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El legado de Valle-Inclán se queda para siempre en el Museo de Pontevedra después de casi tres años de negociaciones

Tras un pacto histórico, la institución cultural dedicará una sala del Edificio García Flórez a la extensa colección

La Diputación adquiere a la familia el universo material del autor de Tirano Banderas por 300.000 euros

Javier del Valle-Inclán, Rafa Domínguez, Ángeles Tilve y Luis López, esta mañana al anunciar el depósito del legado del escritor en el Museo.

Javier del Valle-Inclán, Rafa Domínguez, Ángeles Tilve y Luis López, esta mañana al anunciar el depósito del legado del escritor en el Museo. / Gustavo Santos

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Hay mañanas que redefinen el mapa cultural de una provincia. El ambiente este jueves en el Museo de Pontevedra estaba impregnado de esa certeza, la de asistir al cierre de un círculo que une para siempre la memoria material de un maestro con la tierra que pisó. Tras casi tres años de negociaciones —un proceso que el vicepresidente de la Diputación, Rafa Domínguez, definió como «discreto, complejo y riguroso»—, se ha sellado el destino definitivo del legado de Ramón María del Valle-Inclán. El autor de las Sonatas, Tirano Banderas y de Luces de Bohemia vuelve a casa, o mejor dicho, se queda para siempre en la ciudad que lo vio forjarse como el genio que fue.

La noticia no solo es un hito administrativo; es un vuelco en el corazón del Museo. Lo decía Domínguez con una rotundidad que no dejaba lugar a dudas: «A partir de ahora, la ciudad y el Museo de Pontevedra serán conocidos también por tener los fondos de la familia Valle-Inclán. Esta es una noticia que cambia al Museo, lo redefine». Y es que lo que se ha acordado es el depósito permanente de una colección que es, en esencia, el universo material de un hombre que se convirtió en mito.

El legado pasará a exhibirse en el edificio García Flórez, en la plaza de A Leña, donde en una sala se reunirán las piezas más significativas, hasta representar uno de los grandes «atractivos de los edificios centrales», avanzó la directora del Museo, Ángeles Tilve.

Ésta concretó que lo que llega al Museo son mucho más que legajos. Es la indumentaria que ayudó a construir su imagen inconfundible, son los muebles de su vivienda madrileña y también es la mirada de otros sobre él. Ángeles Tilve desgranó un inventario que marea por su calidad artística: 24 caricaturas y retratos firmados por Maside, Juan Luis, Ricardo Baroja o Vázquez Díaz; esculturas que incluyen las sobrecogedoras máscaras mortuorias realizadas por Francisco Asorey en 1936; y joyas pictóricas como el retrato simbolista Florisel, de Juan Luis López, reconocido con una medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

«Es un universo material que nos acerca al hombre detrás del mito», apuntó Tilve, recordando que, hasta hoy, la presencia de Valle en las colecciones artísticas del museo era «escasa», limitada apenas al busto de Penado o algún dibujo de Castelao. Ahora, con piezas como los tacos tipográficos que el autor usaba para sus cuidadas ediciones, el museo se convierte en el epicentro nacional para el estudio del esperpento.

Indumentaria, muebles, retratos, esculturas (entre ellas las sobrecogedoras máscaras morturorias firmadas por Asorei) o joyas pictóricas... «Es un universo material que nos acerca al hombre detrás del mito», apuntó la directora del Museo

Precisamente el busto de Penado sirvió de testigo de la comparecencia, en la que también estuvieron presentes el presidente de la Diputación, Luis López y el nieto del escritor, Javier del Valle-Inclán Alsina. Éste ejerció de puente entre la memoria familiar y el patrimonio público y habló con la convicción de quien cumple un mandato familiar. «Toda herencia está destinada fatalmente a ser distribuida, a ser repartida. Esta era la mejor opción y el modo de cumplir la ilusión de nuestros padres: que esta colección permaneciera unida y fuera puesta a disposición del público», confesó. Para él, desprenderse del legado que ambientó su infancia o sus primeros guateques es un ejercicio de madurez y generosidad: «Ya soy mayor para saber que ahora ya no hay guateques», ironizó, «y hay que desprenderse de los recuerdos».

La operación ha supuesto un desembolso de 300.000 euros por parte de la Diputación, una adquisición que ratificará mañana la Xunta Provincial de Goberno. Se trata de un pacto histórico que culmina tres años de gestión y supera el portazo del anterior gobierno provincial, que en su día rechazó tanto el depósito como la compra del legado. «Claro que nosotros teníamos intención», reconoció el nieto del escritor, «pero no hubo manera de que entendiesen la trascendencia».

Luis López incidió en que el legado anunciado hoy no busca la competencia, sino fortalecer una red de afectos y estudios. Hizo hincapié en que Pontevedra se sitúa así en el «epicentro de la vanguardia», conectando con la Casa Museo de Vilanova de Arousa y con la Universidad de Santiago, depositaria de su biblioteca y manuscritos.

«Toda herencia está destinada fatalmente a ser distribuida, a ser repartida. Esta era la mejor opción y el modo de cumplir la ilusión de nuestros padres: que esta colección permaneciera unida y fuera puesta a disposición del público», señaló el nieto del autor de Tirano Banderas

Javier del Valle-Inclán, con un toque de retranca, resumió esa conexión: «Este eje fundamental pontevedrés va por la vía del ferrocarril y, si hay suerte y el ministro no hace de las suyas, podemos llegar en media hora a la Universidad de Santiago para completar los fondos».

Pero quizás lo más jugoso esté por venir. Si la exposición «Valle-Inclán íntimo» que se exhibió en el Colexio de Fonseca de la Universidad de Santiago hace tres años fue, en palabras de su nieto, «el aperitivo», lo que llega ahora es «el menú completo». Se refirió a más de 600 documentos y unas 200 fotografías, muchas de ellas inéditas, que guardan tesoros como una postal de Rafael Alberti y María Teresa León enviada desde Cuba, o cartas con el director de ABC, Luca de Tena.

«Eso traerá sorpresas», prometió, mencionando documentos tan humanos como una carta sobre el pazo que quisieron regalarle al escritor en sus últimos días, y la respuesta de Valle a su hijo comentando qué pensaba realmente de aquel ofrecimiento.

Pontevedra espera ahora a que la rehabilitación del García Flórez (que acaba de recibir el visto bueno de la Dirección Xeral de Patrimonio) termine para abrir esa sala permanente. Será entonces cuando los visitantes puedan caminar entre los muebles de Don Ramón, observar sus capas y bastones y entender, por fin, que el hombre que escribió que nada es como lo vemos, sino como se recuerda, ha encontrado el mejor lugar para su memoria: Valle-Inclán por fin vuelve a casa.

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