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Voluntariado

Los amigurumis del Espazo +60 vuelven a tejer solidaridad en Pontevedra

Un grupo de 18 voluntarias elabora muñecos de ganchillo para venderlos en un mercadillo solidario cuya recaudación se destina íntegramente al Comedor de San Francisco

Mercadillo solidario de Afundación para el comedor de San Francisco.

Gustavo Santos

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Pontevedra

Los amigurumis elaborados por las voluntarias del Espazo +60 volvieron a convertirse este miércoles en una forma de ayuda directa al Comedor de San Francisco de Pontevedra. El mercadillo solidario abrió a las 11.00 horas y, poco después, buena parte de las piezas ya estaban vendidas, en una cita que repite éxito tras tres años de actividad.

La iniciativa reúne a un grupo de mujeres que trabajan durante el curso en la elaboración de pequeñas figuras tejidas con una técnica japonesa de ganchillo. La recaudación obtenida con la venta de estas piezas se entrega íntegramente al comedor social pontevedrés, una entidad muy vinculada a la ciudad.

Bernadette Lindín, coordinadora del Espazo +60, explica que las voluntarias «se reúnen una vez a la semana para después venderlo en este mercadillo solidario y la recaudación dársela íntegramente al Comedor de San Francisco». La propuesta, añade, «funciona muy bien» y cuenta ya con compradores habituales. «Hay muchos que repiten de años anteriores», señala.

El éxito no se limita a la venta directa. Muchas personas encargan piezas después de verlas, atraídas por la variedad de los amigurumis y por el destino de la recaudación. Lindín destaca que entre los compradores hay socios del espacio, pero también vecinos que se acercan tras conocer la iniciativa. «Vienen a aportar su granito de arena, porque les gustan los amigurumis y porque conocen el fin social», apunta.

Para las participantes, el taller supone también un espacio de encuentro. La coordinadora subraya que el reconocimiento al trabajo realizado tiene un efecto positivo en el grupo: «Que se les reconozca y que sirva para algo es muy motivador para ellas». La actividad permite socializar, compartir tiempo y ver cómo las piezas van ganando variedad. «Cada vez buscan más patrones y cosas diferentes», afirma.

La monitora Alzira García explica que la técnica consiste en seguir patrones para crear figuras de ganchillo. «Seguimos un patrón y se va trabajando poquito a poquito», detalla. El grupo está formado por 18 voluntarias y el material lo aporta la fundación. El taller funciona de octubre a junio, aunque muchas participantes continúan trabajando en casa. Además del mercadillo de finales de mayo o principios de junio, el grupo organiza otro en diciembre.

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