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SELLO DE CALDAS EN EL ICÓNICO TEMPLO

El cantero gallego de Antoni Gaudí

Desde Arcos da Condesa hasta Barcelona, un artesano gallego participa en una de las obras arquitectónicas más emblemáticas del mundo. Su historia es la de un oficio aprendido con las manos, una vocación descubierta a tiempo y una vida marcada por la piedra, la recuperación y la Sagrada Familia.

César Iglesias trabaja sobre una figura de la Sagrada Familia.

César Iglesias trabaja sobre una figura de la Sagrada Familia. / FdV

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Miguel Salgado Reboreda

Miguel Salgado Reboreda

Pontevedra

La tradición cuenta desde tiempos inmemoriales que siempre, vayas a donde vayas, va a haber un gallego. Las obras de la Sagrada Familia, en Barcelona, no iban a ser menos. César Iglesias Feijóo, vecino de Arcos da Condesa, perteneciente al Concello de Caldas de Reis, es uno de los canteros que están realizando labores de escultura en la basílica barcelonesa.

Tras iniciar estudios de Administración, una decisión que tomó de forma rápida, pronto comprendió que su vocación estaba vinculada al trabajo manual y artístico. Por ello, decidió orientar su formación hacia la cantería y los oficios tradicionales. Su trayectoria comenzó en la Escuela de Canteros, donde se formó durante cinco años. Posteriormente, amplió sus estudios en la Escuela de Altos Oficios de León, especializándose en técnicas de labra y otros trabajos relacionados con la piedra.

Al finalizar su formación, con 21 años, se dio de alta como autónomo y abrió un pequeño taller en la casa familiar. Años después, durante un viaje a Barcelona, visitó la Sagrada Familia y quedó fascinado por la geometría de Gaudí, especialmente por los paraboloides y las formas orgánicas.

Las obras, desde el aire. | FDV

Las obras, desde el aire. / FdV

Aquella visita marcó un punto de inflexión en su carrera. Tras enviar su currículum y superar algunas pruebas, consiguió incorporarse al equipo de trabajo del templo barcelonés, donde continúa desarrollando su oficio.

La adaptación no fue sencilla. Para alguien de Galicia, formado en la cantería y acostumbrado a su tierra, marcharse a Barcelona supuso un reto personal. Al principio pensó que sería solo una temporada de «seis meses, quizá un año», pero el tiempo fue pasando, el trabajo continuó y la vida se fue asentando.

La visita de León XIV esta misma semana hizo que la ciudad se sumiera en un caos organizativo imponente, en especial para todos los implicados en la construcción del interior y exterior de la Sagrada Familia. «Para mí la presencia del papa era relevante, claro, pero estos días han sido muy intensos para todo el mundo, no solo en mi sector. Toda la gente que está gestionando el trabajo dentro de la obra ha vivido días muy movidos, con mucha presión, pero bueno, se entiende que, para este tipo de eventos, la presión está ahí. Casi se puede tocar», explicó el caldense afincado en la Ciudad Condal.

Futuras piezas de la Basílica | FDV

Futuras piezas de la Basílica. / FdV

Desde dentro, la visión sobre la Sagrada Familia es distinta a la que se tiene desde fuera. Durante años se ha repetido que la basílica no se acaba nunca, que es una obra interminable. Él lo ha escuchado desde que llegó. Pero quien trabaja allí entiende la magnitud real del proyecto. Es una basílica de dimensiones excepcionales, con una complejidad técnica enorme, innumerables piezas, recursos, esquinas, detalles y proyectos superpuestos. Cada elemento requiere tiempo, precisión y conocimiento.

«No quiero ponerme ninguna medalla, pero quizá soy una de esas pocas personas que pueden llegar a ver cómo se acaba la Sagrada Familia, y eso también es bonito decirlo. A nivel personal, tiene algo especial», asegura Iglesias.

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