Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

«Por cada euro público que recibe la universidad, reporta un impacto de dos euros a su territorio»

«El verdadero patrimonio de la UVigo no son sus edificios, sino el talento que en ellos arraiga», señala el presidente del Consello Social, que será homenajeado el próximo día 17 en el 30 aniversario del órgano de gobierno que encabeza

Ernesto Pedrosa, presidente del Consello Social de la UVigo.

Ernesto Pedrosa, presidente del Consello Social de la UVigo. / Gustavo Santos

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

La Facultade de Ciencias Económicas del campus de Vigo mudará el próximo día 17 su rutina académica para transformarse en un espacio de memoria y reconocimiento. Se cumplen 30 años desde que el Consello Social de la Universidade de Vigo (UVigo) echó a andar, tres décadas tendiendo puentes entre el ecosistema empresarial, las instituciones y las aulas donde se modela el futuro de Galicia. En el centro de esa travesía se encuentra Ernesto Pedrosa, que acumula ya quince años de servicio en este órgano, primero como consejero y luego en la presidencia. Lejos de la frialdad de los balances contables, recibe la noticia de su próximo homenaje con la gratitud de quien entiende que «el verdadero patrimonio de la universidad no son sus edificios, sino el talento que en ellos arraiga».

¿Cuál considera que ha sido el mayor impacto, ese más invisible, que ha tenido el Consello Social en la vida de los miles de gallegos que han pasado por las aulas en estos treinta años?

Treinta años equivalen a más de una generación entera de gallegos. En el Consello Social hemos intentado, de manera constante, estar cada vez más presentes en la vida y en la evolución de la universidad, orientando siempre nuestra actividad hacia los alumnos, con quienes colaboramos estrechamente. Si tuviera que definir nuestro impacto con un carácter generalista, destacaría la excelente relación que mantenemos con todos los rectores y equipos de gobierno que han pasado por la institución. Es una sintonía que no siempre se da en otros lugares de España. Somos, por ley, un órgano de control; nos corresponde la tarea de aprobar los presupuestos y las nuevas titulaciones, entre otros muchos cometidos esenciales. Pero a mayores de esa labor de supervisión obligatoria, procuramos organizar jornadas y sesiones de trabajo, e interaccionar de forma directa con el tejido empresarial, que es uno de nuestros grandes objetivos compartidos.

¿Cómo se encaja un homenaje de esa naturaleza dentro de su trayectoria?

–Por mi parte lo recibo con una ilusión y una gratitud tremendas. Es la primera vez que ocurre algo así en España, que una universidad organice un homenaje de este calado a la figura de un presidente del Consello Social. Ha sido una sorpresa absoluta, pero me genera un agradecimiento muy grande hacia la institución. En cuanto a los proyectos de futuro, ya he tenido la oportunidad de hablar con el nuevo equipo de gobierno que ha salido de las urnas y la disposición es excelente. Por eso insisto en que no nos quedan asignaturas pendientes de lo que nos habíamos propuesto; siempre hemos trabajado buscando el entendimiento.

Vivimos una encrucijada económica y tecnológica compleja. ¿Las empresas demandan perfiles que la universidad no es capaz de formar a tiempo o es la universidad la que va un paso por delante de las necesidades del mercado?

–Esa es una mesa que cojea de forma generalizada en la relación entre las empresas y el mundo universitario. Sin embargo, la realidad local nos dice que muchísimos titulados de la Universidade de Vigo se incorporan de forma inmediata a compañías punteras de nuestro propio entorno. De hecho, a través de los premios Comunidad Alumni, reconocemos con frecuencia a directivos muy destacados que realizaron todos sus estudios en las aulas de Vigo. Con todo, nunca es suficiente. Todo lo que se haga para aproximar la universidad a la empresa, y viceversa, es poco. Ese es justamente uno de los aspectos en los que pretendo incidir ahora: acelerar los procesos para que esta interrelación sea todavía más correcta, fluida y densa.

El gran temor de muchas familias sigue siendo el éxodo juvenil, el ver cómo el talento formado aquí acaba produciendo fuera de nuestras fronteras. ¿Qué resortes se deberían activar para retener esa riqueza intelectual en Galicia?

–Es algo en lo que se trabaja de forma decidida, aunque no siempre es sencillo retenerlos a todos. Hay sectores donde el arraigo es mayor; por ejemplo, una gran parte de los ingenieros industriales que formamos se quedan a trabajar en el tejido empresarial local. En cambio, existen otras titulaciones donde la gente joven, libre aún de cargas o responsabilidades familiares, ve el momento adecuado para marcharse a otros países donde a lo mejor los salarios duplican o triplican los de aquí. Es un fenómeno que vemos con profesionales que se van a Inglaterra, a Alemania y a otros destinos internacionales. Frente a esto, lo que también se está potenciando mucho es la atracción de alumnado de todo el mundo, con un peso muy importante de América Latina. Contamos con centros de investigación de primer nivel que atraen a investigadores de muchísimas nacionalidades, lo que enriquece nuestro propio ecosistema científico.

Es la primera vez que ocurre algo así en España, que una universidad organice un homenaje de este calado a la figura de un presidente del Consello Social. Ha sido una sorpresa absoluta, pero me genera un agradecimiento muy grande hacia la institución

La entrada en vigor de la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) ha dibujado un tablero de juego nuevo. ¿Se está blindando la autonomía de los consejos sociales o se limita su capacidad de maniobra?

–Hubo muchísimas discusiones al respecto durante la tramitación de la ley. Mi percepción es que las funciones esenciales del Consello Social no se han visto limitadas en exceso, si bien es cierto que se ha modificado el organigrama de los miembros y se han redefinido los asuntos que deben pasar obligatoriamente por el pleno. En cualquier caso, todo el desarrollo normativo se encuentra todavía en una fase de transición, a la espera de que la Xunta de Galicia apruebe de forma definitiva la nueva Ley de Organización del Sistema Universitario de Galicia y la reforma de la ley autonómica de los consejos sociales. He tenido ocasión de abordar este asunto directamente con el conselleiro y con el secretario xeral de Universidades, pero es un proceso legislativo que avanza con calma en todas las comunidades. Vigo está entre las universidades que, por sorpresa y con celeridad, ya han aprobado sus nuevos estatutos adaptados al nuevo marco legal.

A menudo se percibe al Consello Social como un ojo vigilante, el auditor frío de la institución. ¿Cómo se equilibra esa labor implacable de control presupuestario con la sensibilidad necesaria para apoyar la investigación básica, proyectos que no dan un beneficio económico inmediato pero transforman la ciencia?

–A veces se comenta que el Consello Social acumula mucho poder y muchas atribuciones, pero que sigue siendo un órgano poco conocido por la ciudadanía. Para evitar esa desconexión o cualquier sintonía discordante con los equipos rectorales, nuestra fórmula es la anticipación: cuando detectamos un problema o una discrepancia, se plantea y se debate a fondo antes de llevarlo formalmente a las reuniones de las comisiones de trabajo. Gracias a eso, han sido contadas las ocasiones en las que hemos tenido un conflicto grave que no se haya resuelto a través del diálogo. Respecto al papel de órgano implacable de auditoría, es innegable que tenemos encomendadas esas funciones de control y supervisión económica, y nos lo tomamos con una enorme responsabilidad. Contamos con una Comisión Económica muy potente y cualificada que preside el vicepresidente del Consello, una persona de máxima relevancia en el ámbito empresarial gallego. En esa comisión se sientan auditores, economistas y expertos que dominan la materia al milímetro. Es una tranquilidad, porque no queremos que ningún expediente se apruebe sin una fiscalización rigurosa, evitando así los problemas que lamentablemente han sufrido los consejos de otras universidades.

Lo mejor de todo este tiempo ha sido, sin duda, lograr que el Consello Social sea más conocido, fijar con nitidez sus funciones y desarrollarlas buscando siempre el mayor consenso posible con los sucesivos rectores y sus equipos de gobierno

Tras más de veinte años vinculado a esta institución, ¿cuál diría que ha sido su mejor y su peor momento?

–Llevo ya más de dos décadas dentro del Consello Social, por lo que casi puedo abarcar de primera mano la mayor parte de su historia. Lo mejor de todo este tiempo ha sido, sin duda, lograr que el Consello Social sea más conocido, fijar con nitidez sus funciones y desarrollarlas buscando siempre el mayor consenso posible con los sucesivos rectores y sus equipos de gobierno. También valoro mucho nuestra participación en la Conferencia de Consejos Sociales de las Universidades Españolas, de cuya comisión ejecutiva formo parte. Desde ese foro nacional traemos las necesidades compartidas y analizamos los futuros marcos legislativos. De hecho, el próximo 1 de julio participaremos en un encuentro relevante junto a la CEOE para abordar de manera monográfica la formación dual, un ámbito de enorme proyección. En el balance personal, le aseguro que momentos malos apenas ha habido; en cambio, los momentos buenos han sido muy numerosos. Tenemos una actividad interna mucho más intensa de lo que trasciende al exterior. No destacaría un único momento crítico ni un éxito aislado; la trayectoria ha sido equilibrada y constructiva.

Pedrosa recibirá el próximo día 17 el homenaje de la Universidade de Vigo.

Pedrosa recibirá el próximo día 17 el homenaje de la Universidade de Vigo. / Gustavo Santos

Al echar la vista atrás en este aniversario, ¿siente que se han quedado muchos proyectos metidos en el tintero o cuáles diría que han sido los hitos más memorables de estas tres décadas?

–Si pienso en proyectos concretos, creo que casi todos los que nos hemos propuesto a lo largo de estos años han salido adelante. De hecho, uno de los objetivos que teníamos pendientes era precisamente celebrar este trigésimo aniversario, una conmemoración que se vio retrasada en el tiempo por diversas circunstancias. La grata sorpresa para mí llegó cuando me llamó el rector y me propuso que la propia universidad debía homenajear al Consello Social, a los empresarios y a mí personalmente, a través de un acto de reconocimiento institucional. Los actos más relevantes del Consello son muchos, pero si tuviera que resumir los principales logros, destacaría sin duda los actos de reconocimiento a los empresarios que colaboran con la universidad. Han sido citas brillantes, con hasta tres llenos absolutos en el salón de actos de la Facultade de Ciencias Económicas y Empresariales. Para esas ocasiones logramos traer a tres personajes de enorme relevancia en la vida española: en la primera contamos con Ana Botín, presidenta del Banco Santander; en la segunda con el chef Ferran Adrià, el número uno del mundo en su disciplina; y en la tercera con Paolo Vasile, que era el consejero delegado de Mediaset. A mayores de estos reconocimientos, otra cuestión que considero fundamental ha sido la creación del observatorio de egresados. Han conseguido algo extraordinario: localizar a la gran parte de los titulados que han salido de esta universidad y que hoy están repartidos por todos los puntos del planeta, hasta en el rincón más pequeño, manteniendo un registro minucioso con todos sus datos. También ha sido un hito excepcional la organización de dos asambleas generales de la Conferencia de Consejos Sociales de España. Una de ellas la ramificamos entre Vigo, Pontevedra y Ourense, y la otra la lideramos desde el Consello de Vigo con el apoyo de los de A Coruña y, especialmente, Santiago. Logramos reunir aquí a cerca de 90 presidentes y secretarios de todo el país. Todo esto, sumado a las jornadas de mecenazgo o las dedicadas al fraude, completa un balance del que nos sentimos muy orgullosos.

La realidad local nos dice que muchísimos titulados de la Universidade de Vigo se incorporan de forma inmediata a compañías punteras de nuestro propio entorno

Existe un debate recurrente sobre el retorno de la inversión pública en la educación superior. ¿Tienen cuantificado el impacto económico real que la universidad devuelve a Galicia?

–Sí, y además de una forma contundente. Es otro de los logros que me gustaría resaltar: los estudios rigurosos que hemos promovido sobre lo que la universidad reporta a la sociedad. Los resultados reflejan que la aportación económica al entorno es casi el doble de lo que la institución recibe. Tenemos una investigación muy bien armada que concluye, de manera muy gráfica, que por cada euro de dinero público que la universidad percebe, devuelve y reporta un impacto de dos euros a su territorio. Es una prueba medible de que la universidad no es un gasto, sino una de las inversiones más rentables para el tejido local.

«Pontevedra es el único campus de la UVigo sin residencia pública; es un desafío prioritario»

Mirando hacia los componentes del territorio, ¿qué futuro le augura al campus de Pontevedra dentro del engranaje de la universidad?

El campus de Pontevedra está plenamente consolidado y cuenta con una identidad propia muy potente, de forma similar al de Ourense. En el caso de Pontevedra, los desafíos más importantes a medio plazo pasan por el desarrollo de sus infraestructuras. El primer gran objetivo estratégico es la creación de una Facultad de Enfermería unificada que aglutine todos los estudios de esta especialidad de la UVigo, incluidos sus centros adscritos. El segundo desafío prioritario, y una demanda histórica, es la construcción de una residencia universitaria pública. Pontevedra es actualmente el único campus de la universidad que no dispone de este servicio, lo que genera dificultades de alojamiento a los estudiantes de fuera y limita su capacidad de atracción. Son los dos grandes retos que están sobre la mesa. Se habla de la posibilidad de aprovechar las instalaciones del Hospital Provincial para darles un uso sociosanitario y educativo que podría albergar Enfermería o Fisioterapia, aunque todavía no hay un proyecto plasmado formalmente en el papel. También existen ofertas de terrenos en otras ubicaciones de la ciudad donde se podría edificar. Al final, la resolución de estos proyectos dependerá de los acuerdos políticos y sectoriales que se adopten, pero el campus goza de una salud excelente. El reto de futuro es seguir conectando las infraestructuras que quedan al otro lado del puente para unirlas de forma orgánica y cotidiana con la propia ciudadanía. A diferencia de Vigo, donde el campus de Lagoas-Marcosende se encuentra más alejado del casco urbano, en Pontevedra y en Ourense la comunidad universitaria está integrada en el corazón mismo de la ciudad. Estamos hablando de una comunidad de más de 5.000 personas entre profesores, investigadores y alumnos que residen y consumen en Pontevedra. Eso constituye una fuente incalculable de riqueza, de dinamismo cultural y de ilusión que sitúa el hecho universitario como un motor indispensable para el desarrollo de nuestras ciudades.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents