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Escapada local

Insuíña, el desconocido refugio artístico de Pontevedra

Viajar en el tiempo no es tan difícil cuando se visita A Insuíña, o Illa de Medal, un pequeño islote de la parroquia pontevedresa de Ponte Sampaio. Refugio del pintor Antonio Medal y lugar de encuentro de artistas e intelectuales como Castelao o Valle-Inclán, este espacio público conserva hórreo, palomar, cenador y vistas privilegiadas al río Verdugo

Vista del acceso a la isla con el puente y la portada de piedra rematada con pináculos.

Vista del acceso a la isla con el puente y la portada de piedra rematada con pináculos. / A.L.

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Pontevedra

En la desembocadura del río Verdugo, en la parroquia pontevedresa de Ponte Sampaio, se encuentra A Insuíña, también conocida como Illa de Medal. Es un pequeño islote de cerca de 4.000 metros cuadrados, unido a tierra por un puente, que forma parte de uno de los paisajes más singulares del municipio. Sin embargo, son muchos los pontevedreses que a día de hoy desconocen este lugar anclado en el pasado.

La isla perteneció durante el siglo XX al pintor y ceramista Antonio Medal, artista nacido en 1902 y fallecido en 1985. Aunque no es una figura ampliamente conocida por el gran público, desarrolló una trayectoria creativa relevante. Fue retratista, llegó a pintar a Alfonso XII y también ejerció como director artístico de la fábrica de loza Pontesa. La antigua construcción fabril todavía se conserva a escasos metros de la isla.

Para Medal, A Insuíña fue mucho más que una propiedad. Fue un refugio personal, un espacio de descanso y creación y también un lugar de encuentro con algunas de las grandes figuras de la cultura gallega y española del siglo XX. Por este pequeño territorio rodeado de agua pasaron Castelao, Francisco Asorey, Laxeiro, Valle-Inclán, Ramón Cabanillas, Manuel Quiroga o el arquitecto Antonio Palacios, amigo del pintor y compañero de veranos y conversaciones.

El cenador, en el que destacan los elementos de cerámica y piedra, como el suelo o la mesa.

El cenador, en el que destacan los elementos de cerámica y piedra, como el suelo o la mesa. / A.L.

El perímetro amurallado, los árboles, el hórreo, el palomar y el cenador-mirador fueron testigos de aquellas tertulias. La isla conserva todavía una atmósfera íntima, casi detenida en el tiempo, en la que el visitante puede imaginar aquellos encuentros entre artistas, escritores y músicos.

Desde 2007, A Insuíña es un espacio público. Ese año fue adquirida por el Ministerio de Medio Ambiente, que impulsó el acondicionamiento de un paseo junto al río con final en la isla. El recorrido arranca junto a la carretera por la que discurre el Camiño Portugués de Santiago y permite acercarse al islote a través de un entorno tranquilo, marcado por la presencia del río Verdugo y por la cercanía de la ensenada.

El acceso es uno de sus elementos más característicos. Se realiza mediante un pequeño puente de piedra de un solo ojo, unido a una pasarela levadiza de madera que conduce a una portada de piedra rematada con pináculos. Sobre la puerta puede leerse la inscripción «Pequeniña, pero miña», una frase que resume con sencillez el vínculo afectivo que rodea a este lugar.

El palomar, que en ocasiones se utiliza como espacio expositivo.

El palomar, que en ocasiones se utiliza como espacio expositivo. / A.L.

Patrimonio aún en pie

Sobre la isla se conservan un hórreo, un singular palomar, una balaustrada con almenas y un cenador con una mesa diseñada por el propio Antonio Medal, en la que llama la atención la perfección del mantel con sus pliegues. Desde este cenador se obtienen vistas privilegiadas del puente histórico de Ponte Sampaio, de la ensenada de San Simón, del monte de A Peneda y del entorno fluvial del Verdugo.

Además de su valor histórico y artístico, la isla se integra en una zona de humedales frecuentada por distintas especies de aves, de ahí que sea un lugar escogido por los aficionados a la ornitología. Un pequeño refugio abierto a la naturaleza ideal para escapadas de domingo.

El río Verdugo, con el puente de Ponte Sampaio al fondo, un lugar ideal para ver aves.

El río Verdugo, con el puente de Ponte Sampaio al fondo, un lugar ideal para ver aves. / A.L.

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