Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El equilibrio invisible frente al linfedema

La psicóloga Sandra Soage y el fisioterapeuta Eloy Agulla abordaron en Pontevedra, en una charla organizada por Adicam, la importancia de atender tanto el cuerpo como la la mente tras el cáncer de mama

Charla sobre linfedema organizada por Adicam e impartida por profesionales de la clínica Nébora de Pontevedra.

Charla sobre linfedema organizada por Adicam e impartida por profesionales de la clínica Nébora de Pontevedra. / Gustavo Santos

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Pontevedra

El linfedema no solo se mide en hinchazón, dolor o limitación física de las extremidades, también se manifiesta en la forma en que una persona se mira al espejo, en la ropa que elige, en las preguntas que recibe y en la necesidad de adaptarse a una nueva imagen corporal. Esa doble dimensión, física y emocional, centró la charla ofrecida en Pontevedra por la psicóloga Sandra Soage y el fisioterapeuta Eloy Agulla, de la clínica pontevedresa Nébora, en una actividad organizada por Adicam, asociación vinculada al acompañamiento de mujeres con cáncer de mama.

La sesión, planteada bajo la idea de «el equilibrio invisible», buscó alejarse de un formato exclusivamente teórico para ofrecer herramientas prácticas que puedan incorporarse al día a día. Según explicó Soage, muchas pacientes ya conocen las recomendaciones generales: cuidarse físicamente, mantener rutinas saludables y atender el bienestar emocional. Sin embargo, llevar esas pautas a la práctica cotidiana resulta más complejo.

«Ellas ya saben que tienen que cuidarse tanto físicamente como emocionalmente, pero muchas veces llevarlo a cabo en el día a día es muy difícil», resumió la psicóloga. Por eso, la charla se estructuró desde una perspectiva teórico-práctica, con una primera parte centrada en el impacto emocional y una segunda orientada al cuidado corporal.

El fisioterapeuta Eloy Agulla fue el encargado de abordar la parte física del linfedema, con ejercicios y pautas sencillas para realizar en casa. El objetivo no es presentar soluciones milagrosas ni prometer una vuelta atrás, sino facilitar rutinas que ayuden a reducir la hinchazón, mejorar la movilidad, aliviar molestias y favorecer el bienestar. Se trata, explicó Soage, «de que las afectadas puedan contar con una pequeña tabla de ejercicios que forme parte de su autocuidado diario».

Tras el cáncer de mama

El linfedema puede aparecer tras determinados tratamientos oncológicos y convertirse en una secuela persistente. En ese contexto, el trabajo físico ayuda a mantener un mayor equilibrio y a evitar que el malestar avance, pero la dimensión emocional tiene un peso igualmente relevante. «Una vez que aparece el linfedema, te ves diferente», señaló Soage. Ese cambio corporal puede afectar a la autoestima, a la identidad y a la forma de relacionarse con los demás.

La psicóloga puso el foco en lo que denominó una «mochila invisible»: frustración, culpa, tristeza, inseguridad o la sensación de que el cuerpo ya no responde como antes. El hecho de mirarse al espejo y reconocer un cambio permanente puede generar un proceso de adaptación que no siempre es sencillo. A veces, añadió, «el linfedema no es evidente para los demás, pero está presente en la vida cotidiana de quien lo padece».

Entre las consecuencias emocionales, Soage destacó el impacto sobre la imagen personal. Algunas mujeres pueden modificar su forma de vestir, evitar determinadas prendas o sentir incomodidad ante la posibilidad de que otras personas les pregunten qué les ocurre. No se trata necesariamente de vergüenza, precisó, sino de asumir que una parte del cuerpo ha cambiado.

La aceptación fue uno de los conceptos centrales de la charla. Para Soage, poder hablar del linfedema con naturalidad y en un entorno seguro es un primer paso para afrontar esa nueva realidad. «Lo más importante es la aceptación: este es mi momento ahora, esto forma parte de mi vida a partir de ahora», explicó. A partir de ahí, puede comenzar un trabajo emocional más profundo sobre la culpa, la frustración o la pregunta de «por qué a mí».

El trabajo grupal desempeña, en ese proceso, un papel fundamental. La psicóloga subrayó que compartir experiencias con otras mujeres permite romper la sensación de aislamiento. Verse reflejada en otra persona ayuda a comprender que el linfedema no es un problema individual ni una consecuencia de haber hecho algo mal. «El verte identificada con otra persona elimina esa parte de solo me pasa a mí», apuntó.

En la charla también se abordó la importancia del entorno y de los recursos comunitarios. Soage destacó el papel de asociaciones como Adicam, que no solo ofrecen acompañamiento psicológico, sino también actividades grupales, talleres de memoria, yoga, pilates y otros espacios de apoyo. «Ese tejido asociativo, afirmó, genera bienestar emocional y favorece que las pacientes puedan construir redes de confianza».

La colaboración con Adicam es la primera que Soage y Agulla realizan desde el espacio interdisciplinar que pusieron en marcha en enero, aunque ya conocían previamente el trabajo de la asociación. La experiencia, según apuntó la psicóloga, puede abrir la puerta a futuras actividades conjuntas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents