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El convento pontevedrés de Santa Clara se transforma en taller de danza con Fran Martínez

El bailarín y coreógrafo vigués inaugura el programa Residencias Paraíso en el cenobio con una propuesta que dialoga con el misticismo

El bailarín y coreógrafo Fran Martínez, esta mañana en la iglesia del convento de Santa Clara.

Rafa Vázquez

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Pontevedra

La quietud que durante siete siglos habitó entre las piedras del convento de Santa Clara es desalojada desde este lunes por un eco distinto: el del cuerpo en movimiento. Fran Martínez, coreógrafo y bailarín, ya trabaja en el coro bajo de este espacio monumental, un lugar que hasta ahora solo imaginaba desde fuera y que hoy lo recibe con una «magnificencia» que, reconoce, le ha dejado impactado. «Al verlo desde fuera imaginas lo que puede llegar a ser, pero la verdad es que te deja asombrado, trabajar aquí es un lujo», explica.

Martínez es el primer artista en abrir el fuego de las Residencias Paraíso en este enclave, un programa que desde hace una década busca espacios singulares en Galicia para que la creación no sea un producto, sino un proceso vivo. En su caso, la propuesta lleva por título Transfixión, un ejercicio de funambulismo entre lo místico y lo incorpóreo, donde el cuerpo busca sus propias tensiones.

Se trata de un ajuste de cuentas con la propia memoria de su obra. «Es reencontrarme con un trabajo que estrené hace años; ahora toca volver a tocar los materiales y ver qué queda de ellos en este entorno», explica el bailarín, cuya trayectoria está marcada por esa búsqueda constante de lo que él llama «la espesura del movimiento».

El programa de residencias impulsado por el Colectivo RPM y que este año celebra su décimo aniversario sumando por primera vez al convento pontevedrés como sede, busca precisamente lo que está sucediendo en Santa Clara: que el patrimonio no sea un museo muerto, sino un taller vivo. Fran Martínez llega con una propuesta que él mismo define como un «ejercicio de misticismo de baja intensidad». Es un diálogo entre lo coreográfico y la oración, un ir y venir entre la introspección de la penumbra y la visibilidad de lo sagrado.

El artista admite que el espacio, por su magnitud y carga simbólica, condiciona cada movimiento. Su proceso no parte de cero; revisita una pieza estrenada en 2022 en el Teatro Ensalle de Vigo para ver cómo resuena ahora en el cenobio. No busca la perfección del estreno, sino la verdad del proceso.

«Es reencontrarme con un trabajo que estrené hace años; ahora toca volver a tocar los materiales y ver qué queda de ellos en este entorno», explica el bailarín, cuya trayectoria está marcada por esa búsqueda constante de lo que él llama «la espesura del movimiento»

Esta estancia es solo la primera piedra de lo que será la Bienal de Artes Vivas de Pontevedra. El comisario de la cita, Iñaki Martínez Antelo, observa este inicio como el despertar de un gigante dormido: «Abrir un espacio tan representativo para la ciudad después de años cerrado es un acontecimiento», constata. La ambiciosa programación de la Bienal reunirá a 22 artistas y convertirá el convento —en concreto la iglesia, el coro bajo y una parte de los jardines— en una escuela de experimentación de la que el público podrá disfrutar del 2 al 12 de julio, en espectáculos abiertos y gratuitos.

El artista, flanqueado por los responsables del programa Residencias Paraíso y el comisario de la Bienal de Artes Vivas.

El artista, flanqueado por los responsables del programa Residencias Paraíso y el comisario de la Bienal de Artes Vivas. / Rafa Vázquez

Martínez Antelo procura que los creadores participantes muestren diferentes formas de acercarse a las artes vivas: «algunos más desde la danza, otros del teatro, la performance, las artes visuales e incluso espectáculos de circo» pensados para distintas edades. Con todo eso, ha buscado «un programa que resulte coherente, interesante y variado».

Por su parte, Caterina Varela y Félix Fernández, directora y coordinador del programa Residencias Paraíso, subrayan la potencia de este ecosistema de creación que ha recibido este año más de 200 solicitudes, récord histórico del programa. Para ellos, que artistas como Fran puedan investigar aquí es una forma de devolverle la vida a las piedras. El antiguo convento «es un escenario difícil de igualar», reconocen, celebrando que la práctica artística de vanguardia encuentre su hogar entre estos muros que dejan de ser un misterio para convertirse en un taller.

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