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El techo que late en Pontevedra: cien miradas de Belas Artes para ver tumbados en el suelo

La exposición Morea desafía el consumo de imágenes y pide al espectador que mire hacia arriba

Se exhibe en la sala O Abrigo hasta el próximo día 4 de junio

La muestra invita a los espectadores a sentarse en colchones para contemplar obras proyectadas en el techo.

La muestra invita a los espectadores a sentarse en colchones para contemplar obras proyectadas en el techo. / Duvi

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El techo de la sala O Abrigo, allí donde la Facultade de Belas Artes de Pontevedra se convierte en refugio de la creación más joven, amaneció ayer cubierto de telas que parecen nubes de hilo. Abajo, extendidos por el suelo como quien espera una tormenta de verano tumbado en la hierba, hay colchones de colores. No hay hileras de cuadros, ni peanas con esculturas que obliguen a caminar con las manos a la espalda o el paso circunspecto de los museos tradicionales. En esta ocasión, el centenar de alumnos de la asignatura Imaxe en movemento invita al visitante a hacer justo lo contrario: tirarse al suelo, apagar las prisas del reloj y mirar hacia arriba, donde el techo cobra vida.

Bajo el nombre de Morea, una palabra que evoca la acumulación, el oleaje y esas corrientes que llegan todas juntas a la orilla, la nueva exposición del centro pontevedrés desafía la forma convencional de mirar el cine y el videoarte. Se trata de más de cien miradas de estudiantes que han decidido que la imagen contemporánea no debe consumirse de pie, en un transitar acelerado, sino con el cuerpo relajado y los ojos fijos en lo alto.

El proyecto, comisariado por los docentes Cynthia Alfonso, Iria Vázquez, Xisela Franco y Berio Molina, reúne una constelación de piezas donde cabe casi todo lo que pasa hoy por las cabezas y las pantallas de una generación que creció rodeada de tecnología. Alí arriba, proyectadas por tres aparatos que convierten la arquitectura del espacio en un lienzo vivo, se suceden cortometrajes de animación experimental, piezas de videoarte íntimas, ejercicios de apropiacionismo digital y hasta propuestas de hacking visual. Son trabajos de aula que han saltado fuera de las carpetas de notas para transformarse en una experiencia colectiva.

El proyecto, comisariado por los docentes Cynthia Alfonso, Iria Vázquez, Xisela Franco y Berio Molina, reúne una constelación de piezas donde cabe casi todo lo que pasa hoy por las cabezas y las pantallas de una generación que creció rodeada de tecnología

La idea, coordinada en lo que respecta a la gestión de la sala por el colectivo estudiantil Luscofusco, va mucho más allá de mostrar el talento técnico del alumnado. Quiere ser, en palabras del propio profesorado, un ejercicio de pausa, de inmersión y, sobre todo, de convivencia. En un tiempo donde las imágenes se devoran a golpe de pulgar en pantallas de cinco pulgadas mientras se espera el autobús, Morea planta cara a la velocidad. Obliga a tumbarse al lado de extraños, a compartir el espacio de forma física y a reivindicar una mirada más lenta, más corporal, donde el propio acto de mirar se convierte en una instalación en sí misma.

La muestra permanecerá abierta en la Sala O Abrigo hasta el próximo 4 de junio. Hasta entonces, quien quiera saber por dónde camina el futuro del arte audiovisual más joven solo tiene que entrar, buscar un colchón libre, tumbarse y dejar que el techo haga el resto.

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