El viaje a Madrid para el encuentro papal se convierte en un recuerdo imborrable para jóvenes pontevedreses
«No tengamos miedo a ser felices y a hacer el bien». Con esa consigna grabada en el equipaje de regreso, los jóvenes pontevedreses que viajaron a Madrid asimilan la intensidad de un fin de semana multitudinario marcado por el cansancio y la fe compartida. La experiencia se ha convertido para estos estudiantes en un refugio de esperanza

R. P.
El asfalto de Madrid devolvía el calor de un verano anticipado, «de esos que aplastan», recuerdan los jóvenes, pero en las largas colas que cercaban el recinto no se respiraba cansancio, sino una impaciencia compartida. Entre esa marea humana de más de un millón de almas que recibió al papa, tres autobuses con matrícula gallega —uno de Santiago, otro de A Coruña y un tercero salido de Pontevedra— completaban un viaje que, para unas doscientas personas de la diócesis, ya se ha convertido en la crónica de un recuerdo imborrable.
Pertenecen al grupo Newman, de la parroquia de la Virgen del Camino, y a otras comunidades que decidieron meter la fe y las mochilas en el autocar. Afrontaron un trayecto largo, con parada obligatoria en Astorga para dormir el viernes. Un viaje que sobre el papel amenazaba con ser pesado, pero que, como recuerda el joven pontevedrés Justino Guerra Lorenzo, se alivió gracias al grupo: «La verdad, no se hizo nada pesado porque íbamos entretenidos, entreteniéndonos de cualquier manera». Para él, compartir kilómetros con personas de sus mismas creencias convirtió el trayecto en «una experiencia única e inolvidable».
La realidad de las grandes movilizaciones se impuso al llegar. Madrid era un hormiguero intransitable. El sábado, durante la vigilia, la organización se vio desbordada por las aglomeraciones y el grupo gallego se quedó fuera del sector asignado al llenarse el aforo, teniendo que seguir el acto a través de pantallas gigantes.

Jóvenes pontevedreses que viajaron a Madrid para participar en la visita del papa. / J.G.L.
Pilar Losúa, una segoviana de 17 años residente en Pontevedra, reconoce que al principio iba «un poco nerviosa» al no conocer a mucha gente de los otros autobuses, pero el ambiente de la capital disolvió cualquier reticencia. «Mereció completamente la pena las colas y el calor», asegura la joven, convencida de que la sensación de vivir algo tan especial es «un recuerdo muy bueno que se me va a quedar para siempre».
«Fue impresionante ver al papa pasar y además bendijo a un bebé enfrente de nosotros»
El domingo llegó la recompensa. Situados estratégicamente junto a una de las vallas, Justino y sus amigos vivieron el momento cumbre cuando el coche pontificio enfiló su sector: «Fue impresionante ver al papa pasar y además bendijo a un bebé enfrente de nosotros».

Grupo de amigas de Pilar Losúa durante su viaje a Madrid. / P. L.
Para Jaime Garrido, otro de los jóvenes del grupo, y como los otros dos alumno del colegio Sagrado Corazón, la cita fue «una experiencia formidable, también cansada», donde las horas sin dormir y el estrés por encontrar sitio merecieron la pena al constatar la cantidad de gente movilizada.
El viaje de vuelta se hizo más corto entre el cansancio y el recuerdo de la música de Hakuna Group Music, pero sobre todo por el poso de los mensajes recibidos. «Entre muchísimas frases sobre las que tengo que reflexionar me quedo con una de ellas, para mí la más importante, que es la de que no tengamos miedo», concluye Jaime, con las palabras del pontífice León XIV aún resonando en la memoria, «no tener miedo a ser felices y a ser buenos y a hacer el bien en este mundo».
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