios. / FdV
La arquitectura gallega se mide por el rastro que deja en el territorio, por la honestidad de sus materiales y por el respeto casi sagrado hacia los muros que heredó del pasado. Celestino García Braña, asturiano de nacimiento pero afincado en Pontevedra desde que se colegió en 1972, acaba de recibir el máximo reconocimiento de sus iguales en Santiago, donde la Unión Profesional de Galicia le ha entregado el Premio a la Excelencia y Compromiso Profesional 2026.
La distinción, otorgada en una emotiva gala el pasado sábado en el Hotel OCA Puerta del Camino, premia una trayectoria integral que une el rigor técnico del constructor con un profundo humanismo que ha transformado el urbanismo y la conservación del patrimonio cultural en Galicia y en el conjunto del Estado.
El Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG), entidad que propuso su candidatura y que García Braña capitaneó como decano entre 2005 y 2011 —un período dorado de modernización institucional y defensa de la calidad del territorio—, arropó al premiado con la presencia de su plana mayor: el decano Luciano Alfaya, la secretaria María Pierres y el presidente de la delegación pontevedresa, Anselmo Villanueva. Los representantes del colectivo no dudaron en calificarlo como «una de las figuras más influentes y respectadas» del panorama actual, un maestro que ha sabido compaginar la práctica a pie de obra con la docencia en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña y la vicepresidencia de la Real Academia Galega de Belas Artes.
El catálogo de sus intervenciones es un mapa vivo de la Galicia contemporánea que sabe mirar a sus raíces. En la memoria colectiva quedan proyectos tan ambiciosos como la rehabilitación y ampliación del Museo de Pontevedra (1999-2002), realizada junto a Javier Reboredo; la reconversión del Edificio del Colegio de Aparejadores en la histórica plaza del Peirao; o el albergue de peregrinos de Ribadiso, en Arzúa, un antiguo hospital medieval a la vera del río Iso que le valió el aplauso unánime de la crítica española.
Con este galardón, concedido por una federación que representa a 85.000 profesionales de 43 colegios oficiales, el legado de García Braña se consolida como un referente imprescindible
Su sensibilidad litoral también dejó huella en la ordenación de la playa de A Lanzada, un proyecto pionero diseñado en 1994 junto a Isabel Aguirre, Fernando Agrasar e Iago Seara, que demostró que el turismo y la protección del ecosistema dunar podían coexistir a través de miradores y pasarelas de madera respetuosas con el entorno.
Con este galardón, concedido por una federación que representa a 85.000 profesionales de 43 colegios oficiales, el legado de García Braña se consolida como un referente imprescindible. Su firma, vinculada también internacionalmente al estudio del Movimiento Moderno a través de la Fundación DOCOMOMO Ibérico, sigue demostrando que la mejor arquitectura no es la que hace más ruido, sino la que mejor sabe escuchar el paisaje, dialogar con la historia y ofrecer, como el tejado de su célebre albergue de Bendoiro en Lalín, una reconfortante sensación de acubillo.
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