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Sesenta años de la Brilat: la unidad militar muestra su día a día a los ciudadanos de Pontevedra en su aniversario

Una muestra de materiales en la Alameda festeja el cumpleaños de la Brigada Galicia VII

La Brilat celebra en la calle su 70 aniversario.

Rafa Vázquez / Susana Regueira / Edgar Melchor

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El eco de las botas sobre el pavimento de Montero Ríos anunció este mediodía que Pontevedra estaba de celebración. No es un cumpleaños cualquiera: sesenta años contemplan ya a la Brigada Galicia VII, la Brilat, una institución que ha terminado por mimetizarse con la ciudad. Para conmemorarlo, la unidad ha bajado al corazón urbano, a una Alameda que este sábado muda su habitual estampa de paseos con las mascotas por un despliegue de metal, camuflaje y cercanía.

El izado de la bandera marcó el inicio oficial de los actos y el general jefe de la brigada pasó revista a la fuerza antes del desfile. Éste sirvió de prólogo para lo que verdaderamente buscaba la Brilat: el cuerpo a cuerpo con los pontevedreses.

«Queremos enseñar a la ciudadanía una pequeña muestra de los materiales que utilizamos en nuestro día a día, en nuestra preparación, para que la población sepa qué hacemos, por qué lo hacemos y cómo lo hacemos», explicaba el teniente coronel Roberto Domingo González, jefe de la Oficina de Comunicación Pública de la unidad. Para él, esta cita concebida para prolongarse hasta el ocaso con el arriado de la bandera, es la constatación de un cordón umbilical que une la brigada con la calle.

«Es nuestro cumpleaños. Son sesenta años de historia y de servicio a España, y para nosotros es un placer compartirlo con toda la población pontevedresa», añadía con el orgullo del que sabe que la respuesta de la ciudad nunca falla. Y no lo hizo; el goteo de asistentes pronto se transformó en una riada de cientos, camino de los miles de personas.

La muestra de materiales se prolongará durante toda la jornada de hoy en la Alameda.

La muestra de materiales se prolongará durante toda la jornada de hoy en la Alameda. / Rafa Vázquez

A lo largo del paseo, la exposición estática se convierte en un gran tablero interactivo, eminentemente familiar. Los ojos de los más pequeños se abren de par en par ante la imponente presencia de los obuses de artillería, esas piezas que el lenguaje de la calle llama cañones y que imponen por su envergadura. Hay de todo: vehículos de transporte sobre diversas plataformas, modernos sistemas de simulación y también un rincón para la memoria, habitado por guiones, banderines y una colección de los uniformes que han vestido los soldados a lo largo de estas seis décadas.

«Es nuestro cumpleaños. Son sesenta años de historia y de servicio a España, y para nosotros es un placer compartirlo con toda la población pontevedresa», señala el teniente coronel Roberto Domingo González, jefe de la Oficina de Comunicación Pública

Pero si un rincón causa auténtico furor entre los niños, es el de los equipos de tiradores de precisión. La literatura y Hollywood los han bautizado para siempre como francotiradores, pero en el argot militar la precisión es una disciplina diaria que dista mucho del romanticismo de las pantallas. Allí estaba el soldado Adrián, del Regimiento de Infantería «Isabel la Católica» número 29 (RIG-29), rodeado de fusiles de combate y piezas de alta precisión, respondiendo con paciencia gallega a las preguntas de los rapaces que alucinaban al tocar el traje de camuflaje, esa vestimenta filamentosa que los hace invisibles en el monte.

Una pequeña prueba a hacer uso de los equipos de la Brilat.

Una pequeña prueba a hacer uso de los equipos de la Brilat. / Rafa Vázquez

«Nos entrenamos diariamente, de lunes a viernes, y tenemos maniobras aproximadamente una vez al mes», relataba el soldado Adrián, despojando a su oficio de cualquier mística cinematográfica para devolverlo a la tierra del esfuerzo. «Nuestro trabajo consiste básicamente en subir al campo, trabajar con nuestro material, estudiarlo, tenerlo lo más a punto posible y estar siempre concentrados». Es la rutina invisible que sostiene la efectividad de una de las unidades de élite del Ejército de Tierra.

Los tiradores de precisión, los grandes favoritos de los niños.

Si un rincón causa auténtico furor entre los niños, es el de los equipos de tiradores de precisión. / Rafa Vázquez

La jornada sirve también para reivindicar el papel de las Fuerzas Armadas en tiempos donde la seguridad ya no se mide solo en las fronteras. El teniente coronel Domingo González era rotundo al respecto, desarmando viejos clichés: «Nuestra visión principal es garantizar la seguridad de todos los ciudadanos españoles. Es un concepto difícil de cuantificar, pero cuando desplegamos en el exterior proporcionamos seguridad a España, y cuando lo hacemos en la DANA, en la lucha contra los incendios forestales o en terremotos, también estamos protegiendo a nuestros ciudadanos».

Al final, esta jornada en la Alameda demuestra que la Brilat no es un elemento extraño que habita en la periferia de Pontevedra, sino un vecino más. Un vecino que hoy celebra sus sesenta años abriendo las puertas de su casa de par en par, dejando que los niños se suban a las cabinas de sus camiones y demostrando que, detrás de la pintura de camuflaje y el acero de los obuses, late el pulso de una sociedad a la que sirven y de la que forman parte indispensable.

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