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Medio rural en Pontevedra

Vacas cachenas, GPS y padrinos para la gestión del monte de Lourizán

Iván Pérez impulsa junto a otros vecinos un proyecto de silvopastoreo en terrenos comunales que combina prevención de incendios, recuperación de una raza autóctona y economía local

Iván Pérez con dos de los cinco ejemplares de vaca cachena que ya están en los montes de Lourizán.

Gustavo Santos

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Pontevedra

En unas 40 hectáreas de los montes comunales de Lourizán, un grupo de vecinos ha puesto en marcha un proyecto de silvopastoreo que combina prevención de incendios, recuperación de una raza autóctona, economía local y tecnología. La iniciativa, impulsada por Iván Pérez junto a otros residentes de la parroquia, introduce vacas cachenas para controlar la biomasa y recuperar el uso ganadero del monte, pero con una particularidad, ya que los animales se manejan mediante collares GPS y vallado virtual.

Iván Pérez, vinculado desde hace dos décadas al dispositivo de prevención y extinción de incendios y desde hace diez años a la gestión forestal (fue el presidente de la Mancomunidade de Montes de Pontevedra y forma parte del colectivo Savia Nova, de defensa y puesta en valor del medio natural), insiste en que su objetivo no es convertirse en ganadero, sino desarrollar un proyecto demostrativo. «Lo que quiero es educar con el ejemplo, haciendo un proyecto demostrativo de cómo podemos intervenir en el monte de la manera más eficiente posible», explica en una visita de FARO a los terrenos en los que se encuentran estas vacas cachenas.

Para él, la clave está en unir tradición y modernidad: emplear la ganadería extensiva, un método tradicional para controlar el matorral, con herramientas tecnológicas que facilitan el manejo.

En este sentido, subraya que «la elección de la cachena no es casual». Es una raza rústica, resistente y bien adaptada al monte gallego. Pérez se interesó por ella hace años, durante una acampada personal cerca del Xurés, zona de la que son originarios estos animales. Tiempo después, supo que un vecino de Lourizán, Miguel, tenía dos vacas adultas de esta raza y decidió facilitar que pudieran subir al monte para comprobar si contribuían al mantenimiento de zonas afectadas por las fajas secundarias de gestión de biomasa, donde los desbroces son continuos y costosos.

"Algunos amigos y conocidos colaboraron apadrinando a dos de las vacas"

Iván Pérez

— Impulsor del proyecto

«Desde hace muchos años queríamos introducir ganado en esas zonas, porque es inviable mantener la biomasa a base de desbroces de forma constante», señala. Según sus cálculos, actuar sobre cuatro hectáreas puede suponer unos 4.000 euros entre desbroce mecanizado y manual. Frente a ese gasto recurrente, la ganadería extensiva se presenta como una alternativa más natural y estable.

La primera prueba funcionó. Las dos vacas adultas se adaptaron al terreno y tuvieron dos crías. A partir de ahí, la iniciativa creció y con un gesto bien bonito, ya que algunos vecinos y conocidos de Iván y Miguel decidieron apadrinar a los animales y posteriormente se planteó ampliar la cabaña ganadera. Actualmente hay diez reses vinculadas al proyecto: siete bajo el registro ganadero de Iván Pérez y tres en el de Miguel, entre ejemplares adultos, crías y nuevas terneras en fase de adaptación.

Los animales se mueven con libertad por los terrenos comunales, contribuyendo a la prevención de fuegos. | GUSTAVO SANTOS

Los animales se mueven con libertad por los terrenos comunales, contribuyendo a la prevención de fuegos. | GUSTAVO SANTOS

Tres dimensiones

El proyecto se apoya en tres dimensiones: ecológica, económica y social. En el plano ambiental, las vacas controlan el matorral, generan pastizales y crean discontinuidades vegetales que pueden resultar decisivas frente al fuego. Iván Pérez recuerda el reciente incendio del Monte Galleiro en abril, donde comprobó que las zonas de pasto con ganado ayudaron a frenar las llamas. En Lourizán, además, la experiencia se desarrolla en un entorno afectado por incendios recientes, con unas doce hectáreas quemadas el año pasado y todavía con restos visibles de madera afectada.

La dimensión económica pasa por generar producto local de valor añadido. Entre los vecinos implicados hay también una persona vinculada a la restauración, que cuenta con dos restaurantes en Pontevedra, lo que abre la posibilidad de cerrar el círculo entre monte, bienestar animal, carne de proximidad y consumo local. Pérez defiende que los animales están «en condiciones óptimas, bien alimentados, en extensivo, controlando biomasa», dentro de un modelo más ligado al territorio que a la producción intensiva.

La tercera pata es la social. El proyecto ha servido para reforzar vínculos entre vecinos que se conocían, pero apenas tenían trato. Unos colaboran en el manejo de los animales, otros en los permisos, otros en los cierres o en las gestiones administrativas. Además, la presencia de las vacas ha cambiado la relación de muchos vecinos con el monte, ya que tal y como explica Pérez, «quienes pasean por la zona las ven, las reconocen y, en algunos casos, las sienten como propias gracias al sistema de apadrinamiento».

Iván Pérez entre las vacas cachenas y una ternera de solo unos meses.

Iván Pérez entre las vacas cachenas y una ternera de solo unos meses. / GUSTAVO SANTOS

Burocracia

Para desarrollar la iniciativa fue necesario cumplir diversos trámites, como crear registros ganaderos, contar con autorización veterinaria, obtener el permiso de la asamblea de la comunidad de montes y disponer de un monte autorizado para pastoreo. También hubo que resolver una cuestión básica: el acceso al agua, logrado gracias a la colaboración de un vecino.

Las nuevas terneras, en un terreno privado por el momento, atraviesan ahora una fase de entrenamiento del vallado virtual antes de incorporarse plenamente al monte vecinal. Al proceder de entornos más abiertos, son más asustadizas que los primeros ejemplares. La meta es que, cuando estén preparadas y tengan más edad, puedan integrarse progresivamente con sus futuras compañeras.

"Si le tengo miedo a algo no es al lobo, sino a cuatreros que vengan a robar"

El vallado virtual es, para Pérez, el elemento que «marca un antes y un después». El sistema funciona mediante collares con GPS que permiten conocer la ubicación de cada vaca y delimitar desde una aplicación móvil el espacio por el que pueden moverse.

Además, los recorridos registrados por los collares aportan información útil sobre el territorio. Pérez puede saber qué zonas utilizan los animales, cuáles evitan y dónde puede haber mayor densidad de vegetación o necesidad de intervención.

Las vacas incorporadas más recientemente, aún en una finca privada. | GUSTAVO SANTOS

Las vacas incorporadas más recientemente, aún en una finca privada. / GUSTAVO SANTOS

Ser un modelo a seguir

Pérez aspira a que la experiencia no quede en una iniciativa aislada, sino que sirva como modelo demostrativo de gestión del monte. Cree que Lourizán reúne condiciones idóneas por su proximidad a la Escuela de Capataces, la escuela de ingeniería de Pontevedra y el Centro de Investigación Forestal de Lourizán. También ve posibilidades de conexión con otros proyectos locales, como rutas a caballo, yacimientos arqueológicos y valorización paisajística. «Sería interesantísimo que la Xunta y el servicio de Montes viese aquí un proyecto modelo por el que apostar», desea.

El problema de la lluvia

Sobre la clásica pregunta del bienestar físico de la vaca cachena, hay que recordar que soporta bien el frío y las condiciones duras, «aunque la lluvia es uno de los retos en una zona como Lourizán». Por ello, estos vecinos estudian crear espacios cubiertos donde los animales puedan resguardarse.

En cuanto a las amenazas, Iván Pérez confiesa que teme más los robos o actos vandálicos que al lobo, cuya llegada incluso interpretaría como una señal de mejora ecológica del territorio.

«Si el lobo llegase, me alegraría porque querría decir que hay una expansión y que el entorno empieza a mejorar biológicamente», reflexiona. «A día de hoy si tengo miedo a algo sería a cuatreros y a personas que puedan venira a robar que al propio lobo», concluye convencido.

El vallado virtual, la tecnología que cambia el manejo del ganado

El vallado virtual es una de las piezas que hace viable el proyecto de pastoreo con vacas cachenas en el monte de Lourizán. El sistema funciona con collares con GPS que permiten tener localizadas a los ejemplares y delimitar desde una aplicación móvil la superficie por la que interesa que se muevan, sin necesidad de instalar cierres físicos.

Cuando una vaca se acerca al límite marcado, el collar emite primero una señal acústica. Si continúa avanzando, recibe una pequeña descarga equivalente a la de un pastor eléctrico. Para que el sistema funcione, los animales necesitan un entrenamiento previo en una finca cerrada, donde aprenden a asociar los pitidos con el borde.

Frente al vallado tradicional, esta tecnología evita robos de baterías, cortes en los cierres, puertas abiertas o conflictos con otros usuarios del monte. Además, permite modificar las áreas de pastoreo desde el móvil y adaptar el manejo a las necesidades del terreno.

Actualmente emplean collares de una empresa noruega, aunque Pérez asegura que le gustaría trabajar en el futuro con soluciones locales, como una marca de Lugo que todavía no tenía desarrollado el sistema cuando el proyecto arrancó.

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