Entrevista | Guillermo García de la Riega Presidente de la Asociación Cultural Celso García de la Riega
«Las erratas y los giros de Colón en sus escritos son puramente gallegos o portugueses, no genoveses»
«Queremos limpiar el nombre de mi bisabuelo y relanzar toda su dimensión como intelectual», señala el presidente de la Asociación Cultural Celso García de la Riega
El Pazo da Cultura acoge a partir de mañana el foro internacional «520 años de la muerte de Colón».

Guillermo García de la Riega / Gustavo Santos
El Pazo da Cultura acoge a partir de mañana el foro internacional «520 años de la muerte de Colón». Organizado por la Asociación Cultural Celso García de la Riega, el encuentro no solo reabre el debate sobre la cuna del almirante, sino que se propone rescatar del olvido y de la infamia la figura del intelectual gallego Celso García de la Riega. Su bisnieto defiende el rigor de una tesis que sobrevivió a un siglo de estigmas.
—¿Qué objetivos generales se propone la asociación con la organización de este foro internacional?
—Este es un congreso que era primordial celebrar en Pontevedra dada la fuerza de las teorías que hay sobre el origen de Cristóbal Colón. Para nuestra asociación, que nació en enero del año pasado, ha sido un verdadero bautismo de fuego; nos hemos visto metidos en esta vorágine de preparar un congreso internacional casi desde el principio. Estamos convencidos de que las ponencias ilustrarán muy bien la vida del navegante. Además, los investigadores portugueses acuden con sus propias teorías; es positivo escucharlos y ver qué aportan para sostener que Colón pudo ser luso.
—¿Siente que este congreso es, de alguna manera, la validación definitiva de una tesis que durante décadas sobrevivió gracias al empeño de unos pocos investigadores fieles?
—Más que la validación de la tesis, lo que pretendemos desde la asociación es relanzar la figura de Celso García de la Riega en todos sus aspectos. No solo en lo tocante al Colón gallego, sino en toda su dimensión como intelectual. Su obra fue profundamente machacada apenas dos o tres meses después de fallecer, cuando se publicó aquel artículo que acusaba de falsos a sus documentos. Queremos reivindicar su legado completo.
—¿Qué aporta exactamente la perspectiva portuguesa a este encuentro?
—Los historiadores portugueses manejan dos teorías diferentes sobre el origen de Colón. Al margen de eso, su presencia aporta luz sobre una etapa fundamental: el almirante vivió en Portugal como mínimo nueve años, desde 1476 hasta que se fue a Castilla en 1485. Es un intervalo que aún exige mucha verificación porque falta documentación de esa época; se dice que el terremoto de Lisboa de 1755 destruyó gran parte de los archivos, pero su análisis siempre puede abrir nuevas vías.
—Antes se refería a las acusaciones de falsario que vertieron sobre su bisabuelo. Con las tecnologías de análisis actuales, ¿está la paleografía moderna en condiciones de limpiar definitivamente el nombre de Celso García de la Riega?
—Totalmente. Ya en 2013, el estudio del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) utilizó tecnologías que antes no existían, como los infrarrojos, los rayos ultravioletas o la colaboración de la policía científica. Pero lo cierto es que todo esto ya lo había demostrado Emilia Rodríguez Solano en 1968, en su memoria de fin de carrera. Ella usó una tecnología más avanzada que la de 1914 y determinó que los documentos no eran falsos, sino que habían sido recalcados. Lo infame de esta historia es que cargaron toda la culpa, la humillación y el deshonor sobre Celso García de la Riega, cuando él ni recalcó los textos ni mandó que se hiciese.
—Si no fue él, ¿quién remarcó esos documentos históricos?
—Está documentado en una carta manuscrita del fotógrafo Joaquín Pintos, cuyo original se cita en el libro de Philippot y en la Enciclopedia Gallega, escrito por Emilia Rodríguez Solano. Pintos le entregó esa carta al padre de Emilia Rodríguez Solano cuando este quiso comprarle los clichés de las fotografías. En ella confiesa que le encargó a un amigo suyo, Nicanor García, recalcar las grafías porque estaban poco nítidas y quería avivarlas para la imprenta. El propio Pintos sitúa ese recalco a finales de 1913. Además, mi bisabuelo, en el prólogo de su libro Colón español. Su origen y patria, admite que él mismo perfiló un único documento en 1906 o 1907 para una publicación argentina, el de Bartolomé Colón, pero nada más. A partir de 1909, enfermo, apenas salía de casa, había perdido muchísima visión y no tenía pulso para realizar los trazos que le achacaban. Fue una injusticia tremenda.
Existe una enorme confusión entre la tesis del Colón gallego original y la teoría que lo identifica con Pedro Madruga. El planteamiento que defiende a Madruga toma en más de un noventa por ciento la base de la tesis gallega de Celso García de la Riega y sus seguidores, pero añade toda la genealogía de los Sotomayor. Esa mezcla hace que muchos académicos se muestren escépticos y suponga un freno para que la teoría entre en las aulas
—El idioma de las cartas de Colón sigue asombrando por sus giros lingüísticos. ¿Cómo explican los filólogos que un supuesto tejedor genovés utilizase un léxico tan íntimamente ligado a los puertos de las Rías Baixas?
—Es que la teoría genovesa carece de lógica en ese sentido. Sostienen que Colón salió de Génova a los 23 años trabajando para comerciantes marítimos como los Di Negri o los Centurione. En aquella época no existía el italiano como tal, el idioma culto era el toscano y en Génova se hablaba el ligur, que era una lengua fundamentalmente oral. Lo natural al aprender un idioma nuevo es cometer erratas que revelen tu lengua materna, pero en los escritos de Colón las erratas y los giros son puramente gallegos o portugueses. Usa términos como «despois» o escribe «soaerte» en lugar de suerte, anulando la 'u' y colocando una 'o'. Incluso confunde la isla de Tule, que era Islandia, llamándola «Tíle». Gran parte de la culpa de que esto se pasara por alto la tuvo Menéndez Pidal con su informe, al decretar desde el principio que esos rasgos eran portugueses y negar la vía gallega.
—¿Cuál sigue siendo el muro más difícil de derribar para que la tesis del Colón gallego entre sin complejos en los libros de texto?
—Hay varios factores. Por un lado, el peso de esa leyenda negra que nació con la acusación de falsificación a mi bisabuelo; a pesar de las pruebas científicas del IPCE, ese estigma aún sobrevive en algunos foros. Por otro lado, existe una enorme confusión entre la tesis del Colón gallego original y la teoría que lo identifica con Pedro Madruga. El planteamiento que defiende a Madruga toma en más de un noventa por ciento la base de la tesis gallega de Celso García de la Riega y sus seguidores, pero añade toda la genealogía de los Sotomayor. Esa mezcla hace que muchos académicos se muestren escépticos y suponga un freno para que la teoría entre en las aulas.
—Actualmente hay otras asociaciones trabajando en Pontevedra en el ámbito de la divulgación de la tesis gallega. ¿Están invitadas a participar en este foro?
—Por supuesto. Yo mismo me puse en contacto con los representantes de ambas asociaciones en septiembre u octubre del año pasado a través de WhatsApp. Desde la Asociación Colón Galego, simplemente no hubo respuesta. La otra agrupación nos contestó a finales de febrero, cuando el programa del congreso ya estaba cerrado y amarrado, por lo que no pudo tener cabida. Es una pena, porque el Pazo de la Cultura habría sido el foro idóneo para que los defensores de la tesis de Pedro Madruga expusieran sus argumentos y contrastaran sus opiniones. Decidieron no estar o llegaron tarde.
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