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Entrevista | María Pilar Rodríguez Especialista en Paleografía documental

«Los Colón de Pontevedra eran mercaderes, mareantes, toneleros...»

La documentación histórica «deja claro» que en la localidad «había un linaje con ese apellido»

M. Pilar Rodríguez (derecha) con su compañera Mercedes Vázquez. Ambas intervendrán el viernes en el foro sobre Colón que se celebra en el Pazo da Cultura.

M. Pilar Rodríguez (derecha) con su compañera Mercedes Vázquez. Ambas intervendrán el viernes en el foro sobre Colón que se celebra en el Pazo da Cultura. / Carlos Montero/ Asociación Colón Galego

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Frente a las teorías encendidas y los debates románticos sobre la cuna de Cristóbal Colón, la ciencia de la paleografía y la diplomática documental opera con la precisión de un bisturí. María Pilar Rodríguez, especialista en desentrañar la verdad oculta tras las grafías medievales y modernas, acudirá este viernes al Foro «520 años de la muerte de Colón» junto a su compañera Mercedes Vázquez para arrojar luz sobre los controvertidos legajos gallegos, que ambas han estudiado al detalle. No hay espacio aquí para la fe ni para la invención; solo para el rigor del trazo y la composición química de la tinta.

—Cuando un documento sobre Colón llega a sus manos, ¿cuál es el primer rasgo, ese detalle casi invisible para el profano, que le hace intuir si está ante una pieza auténtica o ante una falsificación?

—En primer lugar, la experiencia. Llevamos tanto mi compañera Mercedes como yo muchos años trabajando con documentación medieval y moderna. Después se hace un análisis científico; lo que es un análisis paleográfico y diplomático del documento para saber si estamos ante un falso o un original. El análisis paleográfico es el examen de la letra para comprobarla y compararla con otras de su misma época. Los análisis diplomáticos estudian las características del documento: cómo está hecho, sus partes, si estas concuerdan y si se comparan con los personajes históricos que allí aparecen. Es un proceso laborioso, pero es así.

—¿Es posible determinar con las tecnologías actuales si los nombres fueron manipulados o si el desgaste es fruto del tiempo?

—Sí, sí, totalmente. De hecho, sobre los seis primeros documentos en los que se acusaba a Celso García de la Riega de haberlos manipulado, lo único que se hizo —y no lo hizo él precisamente, sino el ayudante del fotógrafo— fue avivarlos. Pero eso se hacía en otros muchos documentos. Nosotros nos hemos encontrado piezas medievales en las que, para leer un poco mejor, el que estaba estudiando en el siglo XIX avivaba un poco la letra. Se hizo un análisis de las tintas y se determinó que se habían únicamente avivado; es decir, que debajo de lo que se remarcó, las letras eran las que eran. Ponía María de Colón, Diego de Colón y Domingo de Colón.

—¿Qué nos dice esa grafía sobre el estatus social y el oficio de los Colón que vivían en las Rías Baixas?

—Es que hay varios Colón. Los Colón de Pontevedra eran mercaderes, mareantes, toneleros… Había por ejemplo algunos que eran mercaderes. Bartolomé, creo recordar, era tonelero; hacía toneles. Hay un Alfonso Colón que era mareante, que tenía un barco e iba a Portugal a comprar sal; se dedicaba a la compraventa de sal. Y Juan de Colón también era mareante. Mareante no significa ser marinero, es lo que llamaríamos hoy un armador. Tenía un barco destinado, posiblemente, a la pesca de la sardina, para el cerco. Eran gentes de ese perfil.

En principio hay que ser lo más objetiva posible, pero en este caso las grafías, las letras, son tan claras que no hay forma de no interpretar el apellido Colón

—En la investigación histórica existe el riesgo de buscar en el documento la confirmación de lo que uno ya quiere tener. ¿Cómo se blinda una contra ese sesgo de confirmación?

—Es que los documentos, por ejemplo todos los de Juan de Colón, aportan datos puros. De hecho, yo en algunos no lo iba buscando a él; vas transcribiendo porque estás trabajando en otra cosa y te aparece Juan de Colón. En principio hay que ser lo más objetiva posible, pero en este caso las grafías, las letras, son tan claras que no hay forma de no interpretar el apellido Colón. No hay manera. Juan de Colón, en concreto, aparece en la documentación como testigo en un poder que da la Cofradía de Mareantes. Si estás investigando esa cofradía te aparecen muchísimos nombres y de repente te encuentras con él. O su mujer, que se llamaba Constanza de Colón, que aparece en un pleito del siglo XVII donde no te esperas que surja y resulta que cita a su marido, Juan de Colón. Muchas veces hay que ser muy objetivo para no leer lo que quieres leer, pero en este caso es imposible no hacerlo porque pone, textualmente, Colón. Ya no es solo la objetividad, es que aparecen en documentos donde no estás buscando eso.

—Tras este exhaustivo examen paleográfico, ¿consideran que la documentación gallega sobre los Colón es un pilar sólido o quedan todavía zonas de sombra?

—Con respecto a la documentación de Galicia de los Colón, lo que sí está claro es que en Pontevedra había un linaje, una parentela que se apellidaba Colón. Eso es lo que queda nítido. Hay documentación suficiente para demostrar que efectivamente existía una familia desde mediados del siglo XIV hasta que se muere Juan Colón, que es el último que aparece en los papeles. Juan Colón falleció antes de 1528, y hasta ahí sabemos que había una familia con ese apellido. Eso es lo que se puede decir hoy por hoy de forma fija.

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