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Entrevista | Manuel Monge Sociólogo y ensayista

«El golpe del 23-F estaba diseñado para forzar la caída de Adolfo Suárez»

«La Transición no fue ejemplar; se utilizó la Ley de Amnistía como una ley de amnesia»

El historiador y ensayista Manuel Monge.

El historiador y ensayista Manuel Monge. / CARLOS PARDELLAS

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Flanqueado por el historiador Xosé Álvarez, el sociólogo y profesor Manuel Monge González presentará este jueves en la librería Metáfora su nuevo ensayo, Usted debería saber: La historia secuestrada de la monarquía. 90 años con Franco, editada por Laiovento. Monge, que conoció las celdas de la dictadura en el 68 y en el 73, sostiene entre las manos un libro incómodo, un dardo contra la desmemoria colectiva, en el que desenmaraña los hilos invisibles que, según sus investigaciones, aún amarran el presente a los despachos del franquismo.

—Define su obra como un «panfleto pedagógico». ¿Tan grave es el apagón de memoria en las aulas?

—Es alarmante. Lo de panfleto pedagógico se refiere, lógicamente, a mi carácter profesional como profesor. Me interesa mucho la pedagogía en el sentido de explicar a la gente qué pasó aquí. En octubre de 2025, el CIS reveló que los jóvenes de entre 18 y 25 años apenas distinguen democracia de dictadura. Hemos perdido cincuenta años en educación pedagógica. Hasta la Ley de Memoria de 2022, explicar la represión en clase era casi peligroso para un profesor; hoy es obligatorio. Frente a discursos como el de Feijóo, que despachó el golpe del 36 como «una pelea entre abuelos», la realidad es que en Galicia el franquismo asesinó a 6.000 personas, incluidos 50 alcaldes. No fue una disputa familiar; Naciones Unidas ya definió el régimen en 1946 como lo que fue: puro fascismo.

—Sitúa el pecado original de la monarquía en la dedicatoria de Franco. ¿Sigue vigente ese cordón umbilical?

—Yo pienso que realmente Juan Carlos hizo un gran favor publicando sus memorias. Digo un gran favor porque muchos llevábamos bastantes años diciendo: «Mire usted, que esta monarquía que tenemos no fue elegida por nadie, que esto fue una imposición del franquismo, una herencia». Y resulta que ahora llega Juan Carlos, publica sus memorias y dice: «¿Para qué vamos a mentir? Si a mí me eligió Franco como su sucesor». No hay más discusión.

—El libro va más allá y detalla la trastienda del 23-F ¿Está convencido de que Juan Carlos I estaba detrás del intento de golpe?

—No es que yo esté convencido, es que doy documentación en el libro donde voy relatando paso a paso todas las reuniones preparatorias, y cómo acudían a ellas Armada con emisarios o directamente Milans del Bosch; lo doy todo cronológicamente con detalle. Documento las ocho reuniones que el comandante Cortina, jefe de los servicios secretos y compañero de promoción del rey en Zaragoza, mantuvo en la Zarzuela aquel febrero del 81. El golpe estaba diseñado para forzar la caída de Adolfo Suárez, a quien los capitanes generales llegaron a amenazar con una pistola sobre la mesa. La puesta en escena falló por los tiros de Tejero. Durante el juicio, al verse acorralado, Cortina fue explícito por teléfono: «Que no me jodan, que saco hasta lo de Carrero Blanco».

Hoy se demoniza a Puigdemont, pero conviene recordar que Aznar gobernó gracias al partido del líder catalán, entonces liderado por Jordi Pujol. Lo mismo ocurre con Cataluña: la primera en proponer una financiación singular fue Alicia Sánchez-Camacho para el PP catalán, y Aznar regó la comunidad con miles de millones a cambio de la presidencia

—En el libro acusa a la derecha de utilizar a ETA o el independentismo por pura conveniencia electoral. ¿Qué datos rescata para sostenerlo?

—Aporto portadas y diarios que van a misa. Hoy se demoniza a Puigdemont, pero conviene recordar que Aznar gobernó gracias al partido del líder catalán, entonces liderado por Jordi Pujol. Lo mismo ocurre con Cataluña: la primera en proponer una financiación singular fue Alicia Sánchez-Camacho para el PP catalán, y Aznar regó la comunidad con miles de millones a cambio de la presidencia. Respecto a ETA, recojo las palabras de García-Margallo en El País Vasco, donde los propios dirigentes populares admitían que, desde que no mataba ETA, se habían quedado sin discurso. Hay que recordar que, dos meses después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, Mayor Oreja ofreció diálogo sin condiciones y Aznar autorizó la negociación, como recogía El Mundo, llamando a ETA «movimiento vasco de liberación nacional» y acercando presos al País Vasco. Lo de ahora es una farsa por falta de información.

—El subtítulo habla de «90 años con Franco». ¿Por qué sostiene que la Transición no fue tan modélica como nos contaron?

—La democracia fue una conquista que valoro profundamente por lo que sufrí en prisión, pero la Transición no fue ejemplar. Historiadores como Julián Casanova o el fiscal Jiménez Villarejo han demostrado la pervivencia de las estructuras de la dictadura. Los mismos jueces del Tribunal de Orden Público que nos encarcelaban por manifestarnos terminaron en el Tribunal Supremo. Policías torturadores como «Billy el Niño» mantuvieron cuatro medallas que les inflaban la pensión un 40%, condecoraciones que obtuvo por ser un represor. La Ley de Amnistía se utilizó como una ley de amnesia, como decía Fraga. Su artículo 2 sigue blindando a los criminales franquistas, obligando a las víctimas españolas a recurrir a la Querella Argentina en Buenos Aires para buscar la justicia que su propio país les niega. Es una vergüenza.

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