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El icónico cuadro de Castelao «A derradeira leición do mestre» aterriza en Pontevedra con tecnología de vanguardia para su protección

Desde que la obra salió de Buenos Aires el pasado día 8, cada movimiento ha estado monitorizado con precisión

«Así como la emigración arropó a Castelao en su exilio político, hoy está aquí el cuadro para que todos los gallegos que lo deseen arropen su obra y la vengan a visitar», señalan desde el Centro Galicia, que cede la pieza

El icónico cuadro de Castelao «A derradeira leición do mestre» ya está en Pontevedra a espera de ser expuesto

Gustavo Santos

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Pontevedra

El Edificio Castelao vivió este miércoles el regreso a Galicia de un símbolo, el reencuentro de la memoria gallega con su propio espejo. «A derradeira leición do mestre», la obra cumbre que Alfonso Daniel Rodríguez Castelao pintó en 1945 en el exilio bonaerense, ya descansa en la ciudad del Lérez. El vicepresidente de la Diputación, Rafa Domínguez, no ocultaba que se trata de «un día de enorme ledicia, porque é un gran obra. Chega a Pontevedra despois de moitísimo traballo, de moitísimos trámites», un cuadro icónico que se expondrá durante dos meses en el Museo, donde podrá observarse la obra completa del artista, político y galleguista, tras más de 30 meses de diplomacia cultural.

El viaje no ha dejado nada al azar. Desde que la obra, un óleo sobre lienzo de 200 x 136 centímetros salió de Buenos Aires el pasado día 8 con destino a Alemania y posteriormente a Madrid, cada movimiento ha estado monitorizado con precisión, rodeando al lienzo de una burbuja tecnológica para que la joya de la emigración no sufriese el menor rasguño. Domínguez desgranaba con asombro esas peculiaridades que evidencian el enorme valor de la pieza: «O cadro ten un xeolocalizador para que sepamos en todo momento onde está. Ten un chivato para saber se recibiu golpes de importancia. Sabemos en todo momento a humidade que tivo, sabemos o a temperatura que tivo, polo tanto está perfectamente documentado e trazado».

Junto al cajón, vigilando cada transbordo, ha viajado como custodio humano Alberto Vázquez López, actuando como el correo oficial del Centro Galicia. Condensaba el sentir de toda una comunidad al otro lado del océano, recordando el cordón umbilical que une este óleo con la historia de los que tuvieron que partir: «Somos orgullosamente hijos de la emigración gallega en Buenos Aires y así como esa emigración arropó a Castelao en su exilio político, hoy está aquí el cuadro para que todos los gallegos que lo deseen arropen su obra y la vengan a visitar. Estamos encantados que esté en este lugar», a fin de que los compatriotas del político y artista «puedan disfrutar una obra exquisita y única que va a dialogar por primera vez con la mayor parte de la obra de Castelao».

Dos trajadores del Museo trasladan el óleo

Dos trajadores del Museo trasladan el óleo / Gustavo Santos

Tras su llegada al museo, la caja permaneció cerrada durante veinticuatro horas para permitir que la pintura se aclimatase de forma progresiva a la atmósfera gallega, protegiéndola de los temidos cambios bruscos del transporte. Fue esta mañana cuando el equipo técnico, comandado por la jefa de restauración, procedió al desempate y al examen minucioso de la policromía. Su diagnóstico trajo la tranquilidad definitiva.

«Yo desde la parte técnica puedo decir que es una satisfacción ver que la obra llega en perfecto estado, en buenas condiciones», explicaba la restauradora a pie de sala, detallando que, tras evaluar el lienzo, que ya había sido restaurado en 2008, «se conserva en perfecto estado» y que la caja venía tan bien acondicionada para los cambios térmicos que ahora solo resta aplicar «la rutina de todas las obras» y hacerle un seguimiento constante en una sala perfectamente climatizada hasta que toque despedirla en septiembre.

La obra, que tras su llegada al Museo permaneció cerrada durante veinticuatro horas para permitir que la pintura se aclimatase y protegerla de los cambios bruscos, se exhibirá en el Edificio Castelao a partir del próximo día 25 y hasta finales de septiembre

La expectación que rodea el regreso del óleo trasciende lo puramente artístico; es una sacudida política y social. Sobre las cabezas de los asistentes flotaba inevitablemente el recuerdo de Alexandre Bóveda, el intelectual galeguista fusilado en el arranque de la Guerra Civil cuyo martirio inspiró la desgarradora escena del maestro muerto ante los ojos de los niños. La herida, todavía honda, se hizo evidente cuando surgió la pregunta de si la familia de Bóveda acudiría a la inauguración oficial.

Rafa Domínguez, que desveló haber mantenido una reunión privada con los hijos en la jornada de ayer, mostró su respeto absoluto hacia la intimidad del dolor: «Amalia Bóveda é unha persoa de moita idade. Para ela vai ser un shock moi importante ver o cadro outra vez e vai ter toda a liberdade para facelo de forma privada, de forma pública e dende logo non vou facer ningunha crítica de ningún tipo a nin a Amalia nin a súa familia».

Rafa Domínguez, Luis López y Alberto Vázquez, del Centro Galicia, asistieron al debut de la obra en la sala donde se exhibirá hasta septiembre.

Rafa Domínguez, Luis López y Alberto Vázquez, del Centro Galicia, asistieron al debut de la obra en la sala donde se exhibirá hasta septiembre. / Gustavo Santos

Para la directora del museo, Ángeles Tilve, que convive a diario con el universo del rianxeiro, ver este cuadro encajar por fin en el puzle de la colección local es la culminación de un sueño colectivo que durante décadas parecía inalcanzable. «Unha satisfacción enorme como podedes imaxinar. Este cadro quixose traer en algún xa fai anos ao museo, nunca foi posible facelo e claro, telo hoxe aquí, onde sabedes que esta casa é onde Castelao quixo que se conservara o grosor da súa obra e concretamente toda toda a parte de todas esas obras de guerra, onde está a estampa que dá orixe a este cadro, pois imaxinade despois de estar traballando con Castelao día con día, de case case un compañeiro máis, a parte de dun un artista fundamental neste museo, pois é unha satisfacción enorme», confesaba.

Tilve, que al igual que el presidente de la Diputación, Luis López, asistió al desembalado, recordaba cómo la pintura la había sobrecogido al contemplarla por primera vez en Buenos Aires, un impacto íntimo que ahora aspira a contagiar a los miles de visitantes que cruzarán las puertas del edificio a partir del 25 de junio, cuando la obra se exponga rodeada de los dibujos y materiales originales que le dieron vida y la contextualizan. Comienza ahora la cuenta atrás para que los pontevedreses se miren, setenta y un años después, en el testamento pictórico de su pasado.

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