Santa Clara reabre su memoria
Las visitas guiadas al antiguo convento agotan sus cien plazas en dos minutos y devuelven al público una de las joyas históricas de Pontevedra

Gustavo Santos
Santa Clara volvió a abrirse a la ciudad, aunque sea por unas horas y para unos pocos. El antiguo convento, uno de esos lugares que durante siglos formaron parte del corazón de Pontevedra sin dejarse ver del todo, recibe desde ayer nuevos visitantes, repartidos en cinco recorridos guiados organizados por la Diputación dentro de la programación del Museo de Pontevedra por el Día Internacional de los Museos.
La expectación fue inmediata. Las inscripciones se abrieron el jueves 14 de mayo a las nueve de la mañana a través de la web del Museo y, apenas dos minutos después, las cien plazas disponibles estaban ya agotadas. Veinte personas por visita, cinco domingos consecutivos y una demanda que confirma el interés que sigue despertando un espacio cargado de historia, misterio y memoria urbana.
Las visitas comenzaron ayer y se repetirán el 24 y 31 de mayo y el 7 y 14 de junio, siempre a las 12.00 horas. El recorrido, de aproximadamente una hora, está a cargo del equipo de Educación del Museo de Pontevedra y permite una aproximación a la historia del conjunto a través de algunos de sus espacios más significativos: la iglesia, el coro bajo, la sacristía y parte de la huerta.
Esta apertura todavía no es completa, ya que quedan fuera las dependencias conventuales, el jardín del claustro y la zona de la huerta afectada por las catas arqueológicas. Pero incluso ese acceso parcial permite asomarse a un lugar excepcional, un recinto de más de 12.000 metros cuadrados en pleno centro de la ciudad, formado por edificaciones y espacios exteriores que durante mucho tiempo permanecieron apartados de la vida cotidiana de Pontevedra.
Fundado a finales del siglo XIII, Santa Clara fue hogar de monjas clarisas hasta 2017. Su historia reciente cambió de rumbo en 2021, cuando el Concello de Pontevedra adquirió el convento. En enero de 2023 lo cedió a la Diputación y desde entonces el conjunto pasó a integrarse como séptima sede del Museo de Pontevedra.
El interés ciudadano por entrar en Santa Clara no es nuevo. Ya en 2022, poco después de su adquisición por parte del Concello, las primeras visitas guiadas al interior del recinto agotaron centenares de plazas en menos de media hora. En 2024, una nueva ronda organizada en junio por la Diputación volvió a completar sus reservas con rapidez. La escena se repite ahora, pero con una diferencia: cada reapertura parcial permite a Pontevedra mirar con un poco más de familiaridad a un lugar que durante generaciones estuvo asociado a la clausura.
El convento conserva además una larga biografía arquitectónica. La ficha histórica del espacio sitúa sus primeras referencias en el siglo XIII y recuerda que la iglesia, de origen gótico, fue construyéndose y transformándose con el paso de los siglos. En su interior destacan los retablos barrocos, el coro bajo, el coro alto y otros elementos vinculados a la vida conventual; en el exterior, la huerta y los jardines ayudan a entender que Santa Clara no fue solo un edificio, sino una pequeña ciudad cerrada dentro de la ciudad abierta.
Ese contraste explica buena parte de su magnetismo. Durante siglos, tras sus muros convivieron la oración, el trabajo cotidiano, la economía doméstica, los árboles frutales, la huerta y los silencios de clausura.
La reapertura puntual de sus puertas no solo permite recorrer una parte del antiguo convento, también invita a imaginar lo que Santa Clara fue y lo que puede llegar a ser: un espacio de clausura convertido ahora en patrimonio compartido, una pieza histórica que la ciudad empieza a redescubrir después de siglos de silencio.
Durante estas cinco mañanas de domingo, el público puede cruzar de nuevo el umbral de un lugar que conserva todavía algo de secreto, y quizá ahí resida buena parte de su atractivo, en esa mezcla de historia, recogimiento y curiosidad que hace que Santa Clara siga siendo, para Pontevedra, mucho más que un edificio antiguo.
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