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Natación artística / Copa del Mundo

El regalo de la selección española a la ciudad se llama Berghain

El estreno de la nueva rutina tuvo en pie a todo el público del Complejo Deportivo Rías do Sur para poner el broche a tres días excepcionales

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Miguel Salgado Reboreda

Miguel Salgado Reboreda

Pontevedra

Querían transmitir el mismo impacto emocional, la fuerza narrativa y generar el mismo impacto en el público que cuando escucharon la canción en directo a Rosalía. Sin la menor duda, lo lograron. Un público encendido, frenético y que entró en éxtasis cuando terminó la rutina no sabía lo que iba a presenciar y tardarán mucho en olvidar el espectáculo de la selección nacional en Pontevedra.

Abuelos, padres e hijos se sobrecogieron con los tres minutos en que España mostró al mundo, por primera vez, Berghain. La emotividad suscitada era complicada de verbalizar por los presentes. Se miraban asombrados, con los ojos vidriosos y con la convicción de que mereció la pena cada minuto de espera en las puertas del complejo deportivo. No había palabras ni valoraciones sosegadas, solo aplausos innegociables, vítores incesantes y euforia desmedida. Ninguno de los asistentes que abarrotaron las gradas estaba con su alma en la piscina. Los ocho nadadores de la selección, dulces culpables de toda la vorágine, habían completado una rutina que, si bien no sirvió para subir al cajón más alto del podio, sirvió para que durante más de diez minutos, Pontevedra conectase personalmente con la natación artística.

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