Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Sin existencias

«No quedan en ningún lado»: los cromos del Mundial abarrotan los quioscos de Pontevedra

Padres, chavales y aficionados buscan en la ciudad la colección del Mundial, que llega con más selecciones, más cromos y precios más altos que nunca

Coleccionistas de todas las edaes se animan a empezar el álbum.

Coleccionistas de todas las edaes se animan a empezar el álbum. / Gustavo Santos

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Pontevedra

El Mundial 2026 todavía no ha empezado en el campo, pero en Pontevedra ya se juega en los mostradores de los quioscos. Se juega en la pregunta de siempre, en el gesto de mirar si queda algo detrás del cristal, en el sonido del plástico al romperse y en esa pequeña esperanza que cabe dentro de un sobre cerrado. La nueva colección oficial de Panini —la más grande de su historia— llega con 48 selecciones, más cromos, más formatos y también con el precio más alto hasta ahora: 1,50 euros el sobre y cinco euros el álbum.

Hay demanda, hay reposiciones y también hay clientes que, «por desgracia», se marchan con las manos vacías asaeguran los quiosqueros de la ciudad. En el quiosco Peregrina, Gustavo Almeida, marido de la propietaria, resume el movimiento de estas primeras semanas como «una locura». La sensación es que la colección ha vuelto a despertar una escena de otro tiempo: entrar en el quiosco, preguntar, pagar unos sobres y abrirlos con la misma mezcla de ilusión y nervios de siempre.

Su dueña, María Donsión, confirma que el tirón del álbum de pegatinas supera al de otros formatos. Hace unos meses ya había salido el álbum de cartas, con latas y productos especiales, y «se vendió bien», pero nada comparable al de siempre. «El álbum de pegatinas es el más mítico», explica. Y ahí, sostiene, no solo están los niños, ya que asegura que «lo están coleccionando una barbaridad de mayores». Adultos, chavales de instituto, padres y coleccionistas han convertido la colección en un pequeño fenómeno de mostrador.

La imagen se repite en otros puntos de la ciudad. En el quiosco Fray Gal, José Antonio García confirma que llegaron a quedarse sin existencias «tanto en cromos como en álbumes». Y más de uno, cuenta, se fue «con mala cara» por no haber llegado a tiempo. Porque en esta fiebre no basta con querer comprar, también hay que encontrar. Y estos días, en algunos mostradores de Pontevedra, los sobres del Mundial duran menos de lo esperado.

Pontevedra. Venta masiva de álbumes de Panini del Mundial de Fútbol

Uno de los quiosqueros que confirma la venta masiva de los cromos del Mundial. / Gustavo Santos

La colección llega además con el empuje de un Mundial ampliado. Estados Unidos, México y Canadá acogerán por primera vez una cita con 48 selecciones, una dimensión que también se nota en el álbum, con 980 cromos en sus 112 páginas. Es el álbum más grande hasta la fecha, una promesa de entretenimiento para los coleccionistas y, al mismo tiempo, un reto para el bolsillo de quien quiera completarlo solo a base de sobres.

La factura

El precio no pasa desapercibido. José Antonio García admite que «la gente se lo toma un poco mal», aunque matiza que «terminan comprando igual». La queja existe, pero rara vez rompe del todo el hechizo. Pedro Iglesias, del quiosco Makania, lo ve como parte de una subida general y advierte de que entre sus clientes habituales hay coleccionistas capaces de llevarse varias cajas de una tirada. Ya no se trata solo del niño que pide un sobre al salir del colegio. También hay adultos que compran con método, con memoria y, en algunos casos, con presupuesto de coleccionista.

En el Peregrina, Donsión ve también otra estrategia repetida estos días. Cuenta que hay clientes que compran varios álbumes porque incluyen sobres y, en algunos casos, les compensa más que comprar únicamente paquetes sueltos. «La gente se compra tres o cuatro álbumes y se nos acaban», cuenta. Para ella, el fenómeno demuestra que detrás de los cromos hay «todo un universo de superstición». Asegura que hay quienes escogen el quinto o el sexto sobre de la caja, quienes buscan álbumes sin datos, quienes compran por nostalgia y quienes intentan completar cuanto antes.

El público ya no es únicamente infantil. Iglesias sitúa la mayor parte de compradores «de 10 para arriba», sobre todo chavales y jóvenes de hasta veinte años, aunque también entran padres, adultos y algún cliente mayor. En el Peregrina, Johan Guerrero salió con suerte después de haber llamado antes a varios puntos de la ciudad: «No hay en ningún lado». Colecciona desde el Mundial de Corea y Japón 2002 y ahora quiere empezar a compartir la costumbre con su hija. El álbum, en su caso, ya no es solo una colección si no una forma de pasar el relevo.

Otro cliente de 20 años, que compró en el mismo quiosco, recordaba su primer álbum ligado a Brasil 2014 y a una memoria muy concreta de infancia. Los paseos con sus abuelos, el quiosco de debajo de casa y aquel sobre comprado casi como premio. «Me transporta un poco a esa época», contaba tras quitar el plástico de su ansiada compra. En esa frase se esconde buena parte del fenómeno. El cromo no solo se pega, también se recuerda.

Una tradición que une generaciones

Lo mismo percibe María Donsión desde el otro lado del mostrador. Para ella, la gracia del álbum no está solo en acabarlo, sino en el camino: «Es disfrutar y sociabilizar». Habla de niños que reconocen jugadores casi de memoria, de clientes que intercambian repetidos y de padres que, a veces, parecen incluso más enganchados que sus hijos. Donsión añade otro matiz: los abuelos. «Hay muchísimos abuelos», cuenta entre risas, antes de recordar a una clienta que le pidió que no le dijera a su marido cuánto gastaba en los cromos para su nieto.

Ahí está parte de la clave. Los cromos del Mundial siguen funcionando porque no son solo fútbol. Son azar, repetidos, listas de faltas dobladas en un bolsillo, sobres abiertos nada más salir del quiosco y generaciones que se cruzan en el mismo mostrador. En plena era digital, Gustavo Almeida lo define como «una de las pocas tradiciones que quedan que unen varias generaciones». Porque para muchos, comprar un sobre no es solo el producto, se trata de regalar ilusión y tradición.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents