El turismo náutico en las Rías Baixas vive un verano histórico con reservas al completo
Las marinas atraen a navegantes del Mediterráneo que huyen del calor y la masificación
Nauta ya solo cuenta con huecos para embarcaciones de menos de ocho metros de eslora

Puerto deportivo de Sanxenxo. / Gustavo Santos
No es un inicio de temporada corriente en los pantalanes de la ría de Pontevedra. Han dejado atrás el letargo invernal mucho antes de lo previsto y las pasarelas de madera registran ya el trasiego propio de los días de verano, confirmando que el turismo náutico en las Rías Baixas se mueve este año en cifras de auténtico lleno técnico. Quien pretenda amarrar este verano una embarcación de porte medio o grande en las aguas pontevedresas se topa con un muro de reservas que apunta a una temporada histórica.
En las oficinas y los muelles de Nauta Sanxenxo, la principal marina de la ría, el trajín es constante. Al frente de la intendencia diaria, coordinando el pulso de un puerto que cuenta con 398 plazas fijas delimitadas y un gran espigón polivalente, se encuentra su contramaestre, Jesús Quintans. El diagnóstico del profesional, curtido en el día a día del pantalán, es aséptico pero contundente: «Las perspectivas para este verano son excelentes. Tenemos prácticamente la marina ocupada todo el año y las plazas disponibles para alquiler de temporada, para el verano, están casi todas reservadas. Ya solo quedan algunos huecos para embarcaciones de menos de ocho metros de eslora».
El fenómeno no es exclusivo del gigante de Sanxenxo. Unos kilómetros más hacia el interior de la ría, en el Real Club Náutico de Aguete, el panorama replica la misma tensión por conseguir un punto de atraque. Fuentes de la entidad marinense confirman que a estas alturas de la primavera el pantalán está totalmente reservado para el mes de agosto por sus propios socios. Para los navegantes transeúntes que busquen un respiro en las instalaciones de Aguete de cara al mes central de las vacaciones apenas «quedan muy pocos huecos disponibles». Un bum que se extiende también a tierra firme, con una demanda altísima para los cursos de vela ligera que el club iniciará en unas semanas y que ya tienen las plazas al límite de su capacidad.
¿Qué está empujando a las flotas hacia el Atlántico gallego? Quintans maneja datos que revelan un cambio sociológico y geográfico en los hábitos de navegación en España. El perfil del usuario habitual de Nauta mantiene una base fiel de gallegos del litoral y del interior —procedentes en gran medida de las zonas de Santiago y Ourense—, combinada con el tradicional veraneante del centro de la península. Sin embargo, en los últimos cinco años se ha consolidado una nueva corriente de patrones.
«Antes la media de las embarcaciones rondaba entre los diez y los doce metros; ahora ya estamos en barcos de catorce o quince metros. Y se empiezan a ver de forma frecuente esloras de veinte y veinticinco metros», detalla Jesús Quintans, contramaestre de Nauta
«Estamos registrando gente que anteriormente navegaba o tenía sus embarcaciones por el Mediterráneo y que ahora se está viniendo para aquí», desvela el contramaestre de Nauta. Las razones que exponen los navegantes en el muelle combinan el hartazgo térmico y la saturación del litoral levantino o balear. «Supongo que será todo un poco. El clima aquí es agradable. Para la gente que está acostumbrada a temperaturas muy altas, el verano de las Rías Baixas es muy bueno. Se suma una gastronomía excelente, unas condiciones de mar que por lo general son bastante buenas, playas fantásticas y que todavía no hay masificación. El destino gusta y convence», añade Quintans.
La resaca de la pandemia de la covid-19 no trajo un crecimiento desmedido en el número total de barcos, pero sí provocó una mutación notable en las dimensiones y la tipología de las embarcaciones que surcan la ría. La tendencia actual camina hacia esloras mucho más ambiciosas y hacia un cambio de estilo que jubila la hegemonía absoluta de las lanchas rápidas.
«Antes la media de las embarcaciones rondaba entre los diez y los doce metros; ahora ya estamos en barcos de catorce o quince metros. Y se empiezan a ver de forma frecuente esloras de veinte y veinticinco metros», detalla Jesús Quintans. Además, el velero está marcando con fuerza la tendencia frente a las motoras que dominaban los pantalanes años atrás.
Este incremento del tamaño de los barcos que eligen la ría pontevedresa exige unas infraestructuras capaces de soportar toneladas de desplazamiento. Aunque en Galicia existen instalaciones con capacidad para megayates de más de cien metros de eslora —como el caso de Marina Dávila en la ría de Vigo—, Nauta se ha posicionado en una franja de gran lujo muy competitiva gracias a su ubicación en la boca de la ría, su abrigo natural y un calado generoso que evita sorpresas con las mareas. El puerto sanxenxino dispone de quince plazas exclusivas para esloras de 25 metros, tres para barcos de 33 metros y cuatro capaces de albergar gigantes de hasta 50 metros. Todo ese espacio está lleno.
Logística de precisión en el pantalán
Gobernar y mantener las mansiones flotantes que llegan cada vez más a la ría de Pontevedra no es tarea para aficionados. El contramaestre de la marina sanxenxina aclara que ponerse a los mandos de un barco que supera las dos décenas de metros de longitud requiere manos expertas. «En un velero grande el manejo se lleva bastante bien, pero una motora de esa eslora exige un patrón con mucha destreza y, muchas veces, un marinero que eche una mano, porque amarrar un barco así es complicado».
Detrás del mantenimiento y la seguridad de esta flota millonaria —cuyos precios en el mercado son tan variables como los de los automóviles, oscilando desde el medio millón de euros hasta unidades de auténtico lujo que superan los varios millones en Sanxenxo— trabaja un equipo de diez marineros en Nauta. Un personal polivalente que atiende de forma simultánea el servicio de muelles, el varadero, la marina seca y la estación de servicio de combustible. Su labor en las próximas semanas será el engranaje invisible para que la ría de Pontevedra vuelva a lucir como el gran santuario náutico del verano gallego.
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