Entrenamiento premium
De los vídeos de Instagram al timbre de ayuda: así se distingue el nuevo gimnasio de Poio
Enforma Gym cumple un mes con una propuesta basada en el trato cercano, instalaciones de alto nivel y una sala de spinning única en España

Gustavo Santos
En el nuevo Enforma Gym de Poio, si alguien se pierde entre una máquina con demasiadas palancas, ajustes y posiciones, no tiene que recorrer la sala buscando a un monitor ni levantar la mano con cara de duda. Puede pulsar un timbre. La llamada salta directamente al reloj del personal, que recibe el aviso con la zona exacta en la que se necesita ayuda.
Ese pequeño detalle resume buena parte de la idea con la que Rubén Lores ha aterrizado en la rotonda del puente de A Barca, en un local amplio y recién reformado que esta semana cumple su primer mes de actividad. Según su responsable, la acogida está siendo buena desde el arranque. En una zona con varios centros deportivos cerca, su apuesta pasa por alejarse del modelo de gimnasio masificado y ofrecer una experiencia más cuidada, con atención constante, maquinaria profesional e instalaciones premium.
Lores, que ya cuenta con otro gimnasio en Ribadumia, insiste en que este proyecto de Poio juega en otra liga dentro de su propia trayectoria. Habla de un concepto «premium» o «exclusivo», no tanto por una etiqueta de moda como por la forma de entrenar que quiere provocar dentro, con menos colas, más acompañamiento y máquinas distintas a las que se encuentran en cualquier sala convencional. «Yo no metí máquinas como cualquier gimnasio, estas son especiales», señala.

Los monitores tienen un papel clave en este tipo de centro. / Gustavo Santos
Esa elección tiene una consecuencia inmediata, ya que no todo el mundo sabe usarlas a la primera. Algunas cuentan con múltiples regulaciones para adaptar el ejercicio al cuerpo de cada persona, algo que puede resultar intimidante para usuarios nuevos o para quienes vienen de gimnasios más básicos. Por eso, el papel de los monitores en sala es una de las obsesiones del propietario.
«El primer día, que se acerquen al monitor y pregunten», recomienda. Y añade que su idea es que los profesionales estén en la sala, no escondidos en un ordenador ni dedicados a tareas comerciales. «Somos monitores deportivos. Tenemos que estar con la gente, haciendo deporte o ayudando», defiende.
Un aviso directo al reloj del monitor
El sistema de timbres repartidos por el gimnasio nace precisamente de esa premisa, de evitar que pedir ayuda dé vergüenza o resulte incómodo. El cliente pulsa, el aviso llega al reloj y el monitor va a la zona indicada. La atención presencial se combina ahora con otro escaparate más moderno: las redes sociales.
El equipo ha empezado a grabar vídeos para su cuenta de Instagram en los que explica cómo realizar determinados ejercicios o cómo sacar partido a máquinas concretas. Ya han publicado contenidos centrados en pecho y glúteo, y la intención es seguir ampliando esa línea práctica.
No parte de cero en ese terreno. Durante la reforma del local, el empresario fue mostrando el proceso en formato vídeo, con publicaciones que, según afirma, llegaron a alcanzar decenas de miles de visualizaciones. Ahora el objetivo cambia: ya no se trata de enseñar cómo se levanta el gimnasio, sino cómo se entrena dentro de él.

El gimnasio cumple un mes desde su inauguración en Poio. / Gustavo Santos
El centro recibe a usuarios de perfiles diversos. Hay quien acude solo a la sala de pesas, quien busca clases dirigidas y quien combina ambas cosas. La parrilla incluye actividades como GAP, aeróbic, body jump y kangoo, una modalidad con botas especiales que, según Lores, apenas se ve por la zona. Pero la joya de la corona, insiste, está en la sala de spinning.
Una sala de spinning con alma de discoteca
Ahí el gimnasio ha querido ir más allá de las bicicletas alineadas frente a un instructor. Lores asegura que se trata de una instalación difícil de encontrar incluso a nivel nacional. «Esto no lo hay en toda España», afirma. La sala fue preparada por los encargados de montar la discoteca Pelícano, en A Coruña, y cuenta con juego de luces, música y cañones de CO₂. Todo ello, subraya, con una insonorización cuidada para que la experiencia dentro no se convierta en una molestia fuera ni para el resto de usuarios del gimnasio. La idea es que la clase tenga energía de espectáculo, pero sin perder el control técnico ni el confort de una instalación deportiva.
El precio también marca posición. La cuota se sitúa en 45 euros, por encima de las cadenas low cost, pero Lores lo presenta como una diferencia asumible para quien prioriza comodidad y servicio. «Pagas un poco más, obvio, pero tienes exclusividad», resume. Su comparación es directa con gimnasios baratos: «Ahí hay que esperar turno para entrenar; aquí quiere el usuario llega, encuentra máquina y puede trabajar sin sentirse un número más».
La palabra que más repite es comodidad. Entrenar a gusto, preguntar sin apuro, tener cerca a alguien que corrija o explique, y moverse por una sala donde la maquinaria no esté siempre ocupada. En un mercado cada vez más competitivo, Enforma Gym Poio busca hacerse hueco no solo con instalaciones llamativas, sino con que quien entra por primera vez no se sienta perdido. «Quiero que salgan con una sensación de exclusividad», dice Lores. Que piensen, añade, que no están en un gimnasio cualquiera.
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