Lectura
El club que hizo de Vilaboa un lugar para leer
Pilar Rodríguez Dios impulsó en 2024 el Club de Lectura Salinas, una iniciativa que ha cumplido dos años de actividad con éxito

Una de las reuniones del Club de Lectura Salinas, de Vilaboa. / FdV
El Club de Lectura Salinas de Vilaboa acaba de cumplir dos años como cita cultural estable en el municipio. Su impulsora, Pilar Rodríguez, hace un balance «maravilloso» de una iniciativa que nació el 23 de abril de 2024, Día del Libro, y que reúne a lectoras, vecinas y escritores.
«Estoy superorgullosa», reconoce Pilar, aunque insiste en que el mérito es compartido. «Sin la gente que viene, esto sería imposible», dice. Para ella, la clave está en haber creado un lugar donde la lectura no termina cuando se lee la última página de un libro, sino que sigue en forma de diálogo y debate sobre esas historias plasmadas en papel.
La relación de Pilar con los libros viene de la infancia. No recuerda que en su casa la lectura fuese una costumbre fomentada por sus padres, pero sí señala una figura decisiva: su madrina. «Siempre me traía libros», cuenta. Eran cuentos, libros para colorear y pequeñas lecturas infantiles que dejaron su huella. «Yo creo que tuvo que ser ella quien me inculcó un poco el tema de leer», reflexiona.
Desde entonces, Pilar no concibe su vida sin libros cerca. Asegura que siempre lleva alguno en el coche, en el bolso o en la mesilla.

Celebración del segundo aniversario del club. / FdV
El punto de inflexión en su trayectoria como lectora lo marcó su participación en un club de lectura en Mourente, vinculado a la asociación de mujeres Amarindas. Allí descubrió una fórmula que le fascinó: leer una obra y comentarla directamente con su autor o autora.
Aquella experiencia fue el origen de una pregunta que empezó a repetirse: «¿Cómo en Vilaboa no hay nada así?». Pontevedresa de origen y vecina de Vilaboa desde que se casó, Pilar Rodríguez sentía que el municipio necesitaba un espacio literario propio.
Así nació el Club de Lectura Salinas. Ponerlo en marcha no fue inmediato. Reconoce que al principio le daba respeto hablar en público y organizar encuentros con escritores, porque nunca había estado vinculada profesionalmente al mundo literario. Pero una conversación durante un paseo por las Salinas terminó de darle el empujón.
El Concello de Vilaboa le facilitó el uso de la biblioteca infantil del Colegio Rural Agrupado (CRA), un espacio municipal que se convirtió en sede del club.
El funcionamiento es sencillo, ya que se organiza una reunión al mes, habitualmente los martes a las ocho de la tarde, siempre con presencia de un escritor. Pilar Rodríguez prepara una pequeña presentación, modera el coloquio y deja que la conversación avance. «Menos de las diez de la noche casi nunca salimos», cuenta.
El club tiene más de treinta personas en su grupo de WhatsApp y una asistencia media de entre ocho y doce participantes. Para su organizadora, es un número ideal, porque permite que todos puedan intervenir. Destaca la implicación de quienes acuden, algunos con notas, preguntas y reflexiones.
De este modo, los autores no se encuentran solo con elogios, sino con lectores que preguntan, discrepan o quieren saber por qué escribieron algo de una determinada manera. Así, cada sesión se convierte en un intercambio real entre quien escribe y quien lee.

Pilar Rodríguez junto a la escritora Mar Alonso. / FdV
Té, libros y conversación
Pilar también cuida la programación. Procura variar géneros y temáticas para no cansar al grupo, alternando narrativa, novela histórica, poesía o propuestas más ligeras. Además, suele preparar té gallego y pastas para acompañar las reuniones. Si puede, decora el espacio en relación con el libro y entrega a los autores detalles como marcapáginas, libretas o bolsas con el logo del club.
Al principio, muchos gastos salían de su bolsillo. Ahora los participantes colaboran de forma voluntaria con un pequeño bote que ayuda a sufragar esos detalles. Todo se hace de manera sencilla y con cariño.
Dos años después, el proyecto tiene vida propia y todo apunta a que un futuro prometedor. Una vez al mes, Vilaboa encuentra en los libros una excusa para hablar, escuchar y compartir.
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