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Cerponzóns

De cómo un legado transformó la enseñanza en una parroquia

Cerponzóns recupera con una exposición la memoria de Francisco Fernández González de Prada, el sacerdote que hace 120 años legó su vivienda para educar a los niños pobres de la parroquia

La Casa do Pobo, anteriormente vivienda familiar del párroco Francisco Fernández González de Prada.

La Casa do Pobo, anteriormente vivienda familiar del párroco Francisco Fernández González de Prada. / GUSTAVO SANTOS

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Pontevedra

La parroquia pontevedresa de Cerponzóns conmemora estos días uno de los episodios más significativos de su historia colectiva: el 120 aniversario de la donación realizada por Francisco Fernández González de Prada, sacerdote de San Vicente de Cerponzóns, que dejó como legado la casa que hoy se conoce como Casa do Pobo para que fuese destinada a escuela de los niños pobres de la parroquia.

Precisamente este domingo, se inauguró una exposición conmemorativa dedicada al sacerdote y a la trascendencia de aquel gesto altruista que tanto benefició al pueblo. La muestra fue abierta por la presidenta de la Asociación de Veciños O Chedeiro, Liliana Casás, y por la vecina Ana Sedano, una de las colaboradoras del trabajo de investigación histórica que permitió reunir los materiales expuestos.

Fueron muchos los vecinos los que se quisieron pasar ya este domingo por la Casa do Pobo para conocer de primera mano la figura de Francisco Fernández González de Prada y la importancia de una obra que marcó la vida de varias generaciones de vecinos. A través de documentos, fotografías, publicaciones y explicaciones ofrecidas por el secretario de la asociación, Juan José Esperón, los visitantes pudieron acercarse a una herencia que permitió que niños y niñas de la parroquia tuviesen acceso a la educación en una época en la que no todas las familias podían garantizarla.

La exposición es fruto de un amplio trabajo de documentación e investigación. Para su elaboración se utilizaron materiales procedentes de los apuntes conservados por el recordado sacerdote Manuel Míguez, noticias históricas localizadas en la hemeroteca digital Galiciana, publicaciones del blog de la vecina Ana Sedano, documentación remitida desde Argentina por familiares de Fernández de Prada y diversas aportaciones vecinales.

La exposición recoge documentos fruto de una amplia investigación local. | GUSTAVO SANTOS

La exposición recoge documentos fruto de una amplia investigación local. | GUSTAVO SANTOS

Aprender a escribir y contar

La figura de Francisco Fernández González de Prada permanece estrechamente ligada a Cerponzóns. Según la documentación recopilada por el investigador local Juan José Esperón en el blog «O Roque de Cerponzóns», el sacerdote otorgó testamento cerrado el 11 de junio de 1906 en Pontevedra, ante el notario Eustaquio Fidel González. En una de sus cláusulas dejó expresada su voluntad de fundar una escuela en San Vicente de Cerponzóns «para que los niños de padres pobres de la parroquia aprendan a leer, escribir, contar y, sobre todo, la Doctrina Cristiana». Hace ahora 120 años de eso.

Aquel mandato testamentario convirtió su vivienda en un espacio de enseñanza y beneficencia. No fue solo una cesión patrimonial, sino una decisión con una profunda carga social. En el rural de principios del siglo XX, disponer de una escuela podía suponer la diferencia entre quedar al margen de la alfabetización o tener una oportunidad de futuro.

La fundación fue tramitada por su albacea, Arturo Montes Neira, quien hizo efectiva la voluntad del sacerdote. Fernández González de Prada dotó inicialmente la escuela con 14.000 pesetas nominales, cantidad que posteriormente fue elevada a 23.500 pesetas en títulos de Deuda al 4%, con el objetivo de garantizar el sostenimiento de la obra educativa.

En 1907, la escuela fundada en San Vicente de Cerponzóns fue clasificada como de Beneficencia particular. El patronato quedó en manos del Arzobispo de Santiago de Compostela y, en caso de vacante, del Vicario Capitular, conforme a lo recogido en la escritura fundacional.

La conmemoración del 120 aniversario permite recuperar no solo la memoria del sacerdote, sino también el valor simbólico de un edificio que continúa siendo punto de encuentro para la parroquia. La actual Casa do Pobo nació de una voluntad de servicio a los más vulnerables y mantiene, más de un siglo después, su condición de espacio comunitario.

Ciento veinte años después de aquella donación, Cerponzóns reivindica el legado de Francisco Fernández González de Prada como una parte esencial de su identidad. Su historia recuerda que la educación fue, también en las pequeñas parroquias rurales, una herramienta de dignidad, progreso y justicia social.

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