Parada simbólica
«Este Camino es el recuerdo de mi hija»: una foto antes de seguir caminando por la vida
El cartel situado frente a la estación de autobuses de Pontevedra se convierte en una parada simbólica para quienes entran en la ciudad por el Camino de Santiago

Gustavo Santos
El cartel de letras situado frente a la estación de autobuses de Pontevedra ya no es solo un reclamo urbano. Para muchos peregrinos que entran en la ciudad por el Camino de Santiago, se ha convertido en una prueba de paso, en una foto que dice «ya estoy aquí» antes de seguir hacia Compostela.
Con el buen tiempo previsto para la recta final del mes de mayo y la cercanía del verano, la zona vive estos días un goteo constante de mochilas, bastones, móviles en alto y sonrisas cansadas. Algunos llegan solos. Otros, en pareja. Los albergues de la calle Gorgullón, por donde discurre la ruta, ya cuelgan el cartel de lleno.
Entre los caminantes está Benet Estrada, de Barcelona, que avanza con una historia que pesa más que la mochila. Repite experiencia después de hacer el año pasado el Camino Primitivo, una ruta que define como «una bestialidad» y que, dice, lo dejó enganchado. Esta vez camina con un motivo íntimo: «Lo mejor que he hecho en mi vida es el Primitivo y este, va por el recuerdo de mi hija, que me está viendo».

Peregrinos de Hong Kong en el cartel de letras de Pontevedra en la estación de autobuses. / Gustavo Santos / FDV
Benet habla sin impostura, a pie de calle, junto al letrero de Pontevedra. Cuenta que el Camino le sirve para pensar y ordenar lo vivido. «Vas pensando en cuando eras pequeño, en todas tus historias», explica. La pérdida de su hija aparece en la conversación con naturalidad y dolor contenido. «La vida es dura, pero todo continúa», resume. También habla de suotra hija, de un nieto recién llegado y de esa felicidad que, dice, también tira de uno hacia adelante.
Salió de Porto el lunes, siguió por la costa hasta Caminha, cruzó hacia A Guarda y espera llegar a Santiago de Compostela el sábado. Del recorrido destaca el paisaje, la comida y el trato recibido. «Galicia es preciosa. Se come bien y la gente es encantadora», afirma. Su vínculo con esta tierra viene de lejos. Recuerda viajes con amigos de Lugo y aquella idea que acabó madurando con el tiempo de hacer el Camino.
A pocos metros, Daniel Gómez, de Marbella, también se fotografía ante las letras. Es su primera vez. Salió de Tui y calcula llegar a Santiago en tres días. La idea nació hace un año, durante unas vacaciones por Galicia. «Me recorrí un casi toda la costa de Galicia y lo que más me gustó fue la naturaleza», cuenta.
Daniel camina solo, aunque no por una decisión muy meditada. «No coincidí con mis compañeros de trabajo y fue algo de última hora», explica. Aun así, valora esa soledad buscada a medias: «Está bien para desconectar. Te olvidas un poco del trabajo, piensas en ti y tiras camino».
Mientras pasan una pareja de Hong Kong y un hombre de Turín, Pontevedra confirma que el Camino habla muchos acentos. Y que, a veces, una simple foto ante unas letras puede guardar mucho más que un simple recuerdo turístico.
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