Entrevista | Alejandro Bello y María Rodríguez Psicólogos
«La positividad que niega la otra mitad de la moneda no tiene sentido común»
Los terapeutas al frente de «Estouche ben!» presentan «Sentible», una invitación a desaprender y a soltar el lastre de la hiperestimulación

María Rodríguez y Alejandro Bello, ayer en el centro de terapias «Estouche ben!» / Rafa Vázquez
En una sociedad que mide su pulso a través del parpadeo constante y acelerado de las pantallas, detenerse parece un acto de rebeldía. Cumpliendo quince años de trayectoria en su proyecto de escucha y psicoterapia «Estouche ben!», Alejandro Bello y María Rodríguez publican «Sentible», un ensayo filosófico que no busca ser un manual de autoayuda al uso, sino un puente tendido entre el taoísmo primitivo y los dolores cotidianos de nuestro tiempo. El ensayo, ilustrado por Adonis Ríos, se presentará el próximo día 20 en el centro de terapias ubicado en la calle José Millán y es una invitación a desaprender, a soltar el lastre de la hiperestimulación y a recuperar una certeza tan antigua como el mundo: que el cuerpo sabe sanar si, simplemente, le dejamos espacio.
¿Qué es «Sentible»?
Alejandro Bello: Nació precisamente como una celebración por este decimoquinto aniversario. Queríamos aportar algo diferente. Es un ensayo filosófico, pero planteado de una manera muy legible, apto para todo el mundo. No es una obra de psicoterapia como lo que veníamos haciendo, aunque compartа su misma raíz filosófica. Lo que intentamos es trasladar la visión del taoísmo primitivo a la realidad que nos rodea. Queremos analizar cómo está la situación actual en el conjunto de la existencia, abarcando desde lo individual, lo más pequeñito e interno, hasta el funcionamiento social e incluso político, desde la particular perspectiva de esta filosofía.
En un día a día pegado a los teléfonos y dominado por la prisa, ¿cómo se consigue que el taoísmo no se perciba como una mística lejana, sino como una herramienta tangible?
A. B.: En el libro hay una crítica muy dura hacia las nuevas tecnologías, hacia su uso dictatorial y el tremendo impacto que causan en la mente humana, en nuestra inteligencia y, sobre todo, en el desarrollo emocional. Frente a esto, los principios básicos del taoísmo, que en el fondo son cuatro pautas sencillas que incorporas a tu rutina, ofrecen una perspectiva completamente diferente. Tienen una capacidad de adaptación enorme a cualquier modo de vida o momento histórico, tanto en lo individual como en lo colectivo. Por eso no le importan las contradicciones; asumirlas es algo natural y lógico. El principio básico es el wuwei, el actuar sin forzar, saber navegar con el viento que haya. Aunque estemos en una coyuntura difícil, casi de involución intelectual por culpa de este tecnofascismo, también creemos que asistimos a una transición epistemológica preciosa. El viejo paradigma cartesiano y materialista, el que arrastramos desde Galileo aplicado a las ciencias, ya no da respuesta a muchas preguntas. Toca recuperar sabidurías antiquísimas que sí se las planteaban, no solo el taoísmo, sino el hinduismo, las culturas africanas o la Grecia Clásica. Desde principios del siglo XX, la ciencia occidental se ve incapaz de responder a ciertos interrogantes y no le queda más remedio que adaptarse.
Cristina Casanova apunta en el prólogo que este libro ayuda a sentir las tensiones con la misma inocencia que los niños cuando descubren algo. ¿Hemos olvidado cómo desaprender?
A. B.: En gran medida, lo que necesitamos con urgencia es dejar de hacer. Esas dos palabras, «dejar de», son fundamentales. Implican desaprender y reconstruir. A veces, para encontrarnos bien o para avanzar, el camino pasa por dejar atrás ciertos aprendizajes adquiridos. Nuestra mentalidad occidental y productivista nos empuja a creer que avanzar siempre significa hacer cosas nuevas. En realidad, necesitamos una mentalidad decrecentista. Caminar un poco menos te permite ver mucho más el paisaje; caminar más despacio te devuelve la visión periférica. Solo aminorando el paso percibes cosas que a la velocidad actual resultan invisibles.
María Rodríguez: Tenemos una tendencia casi patológica a acumular, ejecutar y avanzar para conseguir metas, y al final lo único que logramos es obstruirnos. La idea central de «Sentible» es aprender a parar, a degenerar en el buen sentido, para ganar perspectiva y poder crecer de verdad.
El viejo paradigma cartesiano y materialista, el que arrastramos desde Galileo aplicado a las ciencias, ya no da respuesta a muchas preguntas. Toca recuperar sabidurías antiquísimas que sí se las planteaban, no solo el taoísmo, sino el hinduismo, las culturas africanas o la Grecia Clásica
—¿Puede ser «Sentible» un botiquín de primeros auxilios contra la insatisfacción crónica que padece nuestra sociedad?
—M. R.: Sí y no. Quizás la primera parte pueda funcionar así, pero no es un manual con pautas concretas de conducta para cada momento. Lo que sí consigue su lectura es cambiarte la perspectiva de la vida. Es un texto cargado de esperanza. En un momento donde el porcentaje de personas quemadas y desesperanzadas es altísimo, recuperar la esperanza es fundamental. Esa nueva mirada te ayuda a empezar a hacer algo diferente, que a veces consiste precisamente en no hacer nada.
—A. B.: Y ese cambio no se queda en lo individual. El libro empieza en los procesos cognitivos, en las emociones, en el sufrimiento personal, pero va derivando hacia lo colectivo y lo político-social. Conectamos con datos muy importantes sobre estrategias de movilización masiva. Pensemos, por ejemplo, en qué ocurre cuando tres mil personas se juntan a meditar a la vez, algo que se ha estudiado en Washington. Durante esas meditaciones profundas de personas experimentadas en estados ampliados de conciencia, se constató una reducción de la violencia, los delitos y la conflictividad en la ciudad. En cuanto dejaban de meditar, las cifras volvían a subir. El ensayo recoge toda la bibliografía de estas experiencias.
—¿Hay una explicación científica detrás de esos fenómenos o nos movemos todavía en el terreno de las hipótesis?
—A. B.: La física cuántica nos ofrece hipótesis por ahora. Hay realidades que la ciencia occidental no explica, como el hecho de que los psicoterapeutas experimentados seamos capaces de sentir en nuestro propio cuerpo las emociones de otra persona que está a miles de kilómetros, solo con la intención de sentirlas. Eso se explica desde el entrelazamiento cuántico. El desarrollo científico del futuro va a jugar a favor de todo esto. En el libro también abordamos la muerte y la supervivencia de la conciencia sin el cerebro, apoyándonos en estudios de parapsicología y en experimentos muy rigurosos. Se han colocado generadores de números aleatorios en conventos, y en los momentos en que las monjas rezan juntas, el ordenador deja de emitir resultados al azar y empieza a registrar tendencias estadísticas o patrones. Lo mismo ocurre en un matadero en el instante de la matanza de los animales; el ordenador altera sus puntuaciones. Existe una trama energética entre todo lo vivo que la ciencia tiene que empezar a investigar sin prejuicios. La conciencia no es un mero producto del cerebro; procesamos información desde la piel, los músculos y los órganos, que están llenos de significado y emoción.
Nuestra mentalidad occidental y productivista nos empuja a creer que avanzar siempre significa hacer cosas nuevas. En realidad, necesitamos una mentalidad decrecentista. Caminar un poco menos te permite ver mucho más el paisaje; caminar más despacio te devuelve la visión periférica. Solo aminorando el paso percibes cosas que a la velocidad actual resultan invisibles
—¿Es posible romper el bucle de la rumiación mental y el miedo al futuro cuando nuestros cerebros ya están programados para la hiperestimulación constante?
—M. R.: Totalmente. Centrarse en el aquí y el ahora es lo que rompe de golpe esa rumiación. Aunque estemos entrenados para analizar y anticipar continuamente, entrar en bucle no es algo inherente al ser humano.
—A. B.: Además, la plasticidad neuronal nos acompaña hasta el último día de nuestra vida, permitiéndonos generar nuevas capacidades. Incluso en casos de deterioro cognitivo, seguimos sintiendo el mundo a través del sistema límbico y las moléculas emocionales de todo el cuerpo. Por eso la palabra «Sentible» recorre todo el ensayo: existe una forma de conocer el mundo que va mucho más allá de la actividad cognitiva pura, ligada a la intuición contemplativa. Esos estados que antes alcanzábamos de forma natural al ver un atardecer sin prisa o al mirar cómo el viento mueve las hojas, y que ahora tenemos que ensayar como técnicas de meditación, forman parte de nuestra esencia más humana.

Los psicólogos presentarán su nueva obra el próximo día 20. / Rafa Vázquez
—Frente a la dictadura de la positividad tóxica, que obliga a lucir siempre una sonrisa impostada, ¿cómo se aprende a encajar el dolor, el duelo o la frustración?
—M. R.: Para tener una visión optimista real, primero hay que pasar obligatoriamente por la aceptación del sufrimiento y de las frustraciones. Ignorar el dolor para forzar un camino positivo solo conduce a la disociación. Hay que saber transitar el sufrimiento para poder palpar la paz verdadera.
—A. B.: Tenía un profesor tailandés de medicina tradicional china que siempre nos decía: «Vosotros solo queréis sol, no queréis luna. Y no se puede tener sol todo el tiempo». La positividad que niega la otra mitad de la moneda, el yin y el yang, no tiene ningún sentido común. No existen mecanismos mágicos de positividad cuántica que te den lo que quieres solo por desearlo. Si te sientes bien contigo mismo, te organizarás mejor, generarás confianza y tu mente trabajará de otro modo, pero sin recetas mágicas.
Unificar mente y cuerpo es la única salida hacia un bienestar general. En realidad, ya están unidos, somos nosotros quienes nos empeñamos en dividirlos. El cuerpo es el receptor primario de toda la información; si nos disociamos de él, esa información se bloquea y el físico lo termina sufriendo
—¿El camino para sanar nuestro malestar actual exige reconciliar de forma urgente la mente con la experiencia somática?
—M. R.: Es completamente fundamental. Unificar mente y cuerpo es la única salida hacia un bienestar general. En realidad, ya están unidos, somos nosotros quienes nos empeñamos en dividirlos. El cuerpo es el receptor primario de toda la información; si nos disociamos de él, esa información se bloquea y el físico lo termina sufriendo.
—A. B.: De hecho, las nuevas corrientes en psicoterapia, como la Somatic Experience o la terapia focalizada en las emociones, nos están dando la razón a quienes llevamos veinte años trabajando de esta manera, y eso es muy gratificante. Esas técnicas demuestran que la autorregulación del sistema nervioso solo necesita que le prestes atención y dejes de ponerle obstáculos. No se trata de inyectar más intensidad, más control o más actividad, sino de dar pasos hacia atrás, ir aflojando tensiones y permitir que el cuerpo haga su propio trabajo ecológico y sabio. Es exactamente lo que pasa cuando dejamos que las emociones, desde su raíz sensorial, completen su propio ciclo natural.
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